Nino Olmeda | Miércoles 19 de noviembre de 2008
Desde la etapa de la transición, cuando el PCE y otros partidos de derecha y de izquierda ya desaparecidos brotaron del terreno inhóspito que dejó a su muerte el dictador Francisco Franco, nunca se había mostrado un panorama político tan reducido a dos únicas formaciones políticas.
El bipartidismo, ese modelo tan deseado por socialistas y populares, ha recibido un soplo de aliento por parte de IU. El sopló a favor de este reparto del poder basado en que cuando el PSOE cae, el PP toma el mando, salió de la Asamblea de IU celebrada en Rivas-Vaciamadrid, pueblo madrileño gobernado por la izquierda, casi siempre IU, desde que las cooperativas de viviendas Covibar (PCE) y Pablo Iglesias (PSOE) levantaron miles de pisos para dar cobijo a miles de madrileños que tenían tan poco que este pueblo parecía su destino marcado.
Esta reunión federal de la coalición, a la que acudieron cientos de compromisarios venidos de toda España, concluyó con unos resultados que parecen mostrar que tienen más pájaros en la cabeza que ideas claras y más ganas de seguir dentro del stablishment político que de aportar análisis y soluciones a los problemas de los españoles. La izquierda que arrancó del comunismo que lideró Santiago Carrillo y que tuvo su continuidad en la IU de Julio Anguita, Francisco Frutos y Gaspar Llamazares, se encuentra ahora sin política y sin nombres que presentar en público, más allá de que reivindiquen sin mucho éxito las direcciones colegiadas para sujetarse a ese sistema como clavo ardiendo.
Tanto navegar para morir a la orilla, parece el lema que resume perfectamente lo sucedido en Rivas, donde los afiliados se sentían alejados de la política de las dos orillas, que puso de moda el califa Anguita, quien se dejó ver por el pueblo que tiene de alcalde a José Masa, al que lo sucedido en esta Asamblea de la coalición le ha dejado más frío de lo normal. Durante varios meses, casi un parto, IU se ha visto envuelta en un proceso que abrió Llamazares al hacer perder a su formación un buen número de votos en las pasadas elecciones y que se cerró con la nada de Rivas.
Consiguieron que todos hablásemos de su incapacidad para organizarse y defender las reivindicaciones de las ciudadanos que, sintiéndose de izquierda, no están a gusto con un PSOE encantado de ser la alternancia en vez de pelear por convertirse en la alternativa a las políticas del PP. Da la sensación de que trabajan para que, pareciendo que algo se mueve, casi todo siga igual, dejando que el cambio y la evolución se desarrollen de manera dispar.
Sin darse cuenta y sin querer, o queriendo, con sus peleas nada edificantes, basadas exclusivamente en nombres y apellidos y sin aportar nada al debate ni a la pedagogía política, están haciendo un favor al bipartidismo y una putada a aquellas personas de izquierda que creen en la democracia y en el pluralismo político, y que ven que todo al final se queda reducido a una pelea entre dos que tratan de emular la España de Canovas y Sagasta cuando conservadores y liberales acordaron alternarse en el poder a la muerte de Alfonso XII, impidiendo que el socialismo, el anarquismo o el republicanismo obtuvieran el poder y la monarquía pasara a mejor vida.
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