Pedro Montoliú | Martes 11 de noviembre de 2008
Política y economía no siempre juegan en el mismo equipo. Por lo general, sí; los empresarios y banqueros saben que el árbol de los que gobiernan tiene las ramas más frondosas y que eso es bueno especialmente cuando el sol castiga de lo lindo y anuncia una sequía de las históricas. Los políticos también saben que mantener cierto control de los bancos puede ayudar en determinados momentos a sacar adelante proyectos poco atractivos, suplir carencias o encontrar aliados en un mundo tan competitivo como el que les rodea.
El problema surge cuando un banquero quiere ejercer en política o un político quiere controlar totalmente un banco. Los hasta entonces jugadores dejan de formar parte del equipo para recordar que cada uno es cada quien. La posibilidad de que ello ocurra es relativamente más fácil de que se produzca en las cajas de ahorro. El hecho de que en su Asamblea General estén representados la comunidad autónoma correspondiente, los ayuntamientos, los sindicatos o las fundaciones, hacen más próximas estas entidades bancarias y dan opción a que alguno piense que sumando apoyos puede dirigir los destinos de la institución.
La pelea entre quienes piensan que Caja Madrid debe seguir su senda con Miguel Blesa al frente y quienes piensan que, tras doce años, ha llegado la hora de sustituirle está adquiriendo un tinte fraticida. Los representantes que el PP tiene, entre los 320 miembros de su asamblea, han quedado totalmente divididos ante la pretensión de Esperanza Aguirre de desbancar a quien lleva las riendas de la segunda Caja de este país. La dirección nacional no se pronuncia como si lo que estuviera ocurriendo no fuera con ella pero el espectáculo que el pasado lunes dieron los populares fue de profundo enfrentamiento ante la atónita mirada e incluso del regocijo del resto de los asistentes.
Y como en ocasiones anteriores, el grupo de disidentes populares tuvo como cabeza pensante a Alberto Ruiz-Gallardón quien ya ha sufrido fracasos anteriores como, por ejemplo, intentar evitar que la presidenta nombrara al presidente de Ifema. En enfrentamiento en la Asamblea celebrada este lunes dejó patente las hostilidades. El equipo de Aguirre quiere poner a alguien más afin en lugar del que, hace años, la propia Asamblea regional, entonces con Gallardón de Presidente, presentí como amigo de Aznar. Quienes se oponen dicen que para qué cambiar si todo va bien y que no es el momento para abrir una crisis dentro de la crisis.
La pugna en Caja Madrid ha pillado incluso al PSOE con el paso cambiado. Tomás Gómez se mostró, primero, dispuesto a apoyar el cambio propugnado por Aguirre pero una llamada de Moncloa hizo que todos los consejeros del PSOE recibieran la instrucción de abstenerse. Los sindicatos, por el contrario, se han opuesto a Aguirre en un momento de mala sintonía con el gobierno regional.
El problema es que todos saben que esto es una batalla pero que Aguirre tiene en su mano la posibilidad de ganar la guerra si, como pretende, logra qaue se aplique a Caja Madrid la adaptación de la Ley de Cajas. Frente a ello, la única salida sería que , desde el punto de vista jurídico, fuera incontestable que el inicio del proceso electoral puesto en marcha el lunes impide la aplicación del nuevo articulado y ello pueda impedir a la presidenta salirse con la suya. Con tantos intereses, no es descartable que el proceso termine en los tribunales.
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