www.madridiario.es

José Luis López: "2.400 muertes a causa del frío son demasiadas"

lunes 17 de noviembre de 2014, 07:30h
La pobreza energética provoca la muerte prematura de entre 2.400 y 10.000 personas en España cada año. La Asociación de Ciencias Ambientales (ACA) es la entidad que más ha estudiado este problema y ha publicado recientemente un informe. Uno de sus miembros, José Luis López, analiza la situación y las posibles soluciones en esta entrevista. En Madrid, más de un 13 por ciento de los hogares sufre pobreza energética.
  • José Luis López, miembro de la Asociación de Ciencias Ambientales.

    José Luis López, miembro de la Asociación de Ciencias Ambientales.
    Juan Luis Jaen

  • Jose Luis López, miembro de la Asociación de Ciencias Ambientales.

    Jose Luis López, miembro de la Asociación de Ciencias Ambientales.
    Juan Luis Jaen

En primer lugar, ¿a qué nos referimos con el término pobreza energética?

Desde la Asociación de Ciencias Ambientales hemos definido la pobreza energética como la incapacidad para hacer frente a las facturas de la energía que son necesarias para las necesidades básicas o bien cuando se está pudiendo asumir ese coste pero a costa de dedicar una parte desproporcionada de los ingresos que tiene ese hogar, que ciframos en el 10 por ciento. En España el último informe que hemos presentado, con datos de 2012, determina que, por un lado, el 17 por ciento de los hogares está destinando un porcentaje excesivamente alto de sus ingresos a asumir los costes de la energía doméstica para iluminación, calefacción y agua caliente sanitaria, sin contar la movilidad. Y aparte de este dato, que representa a 7 millones de personas, el otro indicador muestra que el 9 por ciento de los hogares españoles, con 4 millones de personas, es incapaz de mantener su vivienda a una temperatura adecuada durante los meses fríos de invierno.

¿Qué evolución ha habido estos años que, además, han coincidido con la crisis?

En el indicador de gastos desproporcionados hemos encontrado un aumento de un 34 por ciento en tan solo dos años. Hemos pasado del 12 por ciento de hogares que destinaban más de un 10 por ciento a este gasto al 17 por ciento. Y en el otro indicador hemos observado un crecimiento del 20 por ciento de hogares incapaces de mantener una temperatura adecuada, pasando del 8 al 9 por ciento.

¿Qué razones hay en España para la pobreza energética?

La pobreza energética acaba ocurriendo porque se combinan tres factores principalmente: los precios, los ingresos del hogar y la eficiencia energética del edificio. Si uno de estos tres factores es muy positivo se evitará la pobreza energética. El problema es que se observa un problema de fondo, que es la gran ineficencia de los edificios en los que vivimos. Por otro lado y con la coyuntura económica que tenemos, la disponibilidad de los hogares ha bajado. Y, por otro lado, se ha dado la circunstancia de que la electricidad y el gas han sufrido unas subidas considerables estos años. En 2012 el hogar disponía de la misma renta que en 2006, pero los gastos en energía se han incrementado en un 40 o 50 por ciento, por no hablar de las tarifas en sí que han sufrido un incremento mayor.

¿La subida del precio de la luz a qué responde? ¿También ha subido en otros países?

También se ha ido incrementado en otros países, pero en España hay un problema de base que es la enorme dependencia energética. Alrededor del 76 por ciento de la energía que utilizamos hay que importarla vía combustibles fósiles principalmente y esto genera fluctuaciones de precios. Por otro lado, el famoso déficit de tarifa, que se ha querido solucionar con incrementos en la factura. El resultado de todas estas políticas y modelo insostenible ha dado incrementos del 50 o 60 por ciento en los últimos 6 u 8 años.

Buena parte del problema procede de la calidad de las viviendas...

Es un problema que está de base, pero también puede ser la solución a largo plazo. Es decir, si consiguiéramos mejorar la eficiencia energética de esas viviendas, reducir su demanda, con mejoras del aislamiento, muros, fachadas, cubiertas, huecos acristalados, al final se reduciría de forma muy considerable el gasto. Hablaríamos de reducciones del 60 o 70 por ciento en la demanda de los edificios para tener una condición de confort. Mejorando este aspecto el hogar reduciría muchísimo su vulnerabilidad ante nuevas subidas de la energía, que se van a seguir dando, y ante una coyuntura económica desfavorable como la actual.

