22 de octubre de 2020, 6:41:03
Social


Asociación Ginso: oportunidades formativas para los más vulnerables

Por MDO


La asociación Ginso trabaja en beneficio de niños y adolescentes desde hace dos décadas y muestra especial sensibilidad con quienes presentan más dificultades para integrarse en la sociedad: menores en riesgo de exclusión. La institución facilita su inserción sociolaboral a través de programas innovadores donde se fomentan valores como la cooperación, el respeto y el compromiso. A través de Recurra Prevención, forman a docentes y a otros profesionales en contacto con la infancia para ampliar sus herramientas a la hora de evitar o solventar problemáticas como las adicciones, la violencia filioparental o el abandono escolar. Para prevenir este último, recomiendan a estos jóvenes cursar estudios de Formación Profesional por su carácter práctico y su relación directa con el empleo.

Los menores y jóvenes en riesgo de exclusión o inmersos en situaciones de conflicto social constituyen el colectivo sobre el que pivota la actividad y razón de ser de Ginso. Desde 2001, la asociación promueve la integración sociolaboral de este segmento vulnerable de la población creando oportunidades para ellos a través de programas de prevención e intervención.

En sus cerca de dos décadas de trabajo han atendido a más de 10.000 niños y adolescentes en sus centros con el apoyo de un equipo especializado de casi 800 profesionales. A lo largo de su trayectoria, se ha consolidado como una institución de referencia en el entorno nacional en su área, un hecho que ha motivado a las Administraciones Públicas a requerir su colaboración de manera habitual.

Ginso establece el ‘superior interés del menor’ como primer criterio en cada uno de sus innovadores proyectos y ejerce una labor social en la que la prioridad la marca la reducción de la delincuencia juvenil, a fin de promover sociedades seguras, inclusivas e igualitarias en el acceso a los recursos. Creen en las segundas oportunidades y, en este camino, la educación juega un papel determinante y la Formación Profesional forma parte del proceso.

La asociación asume la atención integral de las necesidades de los menores en los ámbitos formativo, asistencial, ocupacional y de ocio con el objetivo de facilitar su inserción en la sociedad y en el mercado laboral. Para ello, apuesta por la filosofía de la prevención, la cual desarrolla en programas como Recurra, que también combina la intervención con jóvenes en conflictos con sus familias.

Recurra Prevención

En esta línea, Ginso y el doctor Javier Urra, que comparten motivación y trabajo por el bien de la infancia, impulsaron Recurra Prevención en 2011. La iniciativa aborda en su conjunto aquellos temas que preocupan y ocupan a la sociedad para poder prevenirlos desde dos ejes diferentes y complementarios: impartir formación y aplicar el programa de prevención escolar ‘Generación Convive’ en colegios e institutos.

El proyecto parte de la experiencia de Recurra Intervención, que en sus nueve años de vida ha ayudado a más de 2.000 menores y a sus núcleos familiares a través de una consulta ambulatoria y también del Centro Terapéutico Campus Unidos. Su índice de éxito del 80 por ciento le avala como precedente y agente cooperador de Recurra Prevención.

A través de este servicio, Ginso canaliza sus propuestas para evitar que los menores se vean inmersos en escenarios problemáticos. Para ello, la actuación temprana resulta determinante, ya que gracias a ella se dota a las personas de las herramientas que les permitirán afrontar con garantías entornos adversos. En este sentido, la asociación destaca la educación como la mejor forma de prevención y focaliza sus esfuerzos en ofrecer formación tanto a profesionales como a progenitores. A partir de las pautas establecidas, estos guiarán a alumnos e hijos hacia la adopción de conductas prosociales y los valores que las definen: cooperación, respeto, corresponsabilidad y compromiso.

