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José Cibrián
José Cibrián

José Cibrián: una estrella argentina con abuelos españoles republicanos

lunes 15 de julio de 2013, 17:37h

José Cibrián Campoy es una de las grandes estrellasde la escena argentina; sin embargo, no todo el mundo sabe que sus raíces están en España. Sus abuelos, Benito Cibrián y Pepita Meliá, fueron dos populares actores españoles que encabezaban el Teatro del Frente Popular y que tuvieron que exiliarse al finalizar la Guerra Civil. Madridiario ha aprovechado una breve visita a España de José Cibrián para hablar de su familia y su trabajo.

El exilio de sus abuelos comenzó cuando partieron de Barcelona en el último tren que salió hacia Perpignan poco antes de que finalizara la guerra.

--Sí, mis abuelos, tras salir de España por Francia marcharon a México y, finalmente, se establecieron en Argentina. Allí se habían conocido y casado, en Buenos Aires, el año 1915 y tenían buenas relaciones profesionales. Ellos siempre fueron antifascistas y republicanos. En los últimos meses de la guerra colaboraban en cuantos festivales se organizaban en favor del Socorro Rojo. Mi abuelo, además, había escrito en 1937 la obra "El paraíso antifascista", por la que sería, posteriormente, condenado a muerte.

¿Nunca se plantearon volver a España?

--Nunca. Y eso que tuvieron vidas larguísimas. Pepita murió con 97 años en 1990 y mi abuelo falleció con 84 años en 1974. Cuando algunas personalidades de su círculo, como Alejandro Casona, decidieron regresar a España, ellos y todos los republicanos se enfadaron mucho, se sintieron traicionados porque creyeron que legitimaba al franquismo.

Su padre, José Cibrián Meliá, fue un gran actor también.

--En la adolescencia española mi abuelo no quiso que su único hijo se dedicara al teatro. Pero, instalados ya en México, mi padre se lanzó a la interpretación y desarrolló una gran carrera en el cine y el teatro hasta que su salud se deterioró inexorablemente. En ese momento Alejandro Romay, el gran empresario argentino, fue extremadamente generoso. Contrató a mi padre como gerente artístico de su canal de televisión, y siempre, aún sin trabajar, le pagó un sueldo, durante diez años.

Su familia ha tenido siempre un componente errante.

--¡Y tanto! Mis abuelos se conocieron en Buenos Aires. Mi madre nació en Bogotá durante una gira de su madre, Ana Tormo. Mis padres se conocieron en México. Hasta allí viajó mi madre, a quien Pepe Cibrián había visto en cine porque a los 20 años era una estrella de cine y se había quedado prendado. El primer encuentro fue nefasto, a pesar de la mediación de Cantinflas. Pero un mes más tarde se casaron en Guatemala y yo nací en La Habana. Todos acabamos viviendo en Buenos Aires.

  

¿Siempre se han dedicado al teatro?

--Por parte de la familia de mi madre, sí. Todos los ancestros fueron cómicos de la legua hasta mi abuela, la actriz Ana Tormo. Ella se casó con Ernesto Campoy, el apuntador favorito de Enrique Borrás. Mi abuelo paterno, Benito, era vasco, sin antecedentes artísticos. Pepita Meliá tampoco. Ella fue tiple del Eslava en la primera década del siglo XX. Estrenó, por ejemplo, La corte de faraón. Luego, tras la boda, volvieron a España y montaron su propia compañía con la que recorrieron todo el país durante veinte años.

Y luego está su madre, La Campoy.

--Fue una mujer extraordinariamente generosa (murió en 2006), ingeniosa y divertida. Mientras vivió mi padre ella se quedó en segundo plano para que brillara José Cibrián. Y eso que en los años cuarenta había trabajado mucho junto a María Fernanda Ladrón de Guevara y había rodado una docena de películas. Pero mi padre, que siempre estaba leyendo a los grandes filósofos y pensadores, fue quien realmente la educó. Ella no había ido a la escuela, siempre de pueblo en pueblo con la compañía de sus padres. Junto a su hermana dormían en un baúl abierto, cada una en un lado con una madera para evitar que se cerrara. Eran muy limpias. Una vez, en una pensión, pidieron una palangana con agua para lavarse. Al día siguiente las echaron por putas... parece que solo esas se lavaban. Pero cuando la salud de mi padre se deterioró ella pasó a primera línea y se convirtió en una estrella de la televisión argentina.

