18 de mayo de 2022, 4:35:26
Política


El 2021 político: la evolución de Ayuso

Balance político de 2021

Por Alejandro Navas


La cara política del 2021 madrileño es compleja y trascendente a nivel nacional. Madrid se ha convertido, aún más, en el lugar donde todo lo importante ha ocurrido y para ello han sido necesarios actores y actrices muy concretos. La bajada de la tensión independentista catalana y la gestión "liberal" de la pandemia han conseguido establecer un escenario en el que la presidenta de la Comunidad de Madrid se posiciona en el centro del tablero, junto al presidente de la Nación, Pedro Sánchez, y al presidente de su partido, Pablo Casado. Eso sí, detrás de esta situación hay un reguero de cadáveres políticos.

Este año, que ya se acaba, no comenzó con una sonrisa para Isabel Díaz Ayuso. La cuarta ola de la pandemia golpeaba fuerte y aunque el Hospital Enfermera Isabel Zendal ya funcionaba, toda su gestión sanitaria se ponía en duda desde diferentes frentes. Enfrente, la oposición de los grupos parlamentarios de la Asamblea de Madrid; a un lado, los sanitarios; más arriba, las críticas desde Moncloa; y a su izquierda, todavía sentado en el Gobierno regional, Ciudadanos y sus discrepancias sanitarias con su socia.

El matrimonio sellado en 2019 entre una desconocida Isabel Díaz Ayuso e Ignacio Aguado, líder naranja en la región, tuvo enormes fricciones internas a lo largo de los casi dos años de convivencia. En el seno del Gobierno, era evidente que ambas formaciones aspiraban a cumplir diferentes objetivos de cara a su electorado y a la opinión pública. De hecho, en 2020 los rumores de que la presidenta quiso pulsar el botón electoral se avivaron en diferentes ocasiones. Los motivos que respaldaban estos rumores eran, entre otros, la gestión política de la pandemia y la descoordinación entre las diferentes consejerías de la Comunidad de Madrid gobernadas algunas por el Partido Popular y otras por Ciudadanos.

Uno de los eventos que más irritaron al PP de Díaz Ayuso fue la forma que tuvo Alberto Reyero, consejero de Políticas Sociales, de gestionar el drama en las residencias de mayores. En 2020, la situación en los centros sociosanitarios fue catastrófica y se vivieron semanas en las que el triaje pasó factura en forma de vidas pero también en forma política. Esto se debe a que el propio Reyero denunció en forma de carta la carencia de recursos y el criterio de triaje usado en un inicio a entidades superiores como Amnistía Internacional, un gesto que hizo crecer la enemistad de ambas formaciones.

Los efectos de Murcia

La tensión entre Aguado y Díaz Ayuso fue creciendo en el primer trimestre de 2021. Mientras la pandemia seguía su curso, con los confinamientos selectivos de las Zonas Básicas de Salud, y la vacunación comenzaba a aplicarse a los grupos de población más vulnerables, algo ocurrió en Murcia el 10 de marzo. Según se supo aquella mañana, Ciudadanos y el Partido Socialista habían pactado celebrar una moción de censura en la tierra de Teodoro García Egea para arrebatar al PP el Gobierno de esa región. En Madrid, el equipo de Isabel Díaz Ayuso actuó muy rápido y puso la maquinaria en marcha accionando el botón electoral.

El argumento esgrimido por Isabel Díaz Ayuso para convocar elecciones fue que tenía la información de que Aguado estaba preparando una alianza con los socialistas en Madrid, tal y como había hecho Ciudadanos en Murcia. Esta idea la transmitió la propia presidenta en una declaración de cuatro minutos en la Real Casa de Correos, después de un Consejo de Gobierno en el que se decidió, entre otras cosas, cesar a todos los miembros naranjas del Ejecutivo, que en ese momento ostentaban cinco consejerías (Economía, Cultura, Políticas Sociales, Transportes y Universidades).

El cese, que afectaba también al vicepresidente, se comunicó por la tarde de ese mismo miércoles y fue tildado de “irresponsabilidad” por Ignacio Aguado, que acusó a Díaz Ayuso de basar el adelanto electoral en una mentira, ya que él no estaba planeando ninguna moción con el PSOE. En cualquier caso, en aquel momento ya nada podía cambiar el curso de los acontecimientos porque el calendario marcaba una fecha: el cuatro de mayo.