La vertiente formativa de Recurra Prevención se caracteriza por la máxima ‘educarnos para educar’, ya que aboga por el aprendizaje continuo de todos los profesionales que mantienen contacto con niños y adolescentes: profesores, educadores sociales, monitores de ocio y tiempo libre, de comedores y de extraescolares, trabajadores sociales, enfermeras y personal no docente de los centros educativos, entre otros. Estos trabajadores de las ramas educativa, sanitaria y social se enfrentan cada día a nuevos retos derivados del entorno cambiante en el que vivimos. Por ello, resulta de vital importancia que actualicen los procedimientos que adquirieron en su aprendizaje inicial. Las acciones que entrañan peligro varían, así como también lo hacen los métodos para combatirlas, basados en la investigación y la experiencia. En este marco, Ginso provee a estos trabajadores de las herramientas para solventar o evitar problemáticas antiguas y nuevas tales como la violencia filioparental, las adicciones con o sin sustancias, la pertenencia a grupos extremistas o sectas, el suicidio, las dificultades con la realidad corporal, el abandono escolar, la violencia de género o los trastornos de la alimentación. Durante la formación, los participantes se nutren de conocimientos novedosos, del saber del especialista que imparte el curso o seminario y de los testimonios de los compañeros, que comparten sus casos, dudas y opiniones.

La formación permite a los profesionales adelantarse a situaciones conflictivas con las que todavía no se ha encontrado. Esto minimiza los riesgos asociados a un mal afrontamiento de los problemas, como la autopercepción negativa, la escasa valía, la baja autoestima o las dificultades en las relaciones con los demás. Los docentes y otros trabajadores vinculados con los niños podrán educar así desde el ejemplo, pues mostrarán a los menores la importancia del aprendizaje continuo más allá de la educación formal, ampliando intereses y horizontes personales y profesionales.

Recurra Prevención se completa con ‘Generación Convive’, un programa de convivencia escolar en el que se fomenta la educación en valores y la inteligencia emocional. La iniciativa busca fortalecer el vínculo y la confianza entre el profesorado y el alumnado. Asimismo, Ginso ayuda a los estudiantes a relacionarse consigo mismos y con los demás mientras sus familias son partícipes del proceso.

Este proyecto se desarrolla en los centros educativos, que se convierten en espacios donde priman el respeto, la empatía y la aceptación propia y del otro para afianzar relaciones personales sanas. Esta convivencia amable se consigue a partir de la reflexión y el debate, además de mediante juegos y una plataforma digital que conjuga los beneficios de la tecnología y el trabajo en el aula. Los cursos están destinados a alumnos desde Sexto de Primaria hasta Cuarto de SecunSecundaria, un rango de edades fundamental en el desarrollo de las habilidades sociales.

Menores en riesgo de exclusión social

La dedicación en pro de la infancia de Ginso se acentúa en los niños y adolescentes en riesgo de exclusión social, es decir, aquellos que pertenecen a grupos “total o parcialmente excluidos de una participación plena en la sociedad en la que viven, viéndose privados de opciones consideradas fundamentales para el desarrollo humano”, en referencia a la definición de Hernández (2008) citada por Agost y Martín (2012:132). La asociación dedica a este colectivo una especial atención e incide en que la Formación Profesional constituye una de las modalidades educativas que más se ajustan a sus circunstancias.

En una visión general, estos menores se enmarcan en un contexto social en el que conviven con carencias educativas a nivel familiar, patrones de desestructuración, dificultades vinculares, pautas educativas inconsistentes y parentalización temprana. También pueden presentar patrones de personalidad y conductuales basados en la alta impulsividad, déficits de autocontrol, sesgos cognitivos y dificultades de interacción social, condiciones que les impiden adaptarse a espacios normativos normalizados como la propia escuela. De este modo, los desajustes en el ámbito escolar son comunes y en muchos casos derivan en desfases curriculares que terminan con un prematuro abandono escolar.

La asociación Ginso fomenta entre estos adolescentes cursar una Formación Profesional, pues entraña muchos beneficios psicológicos para ellos. Por un lado, mejora su autoconcepto y aumenta su autoestima al brindarles la pertenencia a un grupo de referencia positivo, un hecho que influye en que se sientan capaces y animados para incorporar conocimientos tanto teóricos como prácticos. Por otro, también les reporta beneficios psicosociales, al ejercer como trampolín de acceso al mundo laboral y, con ello, multiplicar su plena inclusión en la sociedad. Conseguir un empleo remunerado supone para ellos modificar su autopercepción, liberándose de etiquetas sociales y estereotipos que los limitan.

