Opinión

Reciclaje, incivismo e ineficacia

Antonio Castro | Lunes 20 de octubre de 2008
Aunque ya mis compañeros de opinión han publicado sus impresiones sobre el “basurazo”, no me resisto a comentar dos aspectos de la política de reciclaje que empañan el loable esfuerzo de administraciones y ciudadanos. El primero de ellos es consecuencia directa de la colaboración cada vez mayor de los madrileños en la recuperación de materiales reciclables. Así que los contenedores, los “iglus”, se llenan rápidamente. Y entonces queda en evidencia la ineficacia o falta de diligencia de las empresas encargadas de vaciarlos.

 Los “iglus” permanecen llenos, rebosantes, durante días. Los ciudadanos que se acercan a ellos se encuentran con que no pueden depositar sus bolsas y tampoco tienen ganas de volver a casa con la basura. Así que la dejan fuera de los contenedores. Inmediatamente esta basura comienza a extenderse por toda la zona. Resultado: muchos “iglus” se han convertido en auténticos basureros callejeros. Si dudan de mi afirmación pueden pasar por Embajadores, 9; Tirso de Molina con Mesón de Paredes; Doctor Cortezo, 10, Gravina con Chueca... verán montones de desperdicios de todo tipo y comprobarán cómo parte del esfuerzo reciclador de los ciudadanos se malogra por esta ineficacia en la recogida. ¿Sancionará el Ayuntamiento a las empresas poco diligentes en la retirada? ¿Sancionará el Ayuntamiento a los recogedores que, al retirar los “iglus”, se cargan sistemáticamente los árboles cercanos a ellos por la brusquedad de sus maniobras?

El segundo de los aspectos del reciclado callejero que resulta desagradable es consecuencia, en parte, de lo dicho anteriormente, y en mayor medida del incivismo de algunos ciudadanos. Hay quien cree –o si no lo cree le importa un bledo- que las zonas para el reciclado son basureros genéricos. Y así depositan a su alrededor todo tipo de desperdicios, las bolsas que deberían sacarse en los cubos de las comunidades. Al estar desprotegida esta basura, acaba también en las aceras, entre los coches, creando auténticos puntos insalubres y malolientes. A estos “ciudadanos” debe molestarles tener “su” basura en casa durante una horas, hasta que pasen los camiones, y por eso nos obligan a los demás a padecerla.

Creo que el servicio de limpieza callejera es excelente y la recogida diaria bastante buena, aunque los camiones dejen a veces más rastro en las calles que la basura recogida. Pero diez minutos después de limpiarse a fondo una calle o una plaza, ésta aparece llena de mierda. Y en esta ocasión no es el Ayuntamiento el que la echa. Por cierto: jamás he visto a un policía municipal sancionar a un vecino que deja la basura en la calle a las diez de la mañana, a las doce o a las tres de la tarde. Debe ser que no es labor de los agentes locales hacer cumplir algunas ordenanzas...

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