En este punto, otro evento político que tuvo lugar durante esos día y que fue objeto de debate fueron las mociones de censura que presentaron los grupos de la izquierda en la Asamblea de Madrid. Debido a que una moción de censura es excluyente a una convocatoria electoral, hubo una gran confusión sobre la legalidad y la prioridad de ambas acciones. Si prosperaban las mociones, en un principio presentadas antes del decreto de elecciones, el reparto de escaños habría permanecido inalterado, dando margen a Ciudadanos para formar otro Gobierno; si las mociones no prosperaban, las elecciones determinarían el futuro Ejecutivo en un escenario más arriesgado tanto para la izquierda como para la formación naranja.

La conclusión llegó pronto y tanto los letrados de la Asamblea de Madrid como los servicios jurídicos de la Real Casa de Correos determinaron que la convocatoria de elecciones había llegado antes y que eran los comicios lo que tenía que prevalecer.

La campaña del 4 de mayo

En la pugna electoral por el trono político de la Comunidad de Madrid intervinieron seis partidos con sus seis candidatos, sin embargo, hubo uno que sorprendió. Pablo Iglesias era vicepresidente segundo del Gobierno de España y llevaba casi dos años en ese asiento cuando decidió presentarse como candidato de Unidas Podemos en la región.

Muchos interpretaron esta salida del Ejecutivo nacional como una consecuencia lógica del desgaste enorme que había acumulado en los últimos años, una circunstancia agravada por la situación pandémica. Otras voces, achacaron la decisión a una manera de reflotar el partido terminando el liderazgo de Iglesias para lanzar la naciente figura de Yolanda Díaz, además de que la posibilidad de que los morados no obtuvieran representación en el Parlamento regional era muy alta, con la presencia de Isa Serra, entonces portavoz del partido.

En cualquier caso, la entrada de Iglesias en el escenario electoral madrileño supuso un sobresalto para sus contendientes. Una de las candidatas que mejor supo usar a su favor esta irrupción fue Isabel Díaz Ayuso. En un inicio, el lema de su campaña se fijó en 'Socialismo o libertad', frase que cambió a 'Comunismo o libertad' el mismo día en que el líder morado comunicó su decisión.

En cuanto a las estrategias de campaña, hubo un partido y un candidato que cometió errores memorables. El socialista independiente Ángel Gabilondo, que había ganado las elecciones autonómicas tan solo dos años antes, no consiguió hacer llegar un mensaje claro a su electorado en cuanto a su proyecto y a sus posibles socios de Gobierno. En concreto, el escenario de pacto con Iglesias, algo a lo que primero se negó y luego dijo que sí motivado, presuntamente por directrices de Moncloa, fue uno de los factores que provocó el peor resultado de la historia del PSOE en Madrid.

Otro partido cuya actuación es digna de mención es Ciudadanos. Ignacio Aguado fue el vicepresidente de la Comunidad de Madrid y fue cesado por Díaz Ayuso. Sin embargo, él no fue el candidato elegido por su partido. El relevo lo tomó Edmundo Bal, que nunca se desprendió de su acta como diputado nacional y que basó su campaña en reivindicar un espacio de “centro y liberal”, con escasos resultados.

De forma paralela, en la campaña entraron en juego las múltiples amenazas a políticos por parte de ciudadanos a veces anónimos y otras veces con nombres y apellidos. El envío de balas con dedicatorias fue un elemento que colmó los debates y las tertulias en aquellas semanas de abril y mayo, provocando que la cuestión ideológica se convirtiera en un eje para todos los contendientes electorales.

En este ambiente, el de la confrontación ideológica, Díaz Ayuso se movió de forma muy cómoda. Valiéndose de su gestión y de su particular dialéctica consiguió acaparar el foco mediático en un momento crucial de su carrera política, algo que le condujo a su éxito electoral.

La victoria de Ayuso

La noche del cuatro de mayo fue la culminación de una estrategia que había superado las expectativas. El Partido Popular había pasado de tener 30 escaños a 65, una cifra mayor que la de todos los escaños de la izquierda juntos.

El éxito electoral de Díaz Ayuso, que rozaba la mayoría absoluta por cuatro diputados, no solo se tradujo en el asentamiento de su poder político e institucional, también supuso la muerte pública de, al menos, dos figuras y la herida casi mortal de, al menos, dos partidos. Por un lado, la derrota total de Ciudadanos en Madrid, que no consiguió representación alguna, supuso además la salida total de la política de Ignacio Aguado. Por otro, la derrota de Pablo Iglesias como líder de la izquierda madrileña, también supuso su salida de la vida política. Hay que recordar aquí que dentro de la izquierda parlamentaria, el partido que más votos consiguió fue Más Madrid, que logró su ansiado sorpasso al PSOE por poco más de 5.000 votos.

De esta forma, con el apoyo de Vox para la investidura y también para las iniciativas gubernamentales más importantes, Isabel Díaz Ayuso ganó de forma histórica en la Comunidad de Madrid y tiñó de azul el mapa electoral. Al poco tiempo formó su Gobierno de nueve consejerías y fue libre de gestionar sin socios ni ataduras a la Comunidad Autónoma.

