21 de junio de 2021, 8:40:43
Opinión


Pongamos que se habla de Madrid: Ni salud, ni economía

Por Jaime Cedrún


El problema de la realidad alternativa que crea la presidenta de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, es que cuaja entre determinados sectores de la población. Inexplicablemente insiste en decir, como antaño José María Aznar hacía con España, que “Madrid va bien”. Ella vende su moto de salvar la economía poniendo al mismo nivel al sector de hostelería y al sociosanitario. En los últimos tiempos, la presidenta ha convertido nuestra región, concretamente a la capital con el silencio cómplice de Martínez Almeida, en el centro internacional de la fiesta para vergüenza y miedo de madrileños y madrileñas. El Partido Popular invita a rondas inacabables de COVID a todo el mundo para después argumentar un “milagro económico” que es tan falso como ese mundo paralelo que ha creado y que tiene bloqueada nuestra región. Una manipulación increíble que arrastra adeptos entre aquellos mismos hosteleros a los que no da ni una ayuda, tal y como hemos exigido los sindicatos. La funciona “predicar y no dar trigo”.

El Banco de España acaba de presentar un interesante informe titulado “La evolución de la actividad en las provincias españolas a lo largo de 2020 y sus determinantes”, que desmonta el “milagro económico de Ayuso”. Como es sabido, Madrid es una Comunidad uniprovincial, por lo que este estudio nos abre una perspectiva que no solemos observar. Se trata pues de “una estimación de la evolución provincial del PIB a lo largo de 2020 basada en la información sobre afiliación efectiva a la Seguridad Social a nivel provincial y la evolución del PIB a escala nacional de acuerdo con la Contabilidad Nacional Trimestral (CNTR)” que ofrece el Instituto Nacional de Estadística (INE).

De su lectura podemos extraer que la economía de Madrid ha caído en 2020 más que provincias con restricciones más duras (como Valencia, todas las gallegas, las extremeñas, las vascas, las castellanoleonesas y castellanomanchegas…). El estudio a nivel provincial revela circunstancias que se esconden a nivel regional. Por ejemplo, que las provincias con mayor exceso de mortalidad en 2020 fueron las pertenecientes a las dos Castillas y Madrid, entendiendo “exceso de mortalidad”, como la diferencia entre las defunciones en ese año y las registradas en promedio en 2018 y 2019, en relación con la población de cada provincia.

Solo somos campeones en contagio, hospitalizaciones y personas fallecidos por la COVID19 o con síntomas compatibles.Los datos actualizados exclusivamente por COVID a 21 de marzo sitúan a Madrid, región uniprovincial, en cabeza del ranking de la tragedia, con casi 23.000 fallecimientos, más de 100.000 hospitalizaciones y 611.227 contagios.

El cáncer del paro

La tragedia económica y de salud que padecemos nos ha reventado por una nefasta gestión pero también por los antecedentes creados en 26 años de políticas de derechas y, sobre todo, desde los gobiernos constituidos tras del tamayazo, que han practicado no solo un ultraliberalismo absolutamente trasnochado, sino la corrupción como forma de hacer política.

En primer lugar, antes de la pandemia, en 2019, el paro en la región nunca alcanzó las cifras anteriores a la Gran Recesión, descendía con una gran lentitud. En segundo lugar, el crecimiento era muy inestable. Era un crecimiento con pies de barro que se asentaba sobre niveles de desigualdad y precariedad muy altos. Un dato muy relevante es que alrededor del 85% de la contratación anual (2,6 millones de media en los últimos cuatro años) son temporales y de muy escasa duración. Esa fórmula genera una rotación permanente de miles de personas que pasan del desempleo a contrato precario y al revés, alcanzando una cifra escandalosa de más de un millón de personas asalariadas.

Además aumentaron las “jornadas parciales”, mayoritariamente no deseadas por quienes firmaban esos contratos. Esto tuvo como consecuencia un mayor aumento de la precariedad y el surgimiento de una nueva clase trabajadora empobrecida, lo que hemos venido en denominar “pobreza laboral”. Siendo las mujeres las más golpeadas por esta realidad, lo que impide avanzar en el cierre de las brechas salariales, de desempleo, de actividad y de calidad de los puestos de trabajo.

Ese crecimiento del empleo con pies de barro tenía otra variable: las “nuevas formas de trabajo”. Esto es, falsos trabajadores autónomos y falsas cooperativas de trabajo asociado en las que la clase trabajadora pierde sus derechos laborales.

Con ese panorama, que afectaba mayoritariamente a mujeres y juventud, es con el que nos reventó la pandemia y el que explica las colas del hambre que padece esta región. Y es que quien se encomienda a la reforma laboral, siembra precariedad y recoge vulnerabilidad y exclusión. Sin ningún pudor, Ayuso sigue vendiendo esta región como la más rica de España gracias a una política económica que depende aún de los presupuestos aprobados bajo la presidencia de Ángel Garrido, quien tras su paso por Ciudadanos abandonará la política después del 4 de mayo. O dicho de otra forma, sus gobiernos no han aportado nada nuevo reseñable, solo bronca y confrontación con otras administraciones.

Los grandes gestores de la derecha madrileña, dicho con toda ironía, han sido incapaces de no aprovechar los ciclos de crecimiento para acometer un cambio productivo. La apuesta sigue siendo que Madrid sea el bar de Europa y favorecer a los amigos con la decimoséptima Ley del Suelo, eso sí, recurrida ante el Constitucional. Esos mismos gestores son quienes nos han llevado al borde del abismo en la pandemia con su austericidio y debilitando permanentemente los recursos públicos en beneficio de las cuentas de resultados de los mismos de siempre.

La imparable tendencia global basada en sostenibilidad, digitalización y feminismo no cabe en la agenda de Isabel Díaz Ayuso. La apuesta por el conocimiento y la investigación, que a medio plazo convierten a un país en sólido ante los imprevistos que cada vez serán mayores, no entran en ese mundo de la derecha madrileña. Ese conocimiento y ese empujar la investigación se difuminan en el mundo del griterío, la cacerolada y la crispación.

Como escribía la pasada semana en este mismo espacio, ahora más que nunca “pongamos que se habla de Madrid” porque el paro registrado ha crecido en un año en 93.184 personas (27,4% más que hace un año) situando el paro registrado en 432.516. Según la EPA el incremento ha sido mayor, de 127.700 personas (+36,25% en el año) y la cifra final de personas en paro serían 480.000. Ha crecido casi el doble que la media nacional.

Pongamos que se habla de Madrid porque el paro ha crecido porcentualmente más en nuestra región que en el conjunto de España. Con un impacto muy fuerte en el sector privado, solo corregido por el incremento del empleo público gracias a las transferencias europeas y del gobierno de la Nación. Y esto a pesar de la política del gobierno regional, contrario a imponer medidas de limitación de la movilidad o actividades para frenar la extensión de la pandemia, que sí han puesto en marcha otros territorios. Madrid necesita un baño de realidad, de mirar a un futuro de progreso y estabilidad. No caben milagros en una región que convive con la muerte a diario y con un presente económico que ya ha fracasado.

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