¿Era lo que siempre llamamos una gran dama de la escena?

--Hasta el final. Y con un gran carácter desde la infancia. En una ocasión Lola Membrives, ya grande y temida, quiso conocer a la niña porque le habían hablado muy bien de ella para una obra. Acudió sola, con 14 años. Ya mantenía a su familia porque su madre había muerto y había sido enterrada en una fosa común en Valencia. Y su padre sufría una brutal depresión. En el camerino doña Lola, la recibió rodeada de boato y sentada en una especie de trono. Pidió a mi madre que diera una vuelta y caminara un poco. La estuvo mirando, pensativa y le pidió que repitiera el paseo. Así lo hizo Ana María y, cuando terminó, le dijo la Membrives: "¿Sabes? Me gustas, me gustas mucho, niña", a lo que mi madre, con nueve años y mucho hambre, respondió: "Pues usted a mí, no". Y se fue del camerino. Cuando ya era famosa, Lola no dejaba de recordarle aquel desplante que nadie se hubiera atrevido a hacerle en España o Argentina.

Y llegamos a usted, que comenzó a seguir los pasos de sus padres y abuelos a los 18 años, en Buenos Aires.

--Debuté en el Cómico, el teatro de Lola Membrives. A esa esa edad también comencé a aparecer y escribir musicales ?Mundo pobre, mundo querido? y a levantar un género que no existía en Argentina desde un garaje de un edificio en construcción. Desde entonces no he dejado de escribir, actuar o producir. Aunque de esta última actividad ya me retiré tras diez años de riesgos.

U sted ha escrito decenas de obras, desde su debut con Universexus el año 1971, hasta Juana la Loca en 2013, pasando por Aquí no podemos hacerlo (1978), Calígula (1981) en contra de la dictadura militar; Las invasiones inglesas (1989), Drácula (1991), El jorobado de Notre Dame (1993) y otras treinta más. Ahora, de vuelta a Buenos Aires se sumergen la preparación del musical Priscila, que estrenará en enero. Sin embargo en España es muy poco conocido y sus abuelos solo son recordados en los estudios históricos del teatro.

--Solamente he estrenado en Barcelona, en el año 1994, un musical mío "Drácula", que pronto cumplirá las bodas de plata llenando todavía teatros. Entonces dirigí a un elenco absolutamente español. Fue también la única vez que mis padres regresaron a su país. Mi padre ya estaba enfermo y apenas se enteró. Mi madre no sintió ninguna emoción. Estaba bloqueada por el recuerdo de tanto dolor como había padecido. Y aunque mis musicales se han estrenado en Brasil, Chile, Uruguay y Nueva York, me gustaría que vieran en España mis obras, especialmente "Marica". Es un sueño que podría realizar sin caché. Este último viaje ha sido de turismo, para ver amigos y acudir a la semana cultural de Fuente Vaqueros en homenaje a Lorca. Pero también he tenido algunas conversaciones profesionales.

En Argentina también usted fue conocido por su defensa de la promulgación de la Ley del Matrimonio Igualitario, incluso interviniendo ante el Senado de la Nación.

--Me crie en un ambiente totalmente respetuoso. Una vez, cuando hablé con mi padre de mi sexualidad me replicó:"No te preocupes, se es hombre en la vida, no en la cama". Era maravilloso. Luego, mi profundo arraigo en Argentina y el respeto que me tienen, como a toda mi familia, me dio peso moral para defender, en 2010, en el Senado el derecho a las uniones matrimoniales de personas del mismo sexo y del derecho a adoptar. Así se promulgó luego la Ley de Identidad.

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