Ayuso contra Sánchez

La confrontación entre Díaz Ayuso y Pedro Sánchez no comienza en la noche del cuatro de mayo, sino mucho antes. Sin embargo, su victoria electoral fue un punto de inflexión en la intensidad de esta confrontación.

La defensa a ultranza de Madrid como capital histórica, cultural y económica de la presidenta ha sido y es uno de los principales argumentos que sostienen los ataques de Díaz Ayuso al habitante de la Moncloa. Un ejemplo reciente de esta actitud política ha sido cuando desde el Gobierno de la Nación se ha planteado la posibilidad de descentralizar las instituciones del Estado, en pos de mejorar la representatividad de la soberanía nacional.

Desde el primer momento en que se comunicó por parte de ministros y del propio presidente de España, Díaz Ayuso se ha erigido como la mayor detractora de esta idea, unificando el concepto de España con el de Madrid. Sosteniendo el paralelismo de que hacer daño a Madrid es hacer daño a España, la jefa del Ejecutivo nacional ha aprovechado cada ocasión para criticar al Gobierno nacional y para dibujar a un Pedro Sánchez que no vela por los intereses nacionales sino por los suyos propios. En este punto, son dignas de mención las constantes alusiones que hace Díaz Ayuso a los “socios” de Sánchez, en referencia a Bildu o Esquerra Republicana, partidos que a juicio de la presidenta suponen un peligro para la democracia española.

En este contexto, y después de meses de un goteo contínuo, muchas voces han entendido la figura de Díaz Ayuso como un ente no regional sino nacional, llegando a marcar la agenda mediática de una forma mucho más efectiva y contundente que el presidente nacional de su partido, Pablo Casado.

La guerra interna de los populares

A finales del pasado mes de agosto la presidenta de Madrid expresó su deseo de liderar el Partido Popular madrileño. En ese momento, ninguna voz interna se elevó, ya que es tradicional que el presidente del partido sea la misma persona que presida el Ejecutivo autonómico, tal y como ocurrió con Esperanza Aguirre o con Cristina Cifuentes, entre otras.

Sin embargo, al poco tiempo comenzaron los problemas. Un ruido de sables que trascendía en forma de filtraciones interesadas, de recados dejados en la prensa y de entrecomillados de personas sin nombre pero muy cercanas a la dirección nacional popular, comenzaron a abrirse paso entre septiembre y este mismo mes de diciembre.

A grandes rasgos, lo que aparentemente ocurre es que la dirección nacional de Casado, Teodoro García Egea y José Luis Martínez Almeida, entre otros, tienen alguna reticencia en cuanto a que Díaz Ayuso concentre en sí el poder institucional que le da la Real Casa de Correos y el poder político del PP de Madrid. Enfrente está la jefa del Ejecutivo, que alega su voluntad es presentarse al proceso interno de elección del partido y acabar con una situación anómala, en referencia a que desde que Cifuentes salió por el caso Máster y el caso Cremas en 2018, la presidencia la ejerce Pío García Escudero hasta la celebración de primarias.

La fecha de estas primarias ha sido y es uno de los principales ejes de esta guerra interior. Según la última reunión entre la dirección regional y la nacional del partido, quedó claro que la voluntad del PP de Madrid es celebrarlas cuanto antes. Sin embargo, esto todavía no ha quedado reflejado en el calendario, la única aproximación es que serán durante el primer semestre del año. Esta indefinición temporal ha servido como argumento en el cruce de acusaciones dentro de las familias populares.

En paralelo, otra de las vertientes de este conflicto ha sido la relación entre ambos líderes. En noviembre, trascendió que Díaz Ayuso había bloqueado en su Whatsapp a García Egea y a algún miembro del equipo de Martínez Almeida, signo de la enemistad creciente entre ambos bandos. Después, la presidenta explicó que sólo había bloqueado a estas personas en uno de sus teléfonos, el de emergencias. En esta línea, se empezó a especular sobre el empeoramiento de su relación con Casado, con el cual apenas hablaba. Sobre esto, la presidenta sí entró al juego y llegó a decir que pasaban hasta semanas sin tener comunicación directa.

En este contexto, cada gesto de ambos políticos ha sido estudiado al extremo, en ocasiones provocando análisis exagerados de la realidad, con tal de medir el empuje de ambas presuntas facciones de un mismo partido. La guerra sigue abierta, aunque más calmada, ya que en el horizonte están las elecciones nacionales, cita en la que el Partido Popular no puede permitirse ninguna distracción.

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