Dicen los expertos de la cábala 'fast food' que los años impares siempre son mejores que los pares. Informativamente hablando, 2008 ha sido un año suculento, aunque casi nunca, por desgracia, esto esté relacionado con noticias positivas. El accidente de Barajas, la firma de la 'Operación Chamartín', la muerte de Álvaro Ussía o la candidatura olímpica han sido los grandes hitos del año. Todos ellos y muchos más han sido recogidos en el anuario de Madridiario, sin embargo, si me lo permiten, haré un análisis (un poco más extenso de lo habitual) de lo que ha acontecido en la Comunidad de Madrid estos 365 días.
Empezaba el año del Bicentenario del Dos de Mayo con un Alberto Ruiz-Gallardón defenestrado en su partido y en retirada gracias a una 'astuta' o 'malvada' (según quién lo valore) Esperanza Aguirre, que jugaba un órdago a Mariano Rajoy en la lucha por la sucesión como número dos en el PP nacional. Mientras tanto, el dirigente gallego izaba como estandarte de su apuesta política pre-electoral a un Manuel Pizarro que no era tan gigante como lo vendían aunque sí tenía los pies de barro. Poco después, Zapatero ganaba las elecciones con cierto margen. Su ceja en alto, el apoyo de los actores y los 'orgasmos democráticos' de Pedro Zerolo le daban la victoria. En el PP, otras cejas famosas, las del alcalde de Madrid, eran el nuevo emblema de Mariano Rajoy (con el consiguiente varapalo para 'Espe'), que, pese a perder, se reafirmaba en el cargo con nuevo equipo. Aguirre también hacía nueva alineación y limpiaba de consejeros 'sospechosos' su gobierno.
Tomás Gómez abandonaba la alcaldía de Parla y revalidaba su mayoría en el PSM después de un año escondido entre bambalinas tratando de poner orden en su propio partido. Pedro Castro, alcalde de Getafe y presidente de la Federación de Municipios Española bautizaba como 'tontos de los cojones' a los votantes de la derecha y provocaba un polvorín 'a medias' de los populares en la FEMP. Izquierda Unida caía en el marco nacional y su líder, Gaspar Llamazares, se diluía. Sin embargo, en Madrid, Inés Sabanés y Ángel Pérez continuaban la labor de oposición que, muchas veces,los ciudadanos no encontraban en el PSOE.
Madrid se convertía en candidata olímpica a pesar de estar colapsada por la huelga de EMT, por la alargada sombra del 'caso Guateque' y su 'tapón' en la tramitación de licencias urbanísticas, por los derribos y las condiciones infrahumanas de la Cañada Real, las pérdidas millonarias con los 'chirimbolos' y el cierre de chiste del 'caso Funeraria'. La calle de Serrano, la plaza de Isabel II y la Puerta del Sol comenzaban su peatonalización mientras alcalde y presidenta continuaban su duelo a segunda sangre argumentando la tramitación del eje Prado-Recoletos. Como armas, Aguirre usaba túneles, contaminación, bienes de interés cultural... Y el alcalde respondía dándole en la Justicia y sacando demasiada tajada de la venta de sedes judiciales que pretendía la jefa del Ejecutivo regional. Mientras, el Campus de la Justicia continuaba pendiente de un hilo y los arquitectos de fama mundial que lo avalaban comenzaban a impacientarse.
El doctor Montes era exonerado de la acusación de sedaciones ilegales y convertido en héroe por los socialistas. La Comunidad admitía un colapso en las urgencias hospitalarias y se preparaba para el aluvión de críticas sindicales por la privatización de servicios hospitalarios. Juan José Güemes respondía denunciando en la prensa que los representantes de los trabajadores liberados eran poco menos que garrapatas de la economía madrileña.
154 personas perdían la vida en un accidente en el aeropuerto de Barajas de un avión de Spanair. Los políticos, para variar, se tiraban los trastos a la cabeza para saber quién había llegado primero a atender la emergencia. Fomento filtraba información del accidente cuando todavía no se habían secado las lágrimas de los familiares. Una comisión postergaba la solución al enigma del siniestro para dentro de dos años y alguna lumbrera fechaba el 11 de septiembre el funeral por las víctimas.