Pero precisamente en este momento las familias no disponen de dinero para rehabilitar sus viviendas y sería difícil poner de acuerdo a bloques enteros. ¿Cómo se podría hacer?

Aunque una comunidad de propietarios estuviese desahogada y alguien quiera proponer una rehabilitación profunda es extremadamente complicado. Pero además, hablando de los hogares más vulnerables que son los que están sufriendo peores consecuencias de la pobreza energética, es complejo porque van a tener que existir unos mecanismos de financiación que asuman que un altísimo porcentaje del coste de la obra se les tenga que cubrir o que buscar una vía para financiarlo. Y, por otro lado, aunque a los hogares les correspondiera un pequeño porcentaje, si no pueden pagar el recibo de la luz tampoco van a poder afrontar una cuota aunque sea de 20 euros al mes. Ahora mismo hay una oportunidad con la llegada de fondos europeos para eficiencia energética que contemplan que parte de ellos se destinen a fines sociales, como la erradicación de la pobreza energética. Para el resto está comprobado que si el estado provee de fondos, hay retorno de la inversión en cotizaciones por el empleo que se genera o ahorro en prestaciones por desempleo. Conscientes de que esto es muy difícil, hay que combinarlo con medidas más a corto plazo y más realizables, que hacen un efecto paliativo, como lo que se está haciendo desde organizaciones asistenciales, que proveen de mantas a los hogares o les facilitan pequeñas reparaciones, como instalación de burletes, o les prestan instalaciones para las duchas. Incluso hay ayudas a los pagos de las facturas atrasadas.

¿A nivel social qué podría ser útil para solucionar este problema?

Principalmente tener clara la solución a largo plazo y establecer un mecanismo que permita asumir el coste de la rehabilitación a hogares que no están en tan alta vulnerabilidad, porque la mejora de la eficiencia va a prevenir casos de pobreza energética en el futuro. Y, por otra parte, medidas a corto plazo que eviten que la gente pase frío, que la gente enferme y que incluso muera de forma prematura. Se han empezado a mover grupos parlamentarios o en Cataluña, por ejemplo, se modificó el decreto de consumo de la Generalitat para evitar el corte del suministro en los meses más fríos, pero hace falta más.

Si alguien quisiera rehabilitar su casa para que sea eficiente, ¿cuánto le costaría esa reforma?

Depende de la intensidad de la rehabilitación. Uno puede hacer una obra muy low cost y sellar las ventanas, poner unos burletes, instalar unos elementos detrás del radiador para que no haya pérdidas o cortinas gruesas y gastarse unos 300 euros. O puedes cambiar las ventanas y gastarte entre 3.000 o 6.000 euros. Existen soluciones intermedias, como el aislamiento de las cámaras de aire por el interior, que reduce superficie, o la opción por el exterior, que es la más óptima pero tiene el problema de que tiene que haber acuerdo de la junta de vecinos. También se puede mejorar la caldera o llegar a utilizar energías renovables.

¿Al final sale a cuenta? ¿Es una inversión?

Sobre todo hay que verlo como una mejorar de la calidad de vida. Qué inversión se recupera cuándo se renueva un baño porque ya no gustan los azulejos o porque está viejo, o cuando se cambia una bañera por un plato de ducha. No hay retorno de la inversión, pero sí en calidad de vida y seguridad. Lo mismo tiene que pensar quien renueve una ventanas: que antes se movían las cortinas en un día de viento y entraba el frío, y después se encuentra mejor en el lugar y ha puesto menos la calefacción. Ahorras y ganas calidad de vida, pero hay que invertir el orden de las prioridades.

Las casas están mal preparadas, ¿pero las que las que se construyen ahora son ya más eficientes?

En el año 2006 se aprueba el Código Técnico de la Edificación, que ya establece unos requisitos básicos superiores a lo que había desde 1979. Se empieza a notar en 2007, pero solo para nuevas licencias. Después sí se tiene que cumplir. El problema ha sido que toda la época del boom inmobiliario se ha quedado fuera del código, con lo cual viviendas de hace diez años tienen los mismos problemas que las de los 90.

¿Qué datos hay de pobreza energética hay en Madrid?

Los datos son inferiores a la media en toda la serie estudiada. En 2012, en lugar de ese 17 por ciento con gastos desproporcionados en energía, en Madrid había un 13. Y en lugar de ese 9 por ciento que se declara incapaz de mantener la vivienda a una temperatura adecuada en invierno, hay un 7 por ciento.

¿A qué se debe que los datos sean mejores?

