17 de octubre de 2021, 1:28:28
Opinión


Sufriendo los rigores estivales (y el exceso de carne)

Por Jonathan Gil Muñoz


El aumento de las temperaturas, resultado del cambio climático, hace de los veranos madrileños una época difícil de sobrellevar para la biodiversidad.

Con cada verano, en la Comunidad de Madrid nos damos cuenta de que algo no va bien. Cada año se superan las temperaturas máximas, el número de días por encima de los 40 ºC o el de noches tropicales. Es durante el verano cuando de verdad sentimos los efectos del cambio climático en nuestras carnes. Sin ir más lejos, este fin de semana ha sido especialmente caluroso en nuestra región lo que ha empujado a muchos madrileños a buscar refugio en aquellos espacios naturales donde está permitido el baño.

Así, y volviendo al tema de los calores veraniegos, parece que esta semana vamos a tener una pequeña tregua hasta el próximo fin de semana, momento en el que volveremos a estar rondando los 40 ºC en muchos puntos de la Comunidad de Madrid. Es verdad que nosotros tenemos las piscinas o los ventiladores, entre otras herramientas, que nos ayudan a sobrellevar los calores pero, ¿y nuestra biodiversidad? En más de una ocasión hemos hablado aquí del enorme favor que le podemos hacer a nuestra avifauna colocando un bebedero en nuestras terrazas y jardines. En el medio natural, estos y otros animales tienen que echar mano de humedales, balsas de riego, albercas, etc. En el caso de la flora autóctona, posee las armas para poder soportar estas temperaturas, aunque no sin que de vez en cuando haya alguna tormenta que empape la tierra.

En este sentido, nuestra biodiversidad, por vivir precisamente en el centro de la meseta castellana, sabe a lo que se enfrenta cada verano y en consecuencia tira de sus adaptaciones naturales. Ahora bien, el ser humano, principal causante del aumento de las temperaturas en el mundo, no se lo pone nada fácil. En este punto, y haciéndonos eco de la actualidad, las recientes declaraciones del ministro Garzón cobran mucho sentido. Mucha gente se lo ha tomado a broma, incluso el presidente del Gobierno le quitó importancia cuando no debió hacerlo. Sí, la ganadería intensiva tiene una parte de responsabilidad muy importante en la emisión de gases de efecto invernadero, lo que su vez origina –simplificando- el calentamiento global. Y si hablamos de los purines de las granjas porcinas, nos encontraremos con un problema medioambiental de primer orden que no deja de crecer anualmente. Además, nuestros médicos no dejan de advertirnos que es perjudicial para nuestra salud la ingesta de carne en unas cantidades que, hoy por hoy, son muy comunes.

¿Estas recomendaciones atacan a la ganadería intensiva? ¿Es que desde las Administraciones públicas no se hacen campañas desde hace años contra el abuso de la sal o el azúcar en nuestra dieta? Creo que está claro a la vista de la reacciones de mucha gente que queda mucha pedagogía que hacer sobre este tema, y no va a ser nada fácil, sobretodo porque siempre tendremos unos intereses partidistas que intentarán socavar cualquier acción en este sentido. Ahora bien, como ciudadanos también podemos, de motu propio, apostar por reducir la carne en nuestro menú, sin que con ello seamos ni malas personas ni anti españoles. La información está ahí, nosotros decidimos.

Jonathan Gil Muñoz
Director de El Guadarramista

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