Opinión

La madre de todas las operaciones

Sara Medialdea | Miércoles 17 de diciembre de 2008
Nada menos que 15 años lleva dando vueltas por los despachos el expediente de la Operación Chamartín. Un plan tan antiguo –casi- como la democracia municipal, que pretendía una ampliación del paseo de la Castellana y una expansión hacia el norte de la ciudad, aprovechando el potencial económico de una zona aún por desarrollar. Desde que se esbozaron los primeros diseños de la futura operación, ha llovido mucho. Tanto, que algunos de los trazos de ese dibujo ya se han borrado.  Porque la historia de Chamartín es casi tan vieja como el génesis… o así nos lo parece a los informadores locales.

En el principio fue la estación de tren, y la necesidad de ampliarla por la llegada de las líneas de alta velocidad. Se pensó entonces en la oportunidad de cubrir las vías y aprovechar el espacio que quedara sobre ellas. Un espacio enorme en una zona de alto valor urbanístico. Pero ¿qué podía hacerse allí? Era obvio: oficinas y viviendas. Y ahí comenzó la madre de todas las operaciones. Porque del número de viviendas que se construyeran –y de su carácter protegido o libre- dependía la rentabilidad de  la operación.

Rentabilidad que, a su vez, era necesaria para hacer viable un proyecto que embarca a las tres administraciones –central, regional y local- y que lleva aparejados muchos gastos: hay que construir, urbanizar, y crear nuevos accesos y carreteras. Además, había que obtener suficiente dinero para que la operación le resultara también rentable a DUTCH, un socio privado que nunca se ha sabido muy bien porqué fue incluido en el proyecto, pero que obviamente no se dedica a la filantropía, ni tiene carácter de ONG, sino de empresa privada con fines lucrativos.

Las distintas administraciones –socialistas en la Comunidad, populares en el Ayuntamiento, socialistas en el Gobierno Central, populares en los tres ámbitos, socialistas en el Ministerio de Fomento y populares pero de “diferente sensibilidad” en los niveles regional y local … todas estas situaciones se han dado a lo largo de los años- han cambiado sus puntos de vista, modificado los criterios y hecho y deshecho acuerdos, mientras la operación seguía congelada en el tiempo. La última reunión conocida entre las partes terminó como el rosario de la aurora, o al menos eso es lo que trascendió.

Hasta ahora, en que el alcalde, Alberto Ruiz-Gallardón, se descuelga con una afirmación tan rotunda como sorprendente. Tanto, que roza lo increible: “El acuerdo sobre la Operación Chamartín es inminente”. Y no sólo eso: compara la situación con la del convenio entre el Ayuntamiento y el Atlético de Madrid, que ha rodado diecisiete meses por los despachos de ambas entidades mientras se recortaban flecos, y cuya firma también fue calificada como “algo inminente” por el regidor durante meses. En este caso, dice Ruiz-Gallardón, “la inminencia es aún más inminente”. Bonito trabalenguas. Sobre todo, teniendo en cuenta que en Fomento no abren la boca para ratificar –ni para desmentir- al alcalde, y la presidenta de la Comunidad sí que fue categórica al afirmar que ella no sabía nada de tal acuerdo. ¿Será este el capítulo final del larguísimo culebrón en que se ha convertido la Operación Chamartín?

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