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Daniel Freire y Miguel Ángel Solá, en un momento de la obra 'El veneno del teatro'.
Daniel Freire y Miguel Ángel Solá, en un momento de la obra 'El veneno del teatro'.

'El veneno del teatro' recala de nuevo en los Teatros del Canal

jueves 05 de septiembre de 2013, 14:41h

Dos grandes de la escena contemporánea, Miguel Ángel Solá y Daniel Freire, vuelven a subirse sobre las tablas de los Teatros del Canal con 'El veneno del teatro', un thriller en formato teatral bajo la dirección de Mario Gas.

El montaje, que vuelve a Madrid después de una exitosa gira por Argentina y Uruguay, estará en cartel en la Sala Verde desde el 11 de septiembre hasta el 6 de octubre. 'El veneno del teatro' está escrita originariamente por Rodolf Sirera (Premio Nacional de Teatro, 1997) como un "diálogo ilustrado" pero de mano de los personajes pronto abandona el plano de la especulación teórica para comenzar un juego dramático entre ellos. En esta partida, cada envite de los personajes aumenta la tensión que traspasa los límites del escenario. El comediante Gabriel de Beaumont (Daniel Freire) recibe una invitación de un misterioso marqués (Miguel Ángel Solá) que le encomienda que represente una obra escrita por él mismo con la finalidad de observar los límites de la interpretación. Con este punto de partida, tanto el público como los mismos personajes tendrán que saber discernir entre la realidad y la ficción, lo plausible y lo increíble ente la jugada limpia y el farol.

Desde su primera representación en 1978, 'El veneno del teatro' ha sido traducida y estrenada en ocho países. En esta ocasión, la jugada se completa con la versión de José María Rodríguez Méndez, que busca profundizar en las preguntas más básicas del teatro puro. La obra presenta así un espectáculo de teatro en su esencia más limpia donde los personajes compiten sin saber quién tiene la carta más alta.

El texto de Rodolf Sirera demuestra su actualidad al recuperar un debate que sigue vivo entre teóricos de la interpretación. La pieza se hace eco de las dos corrientes contrarias que en los siglos XVIII y XIX dividieron a los teóricos del teatro. Por una parte, había quien defendía la importancia de que el actor se identificara con el personaje, hasta el punto de que mezclara sus sentimientos personales con los de aquél al que interpretaba. Términos como la declamación o la técnica implicaban la falsedad en la actuación, y por tanto, hacían imposible conectar con el espectador. Por otro lado, Diderot y sus seguidores, hablaban de la necesidad de separar el estado emocional del artista, de los personajes. Según explica el ilustrado en La paradoja del comediante, de no ser así, la obra variaría dependiendo del estado anímico del actor. Éste debería ser siempre consciente de que "él no es el personaje, y el personaje no es él".

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