Rafael Martínez-Simancas | Lunes 29 de septiembre de 2008
Uno de los regalos “envenenados” que le dejó Gallardón a Esperanza Aguirre son los teatros del Canal, otro proyecto faraónico que el entonces presidente prolongó en el tiempo para no terminar de inaugurarlo nunca. Tal vergüenza le dio que ni siquiera fue a la ceremonia de la apertura, un dislate completo que contó con pitos en la puerta, pelmas en el hall y una ceremonia plasta tirando a plúmbea, (todo con pe de pésimo).
Para semejante desaire se eligió a Nacho Cano puesto que todo era un “mecano” de piezas sin encajar: ¿qué hace un teatro en manos de la Comunidad?, ¿Por qué se elige de director a Boadella que ni siquiera acudió a la pitada inaugural?, ¿A quién se le ocurrió aprobar el dispendio de una noche loca?, ¿Había un clamor popular para que se abrieran sus puertas este otoño?, ¿Podía resistir Madrid sin los nuevos teatros?
A la presidenta de la Comunidad le han colado un gol por toda la escuadra, cuando se despeje la niebla habrá que ver quién ha sido el delantero que ha lanzado el punterazo. No le arriendo las ganancias al “pelotero” enmascarado.
No sería de extrañar que los teatros fueran privatizados antes de acabar la legislatura puesto que no se entiende que el gobierno regional quiera privatizarnos el agua pero hacernos copropietarios de unas butacas que nos han salido más caras que un abono en la Scala de Milán.
Es verdad que a Boadella siempre le interesó el teatro provocación cuando era un “joglars”, pero esta vez se ha pasado, demasiada bronca para tan corto escenario.
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