30 de noviembre de 2020, 9:46:27
Opinión


Una cesta de la compra más sostenible

Por Jonathan Gil Muñoz


Algo tan cotidiano como hacer la compra en un ‘súper’, nos puede servir para percatarnos de lo mucho que tiene que cambiar el sector alimentario para ser plenamente sostenible

Está claro que en nuestras manos está hacer posible que nuestra sociedad sea más sostenible. En este sentido, es verdad que desde hace décadas se van dando pasos en esa dirección, pero no siempre a la misma velocidad. Mientras que a la ciudadanía se le exige, e incluso se auto impone voluntariamente, comportamientos medioambientalmente responsables, hay mucho que hacer en sectores como el de la alimentación, donde todavía podemos ver actitudes que distan mucho de ser sostenibles o eficientes en el uso de la energía.

Una tarea tan habitual como ir al supermercado para hacer la compra nos sirve, si estamos atentos, para darnos cuenta de muchas cuestiones que necesitan urgentemente un cambio radical. Aunque no es extensivo a todos los establecimientos, lo primero que podemos apuntar en nuestra libreta es el derroche de energía en el pasillo de los refrigerados. Allí, las cámaras se mantienen sin cerramiento alguno, lo que deriva en un gasto energético brutal con el objetivo de para mantener los productos a la temperatura idónea para su conservación. Aquí se impone la estrategia comercial sobre la sostenibilidad. Una cámara cerrada es menos atractiva para el cliente de un supermercado que una en la que los alimentos están al alcance de la mano sin ninguna barrera. Algo que parece ser más importante incluso que la factura eléctrica del establecimiento, aunque derive de forma directa en más emisiones de gases de efecto invernadero dependiendo del origen de esa electricidad que se malgasta.

Esto puede ser lo que más salte a la vista, pero no es lo único que podemos anotar. Sin pretender hacer un listado exhaustivo, también tenemos que ser conscientes del sobre empaquetado de muchos productos. De nuevo el marketing se impone a la sostenibilidad. Muchas empresas lo que pretenden es que el consumidor se vea atraído por unas marcas frente a otras por el volumen de su empaquetado, aunque luego contengan menos cantidad neta que otras. Y luego viene el uso de plásticos sin ton ni son en la sección de frutería. El embalaje de tomates, plátanos, pepinos, etc., en bandejas de plástico cuando podrían venderse al peso no tiene sentido, originando la producción de una mayor cantidad de basura en nuestros hogares. En este sentido, la venta a granel se podría aplicar sin problemas a la venta de lentejas, arroz, judías y un largo etc., lo que evitaría la producción de una enorme cantidad de envoltorios de plástico. Es decir, que hay mucho margen de mejora medioambiental en el sector.

A la vista de lo anterior, no parece justo que siempre tenga que ser el ciudadano de a pie el que dé ejemplo en su día a día manteniendo un comportamiento ejemplar con el correcto reciclado de basuras, el uso del agua, etc. Es verdad que en nuestra mano tenemos la posibilidad de hacer que nuestra vida sea lo más ecorresponsable posible, pero no estamos solos. La industria alimentaria, y todas las demás, son las que tienen que dar ejemplo e ir por delante marcando el paso con su responsabilidad social empresarial, eso que ahora está tan de moda y que tan bien queda en los anuncios y eslóganes comerciales.

Jonathan Gil Muñoz
Director de El Guadarramista

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