16 de octubre de 2021, 15:10:26
Cultura y ocio


Ruperto Chapí (compositor, 1851-1909)

Por Antonio Castro


La de Chapí es una de las tumbas del cementerio de San Justo sin el titular más famoso dentro. El compositor fue enterrado allí en 1909 pero al siglo siguiente sus restos serían exhumados y trasladados a Villena.

Es un sepulcro vecino al de su colega Chueca. No resulta especialmente ostentoso. Tiene como elemento destacado una cruz de mármol blanco sobre la que cuelga el lienzo del descendimiento. Sobre la losa de la tumba aparecen varios nombres: Vicenta Selva Álvarez de Ordoño, la viuda, Vicenta y Cecilia, hijas del matrimonio, y en el centro, en diagonal, solo el apellido: Chapí, y los años de nacimiento y defunción: 1851-1909. Suponemos que los restos de las mujeres seguirán en el enterramiento.

La exhumación en San Justo debió producirse el 30 o el 31 de marzo de 2003. Ese último día se registra la llegada del músico a su ciudad natal, noventa y cuatro años después de su muerte. Los restos del compositor fueron enterrados en el Panteón de Ciudadanos Ilustres que para la ocasión había construido el ayuntamiento de Villena en el cementerio local.

Ruperto Chapí nació en esa localidad alicantina el 27 de marzo de 1851. Su padre, José Chapí, era un modesto barbero que inculcó a su prole el amor a la música. Ruperto aterrizó en Madrid en septiembre de 1867 para estudiar en el Conservatorio donde, entre otros maestros, tuvo a Arrieta, Miguel Galiana y Fernández y Grajal. Tras haber obtenido el primer premio del centro, logró plaza en la orquesta del teatro-circo de Rivas, que estaba en el paseo de Recoletos. En 1873 logró ir pensionado a la Academia de Bellas Artes de Roma, donde compuso su primera ópera, La naves de Cortés. El éxito le vino dos años más tarde al estrenar en el teatro Real La hija de Jefté, a la que seguiría Roger de Flor, 1878. Para entonces ya estaba casado con la madrileña Vicenta Selva. Tuvieron seis hijas y tres hijos. Su hija Vicenta falleció ocho antes que su padre.

Fue en esa época cuando se animó a escribir zarzuelas de manera continuada. De su extensa producción en nuestro género lírico, se recuerdan -y se programan esporádicamente- títulos como La tempestad, 1882, La bruja, 1897, El rey que rabió, 1891 o El tambor de granaderos, 1894. Se cuenta que tras el estreno de La tempestad se acercó a abrazarlo su maestro Arrieta, que le dijo: "Hijo mío, me siento más enorgullecido de que hayas sido mi discípulo que de haber escrito Marina y El dominó azul".

Dedico párrafo aparte a La revoltosa, que se estrenó el 25 de noviembre de 1897 con libro de López Silva y Fernández Shaw. Por su duración pertenece al género chico pero es, junto a La verbena de la Paloma, la zarzuela más madrileña y una de las más representadas en toda la historia. Raro es el año que no se repone en algún teatro. Sobre su estreno publicó La Época (27-11-1897):

Si el libro es tan bueno, tiene tanto arte y es, por todos conceptos, digno del éxito que obtuvo, la música que le ha puesto Ruperto Chapí acabó de remachar el clavo. De pura cepa española desde la primera nota hasta la última, todos los números miran al inagotable depósito de nuestros cantos populares. Seguidillas manchegas, guajiras, jotas, ¡qué sé yo! Aquello es un arsenal, un museo de canciones, de melodías y de ritmos populares, tratadas como sólo Chapí sabe hacerlo.

Don Ruperto murió en Madrid el 25 de marzo de 1909 a consecuencia de una pulmonía. Un mes antes había obtenido otro gran triunfo en el teatro Real con el estreno de Margarita la tornera, la ópera que se convirtió en una de sus mejores obras. Una recopilación publicada tras su muerte permitió conocer que había compuesto doscientas seis obras. De ellas ciento veinticuatro fueron zarzuelas de un acto. Que su cadáver no se encuentre ya en la ciudad no resta para que tenga otro espléndido recuerdo. Se trata del monumento erigido en el parque del Retiro el año 1921. Fue una iniciativa de la Sociedad de Autores Españoles, que encargó el proyecto al escultor Julio Antonio Rodríguez. No olvidemos que Chapí fue uno de los fundadores, en 1893, de la actual SGAE. El entierro fue una de las grandes manifestaciones de duelo de la ciudad. El cortejo fúnebre salió del número 20 de la calle Arenal, donde vivía el maestro. Varias horas antes de salir el duelo la muchedumbre se congregó ante la casa obligando a establecer un dispositivo policial para mantener el orden. El Ministro de Instrucción Pública presidió el cortejo, que recorrió el centro de Madrid, con paradas ante los teatros Apolo, Zarzuela y Real. La Sociedad de Autores pidió al Ayuntamiento que la calle Arenal pasara a llamarse de Ruperto Chapí, lo que no se consiguió. Sí lleva su nombre actualmente un paseo por detrás del parque de la Bombilla, que desemboca en el de Camones.

Ruperto Chapí

Cementerio de San Justo

Patio de Santa Gertrudis, sección cuarta

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