Alfredo Menéndez | Viernes 28 de noviembre de 2008
Reconozco que al primero al que se lo he escuchado es a mi buen amigo y compañero Patxi Linaza. Pero es que viene al pelo. Catwoman, es un personaje ficticio de DC Comics que aparece y desaparece en la vida de Batman. Pero aquí poco importa sus amistades heroicas: importa que Catwoman, como gata que es, tiene siete vidas. Si hubiera que buscarle un personaje de ficción estos días a Esperanza Aguirre, sin duda, sería el de esta mujer felina que poco a poco va quemando sus vidas como cartuchos, sabiendo de antemano que tiene siete.
Aguirre ya ha gastado dos: un uno de diciembre de 2005 en la Plaza Mayor de Móstoles. Y ahora un 26 de noviembre de 2008, en un hotel de Bombay. A un ritmo de una vida cada tres años, la cuenta no sale muy allá. Pero nos permitimos frivolizar incluso con este asunto porque la propia Aguirre lo hace. Está claro que hay personas que tienen un don: el de la oportunidad o el de la suerte. Y en el caso de Aguirre tiene los dos. El de la oportunidad para estar donde no tiene estar cuando no tiene que estar. Y el de la suerte, para salir incólume de dos sucesos extremos que seguramente a cualquiera de nosotros nos habría hecho replantearnos muchas cosas.
La adrenalina que debe generar este tipo de casos, mantiene en alerta a cualquiera. Por eso, tanto en la comparecencia pública de este jueves, como en aquel otro jueves - primero de diciembre - en el que nada más caerse de un helicóptero se fue al pleno de la Asamblea de Vallecas ha tirado de hormona para mantener un empaque que se veía al borde del colapso y a flor de piel.
Aguirre es humana. Faltaría más. Y seguramente cuando nadie la ha visto, o cuando la han visto sólo los suyos, se ha derrumbado. Tampoco pasaría nada por ver esa cara de nuestros políticos. Pero Aguirre esa faz la deja para la intimidad, algo que para nada es discutible.
Querida Presidenta: has gastado dos. Sólo te quedan cinco. Cuídalas
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