Y si a esto sumamos la última tontería inglesa de no querer jugar en el Bernabéu por unos supuestos insultos racistas ocurridos en el 2004, tenemos a los dos principales estadios de la ciudad, vetados, amenazados, o en el punto de mira de dos polémicas que aunque irreales, no favorecen nada ningún tipo de aspiración internacional.
Madrid quiere ser capital olímpica. Y sin embargo los ingleses le hacen el trabajo sucio a Chicago sembrando de dudas el estado de tolerancia de nuestar ciudad y de nuestra comunidad, en la que viven más de un millón de inmigrantes perfectamente integrados. Y los franceses, que no está claro a quien le hacen el juego porque ellos no compiten por el 16, una vez más nos miran por encima del hombro de los Pirineos intentando darnos lecciones no-se-muy-bien-de-que. Sólo queda Lula da Silva, como este pasado verano, para que saque los pies del tiesto y que diga que esto en Río no habría pasado. Tiempo al tiempo.