3 de agosto de 2021, 10:54:23
Opinión


Black Friday, la fiesta del consumismo

Por Jonathan Gil Muñoz


A pesar de la inyección económica que pueda suponer, esta fecha tiene una cara muy negativa desde el punto de vista medioambiental a escala global

Otro año más, dejamos atrás una nueva edición del famoso Black Friday, con todo lo que trae consigo esta famosa jornada comercial. Como en otras ocasiones, diferentes organizaciones ecologistas han alertado a la sociedad sobre las consecuencias negativas para el medio ambiente que tiene este día, o días, mejor dicho, ya que cada año se alarga más y más. Es verdad que estamos en un momento delicado económicamente hablando, y que fechas como estas son balones de oxígeno para muchos comercios, especialmente para las grandes superficies, pero no por ello debemos dejar de tener en cuenta su fuerte impacto medioambiental.

En este sentido, Greenpeace ponía la semana pasada el foco sobre la compra online. Para esta organización, el Black Friday al fomentar en gran medida la compra por Internet, contribuye de forma muy especial al aumento de las emisiones de gases contaminantes del aire y de efecto invernadero. Así, a las emisiones derivadas del reparto a domicilio se suman las ligadas a la importación de productos por avión, ya que gran parte del comercio electrónico procede de otros continentes. Esto implica una huella de carbono adicional por cada producto, pues el transporte aéreo emite al menos seis veces más que un camión por tonelada transportada, advierte Greenpeace. A esto se añade la enorme cantidad de embalajes que se utilizan durante el Black Fryday. Gran parte del plástico que se utiliza para envolver los productos no es reciclable, y la gran cantidad de cartón que se desecha llega a ser ingestionable, denuncia la misma ONG.

Es una realidad incuestionable que el miedo a salir a la calle, al estar en contacto con más personas e incluso acudir a comercios y superficies comerciales está impulsando más que nunca las compras online en detrimento de las presenciales. Es verdad, como se ha apuntado ya, que muchas tiendas registran en estas fechas sus mejores y más importantes días en cuanto a ventas del año, pero no todo puede estar supeditado a esta circunstancia. Es difícil ahora mismo introducir cuestiones de respeto medioambiental en una situación como la que estamos viviendo, cuando el debate está en si es más importante la salud que la economía. Hasta ese punto hemos llegado. Pero no debemos olvidar tampoco que muchas de las compras que se han realizado durante el Black Friday responden a una lógica puramente consumista. Nadie necesita seis pares de botas en el armario, ni un nuevo móvil cuando el que tenemos en la mano tiene menos de un año…

En este punto, saltan a la palestra conceptos como el de obsolescencia programada. Es un timo de enormes proporciones que muchos productos tengan una fecha de caducidad establecida premeditadamente por el fabricante. Si seguimos con ese uso abusivo y sin sentido de las materias primas de nuestro planeta, nuestro destino como especie es muy oscuro. Es decir, comprar cuando lo necesitemos sí, aunque con matices, comprar por comprar, más bien no. Lo que puede parecer algo inocuo, tiene una trascendencia medioambiental global difícil de cuantificar con exactitud. Tomemos nota de cara a la Navidad.

Jonathan Gil Muñoz
Director de El Guadarramista

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