En Madrid lo que puede notarse es que la renta media del madrileño es más elevada que, por ejemplo, la del extremeño. Eso hace que aunque haya más hogares que estén destinando una parte importante no llegue a ese 10 por ciento.

¿Cuáles son las comunidades que más o menos lo sufren y por qué? ¿Y otros países?

A nivel nacional, se dan dos circunstancias. Vemos que son las comunidades del interior de la península y del norte las que tienen inviernos más largos y más duros, las que tienen tasas más altas, como Castilla-La Mancha y Castilla y León, que además no tienen rentas muy altas. Luego nos encontramos con otro tipo de pobreza energética, que sería más característica de España y países más cálidos, donde el problema básico es que las viviendas están poco preparadas en el aislamiento o en sistemas de calefacción, pero sí para el calor. Entonces, uno se intenta calentar con un dispositivo eléctrico que es el más ineficiente y el que más consume. Este problema se da en Andalucía, Murcia y Castilla-La Mancha de nuevo. Castilla-La Mancha es la región más vulnerable teniendo en cuenta los dos indicadores. Y luego tenemos otras comunidad autónomas que bajo los dos indicadores salen mejor paradas, como Madrid, País Vasco o Asturias. Respecto a otro países, España es el cuarto país con más población incapaz de mantener una temperatura adecuada.

¿La pobreza energética causa muertes?

Habitar una vivienda a una temperatura inadecuada tiene consecuencias graves sobre la salud, agrava enfermedades cardiovasculares y respiratorias, y afecta a la salud mental de niños y adolescentes. Esto supone costes en el conjunto del país por bajas y enfermedades. La versión más extrema produce la muerte prematura de la gente más vulnerable, sobre todo personas ancianas con enfermedades de base que se agravan por vivir en una vivienda con temperaturas bajas. Existen amplios estudios contrastadísimos. Hay estudios que hablan del 10 de la mortalidad adicional en invierno se debe a la pobreza energética y otros del 40. Incluso la Organización Mundial de la Salud se mojaba en dar el 30 por ciento. Eso lo tenemos que analizar en base a la tasa de mortalidad adicional que se produce en invierno en los países. En España, en los meses fríos del año hay 24.000 muertes más que en el resto. Si se tiene en cuenta ese 30 por ciento de la OMS, serían unas 7.000 muertes prematuras al año. Un informe reciente de la ONU hablaba de 10.000 muertes en España. Aunque fuesen 2.400 ya me parecen demasiadas muertes por que una persona esté pasando frío.

¿Se puede hacer un perfil de quién sufre pobreza energética?

Hay características sociales que dan mayor probabilidad de estar en situación de vulnerabilidad. Los hogares con sus miembros en situación de desempleo son los más vulnerables. Sin embargo, hay muchos más hogares con la persona de referencia ocupada que sufren pobreza energética. Las personas mayores, ancianas, familias monoparentales también. Este año también hemos observado cómo las zonas rurales están más afectadas incluso en términos absolutos que las urbanas.

¿Quien sufre pobreza energética sufre pobreza en general también?

Esta es una de las cuestiones que nos hace verlo de diferente forma respecto a organizaciones que trabajan más a nivel asistencia. Este tipo de organizaciones defienden que es una etiqueta más a un problema que es el acceso a la energía. Nosotros lo vemos como un elemento diferenciador, como una cuestión que se tiene que analizar de forma separada al término más amplio de pobreza. Todos tenemos un familiar o un amigo que te dice que no vuelve a poner la calefacción porque le ha llegado una factura de 200 euros. Eso lo conocemos todos y lo tenemos al lado. Esa persona aparentemente no es alguien pobre; pero ha tomado decisiones para reducir sus gastos y puede estar pasando frío y enfermar. Consideramos que está en una situación si no de pobreza energética, sí de vulnerabilidad energética. Lógicamente el que es pobre en el término amplio de la palabra y no puede pagar el agua y apenas tiene para comer, también es pobre energético, pero hay otra parte de la sociedad en una situación de vulnerabilidad energética.

Más información:

Un 8,2 por ciento de los madrileños no puede calentar su casa

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (0)    No(0)


Normas de uso

Esta es la opinión de los internautas, no de Madridiario

No está permitido verter comentarios contrarios a la ley o injuriantes.

La dirección de email solicitada en ningún caso será utilizada con fines comerciales.

Tu dirección de email no será publicada.

Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios que consideremos fuera de tema.