18 de octubre de 2021, 7:46:30
Cultura y ocio


Eurovisión, el mayor evento musical de Europa, vuelve tras dos años en silencio por la pandemia

Blas Cantó representa a España en la gran final de Eurovisión

Por Alba Cabañero Aina


La larga espera para los eurofans ha terminado. A las 21:00 de este sábado, 22 de mayo, el Te deum volverá a dar paso a uno de los mayores eventos musicales televisados del mundo: la gran final de Eurovisión.

Tras el frustrado festival del año pasado, que tuvo que ser sustituido por un especial debido a la pandemia, en 2021 vuelve con más fuerza y bajo importantes medidas de seguridad.

El Ahoy Arena de Rotterdam (Países Bajos) contará con 3.500 espectadores que disfrutarán de las 26 actuaciones de los representantes europeos que se disputarán la victoria en esta 65º edición.

Entre esas 26 se encuentra la de Blas Cantó, que repite participación tras no poder defender su Universo el año pasado. Este año, el murciano representará a España con Voy a quedarme, una historia personal que puede sin problema ser la de cualquier persona que ha sufrido la pérdida de un ser querido a causa de la Covid-19.

La compuse en el momento en que estaba falleciendo mi padre. Luego la grabé cuando estaba falleciendo mi abuela por Covid y fue un momento muy duro. De hecho, la emoción se nota en la voz”, revelaba el cantante en febrero a RTVE.

Las favoritas

Chipre, Albania, Israel, Bélgica, Rusia, Malta, Portugal, Serbia, Reino Unido, Grecia, Suiza, Islandia, España, Moldavia, Alemania, Finlandia, Bulgaria, Lituania, Ucrania, Francia, Azerbaiyán, Noruega, Países Bajos, Italia, Suecia y San Marino son los países que este sábado defenderán sus canciones con el objetivo de llevarse a casa el primer micrófono de cristal post-pandémico.

A medida que se han ido conociendo a los diferentes artistas, sus canciones y sus puestas en escena, el público se ha ido posicionando. Desde un primer momento, las 'divas' que han destacado este año y que prometen poner en pie al público son Destiny (Malta), Elena Tsagrinou (Chipre) y Senhit (San Marino).

La primera de ellas sabe lo que es ganar en Eurovisión, ya que dio en 2015 la victoria a su país en el Eurojunior. Ahora, con 18 años, debuta en el Ahoy Arena con Je me Casse, una llamada al empoderamiento de la mujer desde la música más bailable y pegadiza.

Otra canción que no pasa inadvertida es El Diablo, apuesta de Chipre para este año, país que es ya el principal exportador de 'divas' europeas. Tras Ivi Adamou, Eleni Foureira y Tamta, llega Elena Tsagrinou con una imponente puesta en escena para hablar de las relaciones tóxicas y de cómo se enamoró del diablo.

Senhit repite un año más su andadura eurovisiva como representante de San Marino trayendo el que puede ser el 'hit' del verano. De la mano del reconocido rapero estadounidense Flo Rida -cuya participación en el concurso ha sido una incógnita hasta el último momento-, Senhit interpretará Adrenalina, un potente tema que promete traer la fiesta al escenario con una puesta en escena que arranca de manera muy curiosa.

Y quienes están sorprendiendo, subiendo como la espuma en las apuestas ensayo tras ensayo, son los italianos Måneskin. Su tema rock Zitti e Buoni marca la diferencia en la edición de este año -junto con Dark Side, tema heavy de los finlandeses Blind Channel con el que buscarán revalidar la victoria de Lordi en 2006-. "Esta es la primera vez que Italia envía una canción de rock a Eurovisión y, de hecho, cuando ganamos San Remo la gente se sorprendió mucho. Porque el rock no es lo que está de moda en Italia... Pero nosotros nos sentimos increíbles con nuestra canción", señalaron los miembros de la banda en una rueda de prensa.

