El Ayuntamiento de Madrid concibió como "prioritaria" la introducción de la bicicleta en la movilidad madrileña. Por ello, en la pasada legislatura acometió el anillo ciclista, una suerte de 'M-30 para bicicletas' de 64,29 kilómetros que conecta los distritos de la periferia de Madrid entre ellos y con diez estaciones de Metro y numerosas paradas de autobús urbano e interurbano. Además, enlaza con 17 zonas verdes de la ciudad y 17 instalaciones deportivas municipales.
En su construcción se utilizaron procedimientos constructivos sostenibles medioambientalmente como el uso de residuos de construcción y demolición, entre ellos, la zahorra artificial procedente de la demolición de hormigones y los residuos de poda para las superficies ajardinadas. En su recorrido se plantaron 6.167 árboles y 175.605 arbustos. Su coste total fue de 33,49 millones de euros.
Posteriormente, se presentó el Plan Director de Movilidad Ciclista 2006-2010. Se trata de la continuación del anillo. Se basará en la construcción de 575 kilómetros de carriles bici hasta 2016 que creen un mallado que interconecte la ciudad mediante carriles bici. El coste aproximado de esta obra, según el informe de costes y programación del proyecto asciende a 128 millones de euros. Entre sus apuestas más ambiciosas incluye introducir pavimentos reservados a ciclistas en el paseo de la Castellana. Según explicó la delegada de Obras y Espacios Públicos, Área municipal que se ocupa del proyecto, en esta legislatura se acometerán 60 kilómetros de este trazado. Contempla más conexiones con Metro y autobuses, ya que se introduce en la Almendra Central.
El transporte más utilizado por los madrileños, el Metro de Madrid, no es en absoluto ajeno a la intermodalidad y la contribución al medio ambiente que supone la bicicleta. Desde marzo de 2008, la Consejería de Transportes permite el transporte de las bicicletas no sólo en fines de semana, como ya se hacía con anterioridad, sino también a diario en las denominadas 'zonas valle'.
Mientras no sea hora punta y la cantidad de pasajeros lo permita, los usuarios pueden entrar con su bici en cualquier estación de metro entre las 10 y las 12.30 horas y desde las 21 horas hasta el cierre del servicio, a las 1.30 horas de la madrugada, en todas las líneas e incluyendo Metro Norte, Metrosur y Metro Ligero. Los aficionados al pedal se benefician de la conexión en 24 estaciones con el anillo ciclista municipal y con las vías verdes de Morata de Tajuña, Colmenar y los municipios del sur de Madrid. Cuando los 575 kilómetros del Plan Director Ciclista del Ayuntamiento estén acabados en 2016, Metro conectará con las grandes arterias del carril bici de la capital.
El departamento que hoy dirige José Ignacio Echeverría permite que las bicicletas que sean plegables sean consideradas como un bulto de mano, por lo que estas, más útiles en Madrid para los desplazamientos por el centro, pueden viajar en metro durante todo el día. La normativa de Metro de Madrid admite una bici por viajero y billete, de manera que ésta vaya en los vagones más próximos a la cabina del conductor, donde existen espacios reservados para maletas o sillas de ruedas. A la hora de ir en grupo, sólo se permiten dos bicicletas por vagón para no dificultar el uso del suburbano al resto de pasajeros.
La Empresa Municipal de Transportes de Madrid también se ha unido a este impulso al uso de la bicicleta en dos líneas de intervención. A demanda de los colectivos ciclistas, han incluido en el manual del usuario del autobús la posibilidad de que se puedan subir bicicletas plegables en los autobuses los fines de semana y entre semana, sobre todo, en las horas valle. Además, se ha iniciado un proyecto piloto pionero en Europa para facilitar el transporte de los ciclistas. La iniciativa funciona los fines de semana en la línea 33, que cubre la ruta entre Príncipe Pío y la Casa de Campo. Consiste en la instalación de un receptáculo que permite transportar dos bicicletas en el trasero del autobús para su transporte.
Según José Luis Molinero, director de responsabilidad social de la EMT, de esta manera, "se abre la posibilidad a la convivencia y coexistencia entre transportes como el autobús, el Metro y la bicicleta. Son medios complementarios a la hora de facilitar la movilidad de los ciudadanos por los distritos y para mejorar la intermodalidad. Y aunque no sustituyen al coche, permiten un movimiento más sostenible rompiendo el último límite que tenía el transporte en Madrid".
El otro gran medio de transporte que funciona en la Comunidad, los trenes de Cercanías, también abren sus puertas a los ciclistas. Los viajeros tienen derecho a introducir su bici en los vagones siempre que no haya problemas de espacio y que no sea hora punta en la línea que se quiera utilizar. Cada trayecto tiene sus limitaciones, por lo que lo más recomendable es
visitar la página web donde se detallan.
Así, con la construcción de carriles bici y más facilidades para su transporte, este artilugio del siglo XIX vuelve a ganar terreno a los vehículos a motor en una ciudad donde su uso no representa ni un uno por ciento de todos los trayectos realizados.