El pasado jueves, la Cámara reunió a empresas y ONG’s para hablar del futuro de la Comercialización Responsable. Una herramienta empresarial que es mucho más que una mera “ética estética”, explicaron fuentes de la Cámara. “Las empresas que no implantan estos estándar se encuentran funcionalmente obsoletas y superadas por su entorno. Es fundamental para su supervivencia en el mercado”, añadieron.
Y es que, lamentablemente, las consecuencias de la búsqueda desaforada de beneficios acaparan titulares día sí y día también, en forma de deforestación, cambio climático, explotación laboral o tragedias humanas. El consumidor muchas veces es cómplice involuntario. “Cuando vemos una etiqueta de ‘Made in Bangladesh’, no somos conscientes de que la mayor parte de la producción de este país procede de la explotación infantil”, explicó Mónica Aparicio, del departamento de Comercio Justo de SETEM Madrid.
Lo mismo ocurre en cuestiones medioambientales. Según Félix Romero, responsable del programa de Bosques de WWF-Adena, aproximadamente un 16 por ciento de la madera que se vende en España procede de talas “ilegales e insostenibles”. “La venta de esa madera se utiliza para financiar conflictos bélicos como los de Liberia o Costa de Marfil. Además, la madera ilegal está aparejada a la evasión fiscal. Se vende a un precio mucho más barato, por que no se pagan tasas, ni existe plan de gestión ni seguridad para los trabajadores”, afirmó Romero.
Los empresarios tienen mucho que hacer y muchas herramientas a su alcance. La responsabilidad no está reñida con el lucro y la creación de riqueza que persigue toda entidad. Para Laura Rodríguez, coordinadora del Programa de Compra Pública Ética de IDEAS, son dos los pasos fundamentales que las empresas deben seguir para embarcarse en este sistema de compraventa ética. En primer lugar, deben apostar por introducir la RSC en su departamento de compras. “Llevar estas acciones desde otros departamentos no tiene impacto”, aseguró. Y en segundo lugar, incorporar el “producto justo” a su oferta.
Grandes corporaciones como Telefónica o Mango ya aplican medidas de responsabilidad en forma de normativas internas o ‘códigos de conducta’ y auditorías para comprobar su cumplimiento. Además, estas empresas exigen el mismo nivel de compromiso a sus proveedores, de manera que la dinámica de la Responsabilidad Social Empresarial (RSE) está cada vez más extendida en el mundo de los negocios.
Garantizar justiciaAunque el sistema de Comercialización Responsable tiene actualmente muchas carencias, entre las que se encuentran, según SETEM, la poca transparencia de los códigos de conducta y la obstaculización por parte de las empresas de las auditorías externas, lo cierto es que las ventas en España de los productos de justicia garantizada no paran de crecer. Entre 2006 y 2007- un año después de su implantación- se incrementaron un 45 por ciento- Y en 2008 han mantenido un crecimiento constante del 15 por ciento anual, como reflejan los datos de la asociación del Sello Fair Trade.
Un producto al que no parece afectarle la crisis. “El consumidor responsable mantiene su apuesta por estos productos a pesar de que corran malos tiempos”, aseguró a Madridiario Silvia Sánchez, directora de la Coordinadora Estatal de Comercio Justo. Las empresas tienen en sus manos lograr algo fundamental. Que algún día, al comprar una camiseta y examinar su etiqueta, al consumidor no le asalte una terrible sospecha.