7 de diciembre de 2021, 17:06:47
Social


Paralizada la actividad de una asociación que proporciona alimento a más de 200 personas sin hogar

En busca de una solución para dar de cenar a 200 personas sin hogar

Por Cristina Valdivielso


Cada día, a las 20:30h, decenas de voluntarios de la Asociación Plaza Solidaria ofrecían cenas a 200 personas sin recursos en la Plaza Tirso de Molina. Sin embargo, tras una visita del Ayuntamiento de Madrid, la acción humanitaria tuvo que parar en seco y ahora luchan por encontrar soluciones que posibiliten que todas esas personas puedan seguir alimentándose.

Roberto Ruiz, uno de los voluntarios que colabora con acciones sociales en el barrio de Lavapiés, critica la falta de actividad y soluciones por parte de los responsables municipales ante la problemática que deja a 200 personas sin cenar cada jornada.

Una situación que ha llevado a esta red vecinal a concentrarse en el barrio para reclamar al Ayuntamiento una solución a la precaria situación actual que viven esas personas en riesgo de exclusión social. Una medida de protesta que se tomó a raiz de la decisión municipal de paralizar el reparto de comidas en el local, ubicado en la calle Olmo, 20, motivado por el "incumplimiento de las medidas higiénicas necesarias" que apuntan desde el Consistorio.

La Asociación Plaza Solidaria nació de la vocación y con el objetivo de que ninguna persona del barrio se quedara ni un solo día sin alimento. Muchas familias, vecinos del barrio de Lavapiés, no tienen recursos para sobrevivir y residen actualmente en la calle.

Desde el Ayuntamiento explican que “se ha instado a la asociación a cumplir las medidas sanitarias necesarias porque cuando se manipulan alimentos y se elabora comida hay que seguir una serie de condiciones para no romper la cadena de control de seguridad alimentaria”. Además, fuentes municipales señalan que los voluntarios cocinan en sus propias casas y que desde ahí “no se puede llevar ningún control”. También apuntan al asunto del transporte: “Trasladar esa comida al sitio desde el que se reparte entraña sus riesgos porque, entre otras cosas, la cadena del frío se rompe”. Por todo ello, el Ayuntamiento insiste en que “para realizar esa actividad deben cumplir una serie de medidas”.

En esta línea, Roberto explica que, tras la primera inspección que se realizó, ya se les exigió ciertas medidas de higiene básicas para poder continuar con la labor que, según apuntan, modificaron y cumplieron al primer aviso. De esta manera, todos los voluntarios externos de Plaza Solidaria se sacaron el carnet de manipulador de alimentos (ya que los organizadores de la asociación ya contaban con él) y llevaron a cabo otro tipo de cambios, como añadir un lavamanos de pedal o controlar el frío y el calor del lugar para conservar los alimentos siempre en buen estado.

"Trasladar la comida puede romper la cadena del frío"

Sin embargo, Ruiz apunta que, aun habiendo cumplido con las exigencias impuestas por el Ayuntamiento de Madrid, un mes después, "de un día para otro", cerraron el local porque no resultaba apto para la labor, al elaborar las cocineras las cenas en su casa, por lo que "se dio la orden de que no podíamos repartir comida caliente”. A pesar de que durante un tiempo repartieron bocadillos y comida fría, ahora mismo se encuentran en busca de otra solución que ponga fin a la intemperie alimentaria a la que se enfrentan cada noche cientos de personas.

Para ponerle solución al problema, desde la asociación se solicitó un local que sí cumplía con todas las características necesarias para continuar con la labor, "pero finalmente el Ayuntamiento lo concedió a otra asociación que ofrecía clases de cocina". Fuentes municipales explican que "los locales son limitados". Debido al elevado número de colectivos y organizaciones que también optan a estos espacios, la asignación y cesión se realiza por concurso público: “Hay distintas asociaciones con diferentes casuísticas que solicitan locales municipales. Para que no haya problemas de por qué a unos sí y a otros no, lo más lógico entonces es cederlos por concurrencia pública para que sea todo más transparente”.

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En cuanto a las posibles soluciones, desde el Ayuntamiento señalan que “a esas personas se les puede asistir, en cuestión de ayudas, a través de los servicios sociales del distrito que estudian de una forma más integral las situaciones personales de las personas, porque muchas veces no solo es la entrega de comida, de trata también de otras circunstancias sociales”.

Sin embargo, Roberto Ruiz explica que “la mayoría de las personas que asisten son alcohólicos o drogadictos que viven en la calle y que no quieren acudir a albergues ni tener contacto fuera de su círculo, por ejemplo”.También tuvieron que hacer frente al malestar del entorno vecinal porque algunos residentes no veían con buenos ojos las colas de gente esperando para recoger su comida.

La labor que desarrollan "no consiste solo en dar de comer, también es importante el contacto humano. Sabemos cómo se llaman, hablamos con ellos y les preguntamos por sus problemas”, concluye.

"La labor no es solo dar de comer, también el contacto humano".

Actualmente, Plaza Solidaria se encuentra en pleno movimiento buscando una solución temporal para que esas 200 personas puedan seguir cenando hasta conseguir un local accesible para ellos y que cumpla las condiciones que el Ayuntamiento les exige. Por el momento, se encuentran en conversaciones con los restaurantes de la zona para que les dejan utilizar sus cocinas: "Lo del local no puede ser de forma inminente, así que estamos buscando otra vías para que puedan seguir comiendo", concluye Roberto.

Además, el colectivo ha iniciado una recogida de firmas exigiendo alternativas que garanticen que todas estas personas tengan una alimentación. Por el momento, llevan más de 38.000 rúbricas para luchar contra la pobreza en Lavapiés.

Según datos recogidos en abril de 2020 de la Federación Regional de Asociaciones Vecinales de Madrid (FRAVM), 14.728 familias y 51.529 personas diferentes recibían alimentos de asociaciones de vecinos en la región.

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