Plantear itinerarios formativos clásicos para estos menores puede redundar en sus problemas, sin conseguir beneficios ni cumplir con el objetivo primordial: que completen unos estudios que los capaciten para afrontar una inserción sociolaboral casi inmediata. Por ello, para estos jóvenes propensos a dejar el sistema escolar a edades tempranas, se han establecido las Aulas de Compensación Educativa (ACE) y las Unidades de Formación e Inserción Laboral (UFIL).

Las primeras acogen a estudiantes que cumplan 15 años de edad durante el año natural en que se inicia el curso escolar. Los alumnos siguen el currículo de la Educación Secundaria Obligatoria (ESO) aunque adaptado a sus capacidades, intereses y necesidades, por lo que tiene un enfoque eminentemente práctico. Las materias se dividen en tres ámbitos: lingüístico-social, científico- matemático y práctico. Este último resulta el más atractivo y motivante para los chicos, pues ven en él una oportunidad real de incorporarse al mercado de trabajo al adquirir conocimientos de artes gráficas, automoción, cocina, confección industrial, electricidad o peluquería. Al término de estos programas, pueden dar continuidad a los mismos a través de la Formación Profesional Básica o las UFIL.

En cuanto a la propia FP Básica, resulta una opción muy apropiada para estos jóvenes que viven en entornos muy complejos. Esta modalidad ha sido diseñada para los menores que no estén en condiciones de obtener el Título de Enseñanza Secundaria Obligatoria pero, a la vez, muestren interés por las titulaciones de Formación Profesional.

Aquellos que se decanten por esta vía deberán haber cumplido los 15 años o hacerlo durante el año natural en curso y no superar los 17 en el momento en que se tramite la solicitud ni durante ese mismo año. Asimismo, también se impone como condición indispensable haber cursado el tercer curso de ESO o, de forma excepcional, haber completado el segundo curso y ser propuesto por el equipo docente a sus padres, madres o tutores legales para incorporarse a un ciclo de FP Básica.

En la Comunidad de Madrid se encuentran disponibles diferentes perfiles dentro de esta propuesta educativa, como servicios administrativos, cocina y restauración, informática y comunicaciones, electricidad y electrónica, reforma y mantenimiento de edificios, peluquería y estética o mantenimiento de vehículos. Todas ellas profesiones con un componente práctico elevado que, de nuevo, estimula a estos alumnos en riesgo de exclusión social. Para aquellos dispuestos a ampliar sus estudios, elegir el camino de la Formación Profesional Básica los faculta para acceder a la FP de Grado Medio y/u obtener el título de Graduado en Educación Secundaria Obligatoria si superan una evaluación final.

Las Unidades de Formación e Inserción Laboral (UFIL) representan otra de las posibilidades para que estos menores prolonguen su estancia en las aulas. Las mismas se orientan a alumnos con necesidades educativas específicas y el Gobierno regional madrileño ha implantado en ellas los programas profesionales de modalidad general. Estos se adecúan a los jóvenes que, perteneciendo a colectivos de población en desventaja por motivos de origen social, económico, cultural o étnico, presenten especiales dificultades de inserción laboral, así como a menores bajo medidas judiciales o procedentes de la Dirección General de Infancia, Familias y Natalidad y de la Agencia de la Comunidad de Madrid para la Reeducación y Reinserción del Menor Infractor.

En este caso, se trata de proyectos formativos con una duración total de entre uno y dos años que proporcionan a los alumnos conocimientos en campos como la fontanería, la carpintería, la hostelería y cocina, la peluquería, la electrotecnia o las telecomunicaciones. El componente teórico se acompaña de prácticas en distintos recursos profesionales e incluso con el acceso a un puesto de trabajo en calidad de formación en el que en cada caso se realiza un seguimiento posterior de su desempeño.

Ginso defiende y resalta la pertinencia del establecimiento de estas opciones formativas estimulantes y de carácter práctico, ya que contribuyen a agilizar la inserción laboral de los menores con dificultades para mantenerse motivados. Además, aboga por que estos alumnos no sean expuestos a contextos excesivamente teóricos o con una larga prolongación temporal de los cursos, ya que por su naturaleza necesitan una percepción de recompensa, vista esta como un puesto de trabajo, más cercana en el tiempo.

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