Nino Olmeda | Martes 07 de octubre de 2008
La política madrileña, inmersa en una situación de crisis no sólo económica, se encuentra estancada y con poco debate de ideas. Sus principales protagonistas, el Gobierno presidido por Esperanza Aguirre y la oposición liderada por el socialista Tomás Gómez -que encuentran más dificultades de las habituales para exponer sus posiciones- han decidido apostar por lo obvio y cargar sus discursos con balas de fogueo, que hacen ruido pero no penetran en el cuerpo social madrileño.
Dejando a un lado a IU, pendiente de su futuro, más incierto que claro, socialistas y populares pasan de exponer a las claras sus posiciones y prefieren que sus seguidores les sigan no por sus planteamientos sino por el rechazo natural de la izquierda a la derecha y viceversa. Demuestran poca confianza en sus proyectos y apuestan por contar con apoyos entre los suyos a base de despellejar al contrario.
En plena efervescencia de la crisis económica, que cada día aporta nuevas sorpresas negativas como la mala situación de las bolsas y la peor previsión ante un futuro incierto, lo que ofrecen es un dibujo del contrario que parece realizado por niños en la fase primaria del garabato y una figura de los suyos inspirada por los dioses de la fortuna. Esperanza Aguirre avisa a los miembros del Comité Ejecutivo del PP de Madrid de que estamos ante una “ofensiva frontal” de los socialistas contra las polí¬ticas de la Comunidad de Madrid.
Y el secretario general de los socialistas madrileños, Tomás Gómez, manifiesta, después de reunirse con los miembros de su Comisión Ejecutiva Regional, que está “muy preocupado” por la calidad de los servicios públicos, sobre todo por la Sanidad y la Educación públicas. La declaración de la mandataria en la que constata el ataque del PSM a sus posiciones no deja de ser una obviedad, porque una de las razones de la oposición es oponerse, aunque se equivoca al acusarles de estar detrás de las “trifulcas callejeras” contra el consejero de Sanidad, Juan José Güemes.
Ya les gustaría a los socialistas tener influencia en los hospitales y en los madrileños que acuden a los centros hospitalarios que, a pesar de las bondades declarativas de la Comunidad de Madrid, funcionan mejor que dice el PSM y peor de lo que afirma el PP. Asimismo los socialistas, encantados con las protestas sindicales, son conscientes de que UGT y CCOO no les tienen mucho en cuenta.
Mientras lo obvio inunda las afirmaciones populares, los socialistas se encargan de disparar al aire casi siempre con balas de fogueo, porque sus argumentos para oponerse al paulatino incremento de la mano privada en la gestión de lo público se basan en que ellos lo harían mejor porque son más molones. Gómez reconoce que la iniciativa privada ya no es tan mala como antes, aunque echa en falta más controles, y achaca las broncas que le montan a Güemes en sus visitas hospitalarias al “mal de ojo” que padece el consejero de Sanidad, al que recomienda que se lo cure lo antes posible. Entre obviedades, chistes poco elaborados y argumentos de fogueo, da la sensación que nada se mueve mejor que la labia artificial y propagandística de nuestros representantes políticos.
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