Diego Mas Mas | Lunes 20 de octubre de 2008
Señor director:
Ayer volví a París, donde estuve muchos años exiliado por el franquismo, y pasé por La Bastilla, aquella cárcel en la que el rey encerraba a los que se oponían a su dictadura. Allí no pude menos que recordar la actual discusión en España sobre si conservar algo de la prisión de Carabanchel. La diferencia es evidente: allí fue el pueblo el que se rebeló que la destruyó en vida del tirano; aquí hubo de morir Franco para que fuera desapareciendo y siendo destruida esa cárcel para edificar pisos, no un monumento a la libertad. Pocos quedan de aquellos luchadores por la democracia libertad; algunos han muerto, y no pocos se han corrompido con el poder. No es lo mismo; desgraciadamente, no.