La inseguridad continuaba. Jesús Neira acababa en coma después de recibir una paliza de un tal Antonio Puerta, de profesión, maltratador. Muchas otras mujeres, niños y hombres (por ese orden) morían a manos de sus allegados mientras la justicia no daba con la clave jurídica para colgarlos de donde más les duele (perdonen mi arranque de justicia popular). Álvaro Ussía, un chaval de 18 años, moría después de que unos gorilas de discoteca le aplastasen el corazón en una riña de bar. Coslada daba a conocer a su 'sheriff', acusado de mafioso junto a gran parte de su 'bloque' de subordinados. Las inundaciones en este municipio y en San Fernando costaban la vida a varias personas sin respuesta activa y real para evitarlo. A muchos kilómetros, Esperanza Aguirre escapaba de un atentado terrorista en India y dejaba en tierra a sus acompañantes (lo siento, soy un 'bellaco' de los que piensan que el capitán es el último que abandona el barco y el único que no deja en la estacada a sus compañeros en los malos momentos) mientras regresaba a Madrid a toda velocidad para dar una rueda de prensa en la que hablaba de charcos de sangre con los patucos del avión puestos.
En verano comenzaba a hablarse de crisis económica de manera diaria. Los políticos se tiraban los platos a la cabeza acusándose de los despilfarros con forma de coche oficial (recordemos el Gallarmóvil y el Montoyamóvil), áticos suculentos como el de Pepiño Blanco, y presentaciones como la de los Teatros del Canal. Por contra, la gente en la calle estaba a verlas venir. El paro subía de forma directamente proporcional a lo que bajaba la popularidad de Zapatero en cuanto a política económica se refiere. Las empresas se apretaban el cinturón ante lo que estaba por venir y los trabajadores redistribuían sus 'sueldos basura' para que Ana Botella a golpe de ordenanza no les quitase ni un euro más de los que le ha robado la coyuntura económica. 'In extremis' el presidente del Gobierno, por no ensuciarse las manos en la reforma del sistema de financiación local, se sacaba de la manga un fondo extraordinario de 8.000 millones de euros para poner un poco de vaselina a la situación archipobre y protomiseria, como diría Quevedo, que de repente o no tan de repente, tenían los ayuntamientos.
Hablando de sacar dinero, Madrid aprobó la Ordenanza de Publicidad Exterior que mató por al hombre-anuncio por su 'agresión a la dignidad' del trabajador (Ruiz-Gallardón dixit). El alcalde, a modo de Mesías redentor, con el corazón reblandecido por las fechas navideñas, resucitaba por aclamación popular a los cabezas de turco. La capital también gravaba las cacas de perro y los graffitis, subía los impuestos y ponía más grúas en la calle. Aguirre intentaba vender el 49 por ciento del Canal de Isabel II mientras acababa con el impuesto de Patrimonio. En ambos casos, cuadraban presupuestos austeros aunque Madrid colaba un gol aprobando una deuda extraordinaria de 1.200 millones de euros. Para finalizar el año, Pinto cambiaba de alcalde gracias al apoyo de un concejal imputado por prevaricación. Además, Magdalena Álvarez, Ministra de Fomento, y Ruiz-Gallardón, suscribían el convenio de la 'Operación Chamartín', bloqueado desde hace 15 años. Con él revolucionaban el norte de la capital aunque no daban soluciones para el gigantesco problema de movilidad que va a tener la zona, ni anunciaban cuándo los vecinos reversionistas afectados iban a cobrar su parte del pastel.
Con todo, 2008 ha sido un cúmulo de sensaciones y quizás, gracias a la perspectiva que da la crisis, el comienzo del fin de esta forma de gestionar la sociedad que no contribuye al bien de todos. A lo mejor, la llegada del nuevo año hace que cumplan sus promesas de redención y de mejora, pero creo que será mejor no confiarse. En todo caso, esperemos que sirva de ejemplo este año para que el siguiente no se cometan los mismos errores que han marcado todo este ciclo. Mientras tanto, pasen unas felices fiestas.