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Invernadero del Real Jardín Botánico
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Invernadero del Real Jardín Botánico (Foto: José Brías)

Los invernaderos del Real Jardín Botánico: la estufa de Graells o estufa de Las Palmas

Por Concepción Carazo / José Brías
lunes 19 de julio de 2021, 20:10h

El recorrido de hoy es sobre todo visual; vamos a ofrecerte datos sobre las especies vegetales que consideramos relevantes, pero fundamentalmente queremos deleitar tus sentidos. Acompañanos….

El Real Jardín Botánico (RJB) ofrece, durante todo el año, la posibilidad de conocer y disfrutar en sus invernaderos de una variada, selecta y amplia colección de plantas exóticas procedentes de zonas climáticas de distintas partes del mundo.

Interior estufa de Las Palmas

Merece recordarse que los precedentes del actual Real Jardín Botánico de Madrid se deben a Fernando VI que encargó por Real Orden de 17 de octubre de 1755 la instalación de un pequeño jardín en el soto de Migas Calientes, situado en el camino de El Pardo junto al río Manzanares. A partir de 1774, Carlos III dio instrucciones para ubicar el RJB en su actual emplazamiento del paseo del Prado.

El monarca encargó el proyecto a personalidades relevantes de la época como el botánico Miguel Barnadez Mainader o Casimiro Gómez Ortega, botánico, médico, farmacéutico que organizaron el jardín en tres terrazas escalonadas con la ayuda del ingeniero Tadeo López. Y de forma destacada el arquitecto Francisco Sabatini, que fue el encargado de trazar los primeros planos del Botánico en las once hectáreas elegidas y Juan de Villanueva que diseñó el RJB las distintas terrazas con jardines en forma de cuarteles cuadrados, siguiendo un trazado ortogonal y rematados en las esquinas con fuentes circulares, levantó un pabellón para invernadero, semillero, herbario, biblioteca y aula de botánica, además de proyectar la Puerta Real, principal acceso desde el Paseo del Prado al recinto.

La inauguración se llevó a cabo en 1781 y los invernaderos fueron una de las prioridades de la nueva construcción para conseguir la aclimatación y el buen desarrollo de ciertas especies tropicales que la Marina Real traía de la España de ultramar, tanto de los viajes a América como de las expediciones al Océano Pacífico. El actual pabellón Villanueva se diseñó con el fin de ejercer la función de invernáculo, siendo el proyecto del pabellón original de Sabatini. Pero Villanueva recogió esta avanzada idea y el concepto de invernáculo y lo adaptó para el diseño final del pabellón docente que disponía a ambos lados de la entrada principal de sendos invernáculos (nombre por el que se conocía entonces a los recintos donde se protegían las diferentes especies exóticas).

A mediados del siglo XIX se nombra director del RJB a Don Mariano de la Paz Graells, médico, zoólogo, naturalista, miembro fundador de la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, de la que fue vicepresidente y presidente de su sección de Ciencias. Se produce la unificación de la dirección del Museo Nacional de Ciencias Naturales y el RJB bajo la Universidad Central. Fue director entre el 7 de enero 1857 y el 23 de abril de 1867 y en su etapa se realizan transformaciones en algunas infraestructuras y se crean otras nuevas. En 1859 se reforma el diseño neoclásico de la tercera terraza superior por uno romántico isabelino, convirtiéndola en el Plano de la Flor, y se construye enfrente del Pabellón Villanueva el estanque y la estatua de Linneo, rodeándola de un estanque con plantas acuáticas. Graells, fue el editor, en 1864, de la primera guía del RJB: “El jardín botánico y zoológico de Madrid: paseo instructivo y recreativo para todos”.

También se elaboran cuatro estatuas dedicadas a sendos botánicos importantes de historia del RJB (José Quer y Martínez, Antonio José Cavanilles y Palop, Mariano Lagasca y Segura y Simón de Rojas Clemente y Rubio) y se colocaron en sus pedestales en 1866. El acontecimiento más polémico fue la instalación de un pequeño jardín zoológico de aclimatación en 1857, siguiendo la tendencia de otros jardines botánicos europeos, como el de Kew, en las cercanías de Londres. Fue una experiencia no satisfactoria que duró una docena de años, hasta la primavera de 1869, donde los animales fueron trasladados al Jardín del Buen Retiro donde se conocería como Casa de Fieras.

En el año 1856 fue construido el primer invernadero que hoy lleva su nombre, la estufa de Las Palmas o estufa de Graells. De planta rectangular y con unas dimensiones de 23x9x7,5 metros, está situado junto al invernadero de exhibición. El interior de la estufa está formado por dos pasillos simétricos y paralelos que se comunican entre sí y en el fondo se encuentra una cristalera circular, muy al gusto de la época, que se apoya en un pilar metálico donde consta grabada la inscripción “Siendo Director del Museo D. Mariano de la Paz Graells. Este espectacular semicírculo acristalado tiene un pequeño estanque que acoge diversas especies de carpines de colores y plantas acuáticas como nenúfares. Este invernadero, con estructura de hierro fundido y vidrio templado, contaba con calefacción por un sistema de gloria: canales bajo el suelo tapados con rejas de hierro fundido que se llenaban del estiércol procedentes de las caballerizas reales cercanas. Gracias a su fermentación se elevaba la humedad y la temperatura ambiente.

En la actualidad sigue funcionando como estufa fría: la orientación que tiene el edificio al mediodía, el grueso muro de la vertiente norte, la depresión de su interior y la ayuda ocasional de aspersores permiten regular la luz y el calor para crear un espacio singular y un ambiente que simula el bioclima de las distintas zonas tropicales; se logra mantener una temperatura y una humedad más o menos constantes lo que consigue la presencia de una exuberante vegetación que ha colonizado el techo y las paredes de la estufa. La vegetación es tan copiosa que al recorrer los pasillos se tiene la sensación de estar caminando entre la espesura de la selva.

Estas condiciones climáticas han permitido la supervivencia en Madrid de vegetales procedentes de distintas zonas tropicales del mundo: plátanos rosas y bananos del género (Musa) de Asia y Africa, aves del paraíso (Strelitzia reginae) de Suráfrica, trepadoras (Piper nigrum) conocidas como falso pimentero o pimentero negro de Asia, costillas de Adán (Monstera deliciosa), propia de la selva mejicana e introducida en Europa por las expediciones botánicas, araucarias (Araucaria heterophylla) de Nueva Zelanda, palmeras (Chamaedorea elegans) de Mejico y una amplia y variada representación de Pteridófitas-helechos (plantas sin flores ni semillas, que se reproducen por esporas), de diferentes tamaños, géneros y zonas: desde culantrillos del pozo hasta helechos arborescentes (Cyatea cooperi) procedentes de Australia y de distintas selvas de mundo.

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