19 de mayo de 2022, 11:21:57
Opinión


La Constitución es bienestar social e igualdad

Por Jaime Cedrún


Para construir España necesitamos igualdad, luchar contra la pobreza y un sistema productivo sostenible capaz de garantizar el futuro de las españolas y los españoles. Debemos plantear un proyecto de futuro, recuperar nuevamente la cohesión de todos los territorios y resolver los problemas sociales que afectan a España y que son muy importantes. La patria que hay que ensalzar es la de los derechos, no tanto la de los símbolos y los mitos. Todo ello supone trabajar, hacer política, alcanzar acuerdos, pactos.

Como cada año, en el entorno conmemorativo de la aprobación de la Constitución, la Presidencia de la Comunidad de Madrid convocó a representantes de organismos e instituciones regionales para celebrar la aprobación de la Carta Magna. Pero lo que debería haber sido un acto de unidad y de reclamar derechos constitucionales, se convirtió en un nuevo evento de confrontación con un discurso de ruptura y exclusión hacia quienes piensan de otra manera.

El propio día 6 la Presidenta siguió con un discurso de confrontación basado en falsedades, impropio, que demuestra que no entiende su alta responsabilidad como presidenta de todos los madrileños y madrileñas. Realizó declaraciones de complicidad hacia los exmilitares comandados por el presidente de la Fundación Francisco Franco con los que aseguró “compartir sus inquietudes”, mientras hizo el silencio sobre la intención de otro grupo de exmilitares que abogan por fusilar, fusilarnos, a 26 millones de españoles. Y es que cada vez que un grupo de militares españoles se pronuncian contra un gobierno progresista en aras a defender la Constitución, no puedo por menos que recordar que los generales golpistas Mola o Queipo de Llano dieron el golpe para ¨”salvar la República”.

Tras el “tamayazo”, con Esperanza Aguirre, la derecha madrileña ha espoleado al PP para flirtear con tácticas facciosas en su sentido más estricto y etimológico: realizar facciones. Esto se viene haciendo con la permanente apropiación de símbolos que son de todos los españoles como la bandera, el himno e incluso la propia Constitución. Una apropiación que, también hay que decirlo, ha permitido la izquierda porque no da tanta relevancia a las simbología.

Lo paradójico es que cuarenta y dos años después, quienes más criticaban la Constitución, ahora parecen sus más fieles defensores aún con contradicciones en el presente. En estos días hemos oído a Vox (pilar del Gobierno de Ayuso en la región y Almeida en la capital) calificar al Tribunal Constitucional de “tribunal prostitucional”, o hemos visto como mantiene su postura contra el constitucional sistema autonómico.

Quienes ahora defienden la Constitución a capa y espada tienen como referente a quienes muy poco hicieron por el constitucionalismo en sus orígenes. De los seis votos en contra que tuvo la Constitución recién redactada en 1978, cinco pertenecieron a diputados de AP: Gonzalo Fernández de la Mora, Alberto Jarabo, José Martínez Emperador, Pedro de Mendizabal y Federico Silva.

El propio José María Aznar, declaró que, como votante de a pie, la votó en contra. Además, otros tres diputados del grupo de Manuel Fraga, se abstuvieron. Uno de ellos, Alvaro de Lapuerta, sería años después tesorero del PP, entre 1993 y 2008, por lo que fue imputado en el caso Bárcenas. Pudo librarse del banquillo debido a una demencia sobrevenida”.

Es justamente esta historia de la derecha española más extrema la que hace poco creíble este ardor guerrero en defensa de una Constitución que según ellos está en peligro. Peligros que no se creen ni ellos, que solo está en sus discursos. Su verdadero objetivo es impedir las políticas públicas de progreso que está aprobando el Gobierno de la Nación, contenidas, entre otras leyes, en la de presupuestos recién aprobada.

La Constitución es algo más que banderas inmensas, e incluso como adornos navideños excesivos y un poco horteras, que normalmente separan más que unen. Precisamente, si se cumpliera la Constitución disfrutaríamos de un estado vertebrado garante de bienestar social e igualdad. Estas jornadas de conmemorar la Constitución también pasan por reclamar esa igualdad y el cumplimiento de derechos que ésta consagra. Como a una vivienda digna (artículo 47); a una sanidad pública que nos quieren arrebatar (artículo 43); a una educación pública y de calidad, que maltrata la derecha en beneficio de la privada y religiosa (artículo 27) .

Más allá de la coyuntura que supone la pandemia, que tanto nos está enseñando, es inexplicable el miedo a reformar la Constitución, pues nació con afán de progreso. La Carta Magna de 1978 tenía unos objetivos y obedecía a los sentimientos y emociones del pueblo español. La Constitución supuso la ruptura con el franquismo y con el Fuero de los Españoles y en tantos artículos es de las más sociales de Europa. La Constitución consagró el derecho de huelga, el derecho a la negociación colectiva, la libertad de sindicación…, pero el futuro depara nuevos contenidos.

La España de hoy se hace desde la igualdad entre mujeres y hombres, desde una nueva realidad territorial que emana de Europa, con un cambio climático evidente que también evidencia un futuro de pandemias en un mundo global, con una digitalización que ya está marcando nuevas formas de vida y de legislar. Por eso, hoy en día, España se hace desde la igualdad, desde un sistema productivo que genere esperanzas en el futuro, desde la solidaridad, desde la acogida, desde el respeto y desde la lucha contra la violencia de género.

Las Comisiones Obreras estamos orgullosas de nuestro papel para aprobar esa Constitución que supuso el final del franquismo. Una Constitución que surgió en una coyuntura muy concreta y que ha servido durante más de cuarenta años.

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