Opinión

La línea recta

Rafael Martínez-Simancas | Lunes 20 de octubre de 2008
A cada uno sus méritos; Miguel Sebastián no es Galileo, ni Pitágoras, pero ha tenido una iniciativa loable. Por aquello de abaratar costes y ahorrar queroseno, el Ministro de Industria va a autorizar a que se abran los pasillos aéreos militares. Lo que nos podemos preguntar es por qué no se ha hecho antes, por qué hemos vivido durante décadas en el derroche del pasillo que más bien es un espacio aéreo inútil por superfluo. Y, salvo que retorne el Barón Rojo, no debemos temer por su uso compartido.

Sencillamente el Gobierno lo que ha hecho es descubrir la línea recta, la manera más comprensible de saber que de “aquí” hasta “ahí” lo mejor es tirar “to tieso”, (y sin mayores contemplaciones).

Ahora esperamos con ansiedad que ese mismo plan se pueda aplicar a todo tipo de transportes. Inmediatamente se deben licitar las obras oportunas para que las carreteras nacionales no tengan curvas, (a que tengan baches nos resignamos como parte del paisaje). Por ejemplo, sería un gasto innecesario ir desde Madrid a Cádiz pasando por Córdoba y Sevilla. La manera más rápida de ir a Cádiz, desde Madrid, debe ser unir los dos puntos por una línea recta que atraviese las fincas que haga falta de la señora duquesa de Alba.

Otro igual con las vías del tren, y así hasta completar el estiramiento total de la M-30, M-40 y M-50. Igual hasta le hace un favor indirecto a Gallardón con el eje Prados-Recoletos, y a Revilla que se ahorrará cinco euros de taxi hasta La Moncloa. Dejemos lo curvilíneo para otro tipo de discusiones y adentrémonos en la verdad de las rectas de España.

Miguel Sebastián ha aportado una reflexión total, el argumento que hacía falta, y que unifica los criterios de ahorro y racionalidad. La siguiente medida serán las duchas compartidas; eso sí que va a llenar las calles de manifestantes.

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