Por otro lado se encuentran Gjon's Tears (Suiza) y Barbara Pravi (Francia). Conocidos en España por sus actuaciones en el programa de Telecinco Rocío, contar la verdad para seguir viva, se han posicionado ambos como posibles ganadores de esta edición con dos baladas, Tout l'univers y Voilà, respectivamente, ambas en francés, con las que buscan llegar a los corazones del público con intimistas puestas en escena.

La nota étnica llega desde los países soviéticos con Manizha (Rusia) y Go_A (Ucrania). La primera llega a la final con un potente tema de temática feminista, Russian Woman, en el que se dirige a las mujeres rusas, destacando su fuerza y determinación y haciéndoles partícipes también de la canción con vídeos en los que aparecen haciendo los coros y acompañando a la artista.

La sorpresa llega desde Ucrania con SHUM. La traducción literal sería "ruido", pero los miembros de Go_A explicaron que su canción busca despertar a los espíritus del bosque sobre el que cantarán en el escenario. El elemento que les distingue del resto de participantes es, aparte de su estilo musical 'inetiquetable', la voz de su cantante Kateryna Pavlenko, que utiliza la técnica vocal de la 'voz blanca', mezclada con sonidos electrónicos y del folklore ucraniano.

La Covid, inevitable protagonista

No solo en canciones como la de Blas ni en las medidas de seguridad se ha hablado de la Covid. Muchos de los participantes han visto limitadas algunas de sus actuaciones, ya sean en ensayos como en las semifinales -e incluso en la final-, a causa del virus.

La primera fue Montaigne, la representante australiana. Las medidas sanitarias de su país le impidieron viajar a Rotterdam y cantar en igualdad de condiciones junto al resto de compañeros de otros países.

Ello le llevó a grabar su actuación con días de antelación para participar desde Australia en la primera semifinal. La confusión a la que llevó esta actuación pregrabada entre el público y la diferencia de oportunidades con respecto a los países que se subieron al escenario del Ahoy es a lo que se agarró la cantante para justificar que Australia no participará en la gran final por primera vez desde que fue invitado al concurso en 2016.

Por otro lado, el primer susto por contagios lo dio Polonia, cuya delegación tuvo que aislarse por un positivo entre sus miembros. Su representante, Rafał, se perdió el paseo inaugural por la ‘alfombra turquesa’, algo de lo que no pudieron disfrutar tampoco las cantantes Destiny ni Roxen (Rumanía) al compartir hotel con esta delegación y con la islandesa.

Varapalo también para Daði Freyr y el ‘team Iceland’, que suman dos positivos, uno entre los miembros de la delegación –que fue detectado casi a la par que el positivo polaco– y otro entre los artistas, por lo que se perdieron la segunda semifinal y la actuación que se emitió el pasado jueves fue la grabada durante la segunda ronda de ensayos. Aun así, consiguieron el ansiado pase a la final por su carismática y bien ejecutada canción.

Como apuntaba RTVE, los islandeses se encontraban desconcertados, ya que todos habían recibido la vacuna de Janssen antes de viajar. A pesar de ello, se mostraron en redes sociales ilusionados y orgullosos de su actuación en los ensayos.

Y dentro del propio trascurso del festival, en recuerdo a los meses que los europeos tuvieron que quedarse en casa, las ‘postcards’ en las que se presenta a los cantantes antes de cada actuación están protagonizadas por pequeñas casas sitas en diferentes lugares de la geografía neerlandesa que representan a los propios hogares de los representantes.

Es inevitable echar la vista atrás y retrotraerse a todo lo vivido y perdido durante esta pandemia, pero la vuelta de la música, el espectáculo y la unión de los países europeos con el fin común de disfrutar –y hacer disfrutar– al público, contribuye a que esa sensación de normalidad se haga un pequeño hueco en el día a día de los amantes del concurso. Después de dos años, let the Eurovision Song Contest begin!

Las 39 canciones participantes de 2021

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