27 de octubre de 2020, 4:29:31
Medio Ambiente


Aguas residuales: la nueva mina urbana de Madrid

Por MDO


Una gestión sostenible y eficiente de las aguas residuales puede producir energía verde y reducir el impacto sobre el entorno de lo que vertemos a las alcantarillas. Es lo que consigue Canal de Isabel II mediante un adecuado tratamiento con depuradoras que convierten este residuo líquido en un yacimiento urbano inagotable al servicio de la economía circular. En el Día Mundial del Medio Ambiente nos acercamos a este proceso que se lleva a cabo en nuestra propia región.

“El vertido que más produce una ciudad es el residuo líquido”, asegura Miguel Ángel Gálvez, subdirector de Depuración y Medio Ambiente de Canal de Isabel II. “Todos pensamos en el cubo de la basura y en el residuo sólido urbano porque producimos 400-500 kilos al año, pero de agua residual producimos 70.000 kilos anuales”, puntualiza.

Preservar el entorno y evitar que se agoten los recursos naturales son los objetivos de Canal de Isabel II, que apuesta por la triple R, reducir, reciclar y reutilizar, un principio de sostenibilidad que empieza a imponerse sobre la ya vieja costumbre de usar y tirar. Es decir, obtener productos alternativos, reciclados y reutilizables, a partir de los residuos que recibe en sus instalaciones y trata en las plantas de depuración. Reutilizar todos estos productos forma parte de su estrategia contra el cambio climático y la descarbonización de su actividad.

Para Canal de Isabel II, los desechos han pasado de representar un problema a verse como una oportunidad. Ya no son el eslabón final de la cadena, sino que ocupan un paso intermedio al dar origen a nuevas materias primas y formas de energía. De este modo, las plantas de depuración de aguas residuales consiguen recuperar y transformar los residuos a pesar de la carga contaminante que arrastran, y extraer de ellos combustibles, carburantes, fertilizantes, compost, agua regenerada o energía eléctrica y calorífica.

La estruvita, el “oro blanco”

Las aguas residuales que cada día generamos en las ciudades son conducidas por la empresa pública hasta depuradoras donde las somete a procesos complejos que permiten devolverlas a los cauces de los ríos en las condiciones establecidas en la legislación vigente. En las 157 depuradoras de las que dispone el Canal ha incorporado distintas tecnologías que permiten aprovechar y dar nuevos usos a los residuos que transportan las aguas residuales de la Comunidad de Madrid.

La estruvita es uno de los subproductos obtenidos de la depuración del agua. El fósforo presente en los residuos líquidos puede cristalizarse de manera controlada y dar origen a este fertilizante de alto valor. “Gracias a recuperar el fósforo a partir del agua residual se produce la democratización de la producción y ya no dependemos de terceros países”, señala Miguel Ángel Gálvez. “Es un poco por donde va la Unión Europea. El propio comisario dijo que no tiene sentido que Europa importe seis millones de toneladas al año cuando muchos de los recursos que se producen en la UE ya encierran el propio fósforo”.

En la actualidad, Canal de Isabel II cuenta con la mayor planta de producción de estruvita del país. Se encuentra localizada en la EDAR Sur, propiedad del Ayuntamiento de Madrid, donde pueden llegar a producirse dos toneladas diarias del considerado “oro blanco” de los residuos, por su alto contenido en fósforo, un elemento indispensable para la vida, que no es renovable ni se puede sustituir. “Todo viene de las minas, no hay forma de producirlo de manera sintética, pero gracias al agua residual las ciudades van a poder convertirse en yacimientos de fósforo”.

Gálvez aporta otra ventaja. “El fósforo importado de las minas tiene cadmio, un metal que echamos en los campos” de forma nociva. La mayor fuente de cadmio en Europa es el fósforo importado, así que “si recuperamos el fosforo del agua residual evitaríamos ese cadmio aplicado en los suelos europeos”, sostiene este experto que celebra que a mediados del año pasado se aprobara el nuevo reglamento europeo para la producción de fertilizantes a partir de residuos. “Eso sí que es una apuesta por la economía circular, eso ya son hechos, porque abre la puerta, a partir de los residuos, a obtener fósforo, que es un fertilizante”. De hecho, las plantas requieren un adecuado suplemento de fósforo para crecer de forma óptima y no hay otro nutriente que pueda ejercer sus funciones.

La agricultura se beneficia doblemente del tratamiento de las aguas residuales. También el lodo deshidratado que se extrae de ellas se comporta como abono orgánico que fertiliza y mejora la estructura de los suelos agrícolas, donde se puede aplicar para beneficiar a las cosechas.

Fangos que producen biogás

Otra importante utilidad de los lodos que arrastra el agua residual es la de generar energía. Los fangos que concentran la contaminación y se retiran del agua residual son tratados en grandes digestores hasta producir con ellos una energía renovable muy versátil, el biogás, cuyo poder calorífico permite obtener calor, electricidad o carburantes para vehículos.

El biogás es una gran oportunidad. De hecho, el Ministerio tiene abierto el proceso de consulta pública de la Hoja de Ruta del Biogás en España”, apunta Gálvez, quien destaca que en nuestro país “cuenta con un enorme potencial no solo en depuración sino, también en residuo ganadero: en España se sacrifican al año 800 millones de animales, eso supone producir mucho estiércol y producir mucho biogás”.

Canal de Isabel II obtuvo más de 54 millones de metros cúbicos de biogás durante 2019. A partir de este gas, generó casi 100 millones de kilovatios hora en las 13 instalaciones de producción eléctrica de las que dispone, el equivalente al consumo eléctrico anual de una población como Valdemoro, con más de 75.000 habitantes.

Para entender el valor del biogás, este experto de la empresa pública nos recuerda que en la región se han estado depurando las aguas residuales de 6 millones y medio de habitantes más 10 millones de turistas. “Todos esos residuos bien almacenados y tratados por digestión anaerobia producen biogás. Ese biogás lo podemos introducir en un motor con generación y producir electricidad o calor”.

Pero las posibilidades del biogás no se reducen a la generación de electricidad, como declara Miguel Ángel Gálvez. “Ese biogás tiene una composición de en torno a un 65 por ciento de metano y un 35 por ciento de CO2. Si le quitamos ese CO2 podemos convertirlo en biocombustible y utilizarlo en vehículos”, una utilidad que el Canal está testando en tres de las instalaciones de depuración que gestiona: La Gavia (Vallecas), Butarque (próxima a Perales del Río) y Viveros (Puerta del Hierro). Allí ha instalado las conocidas como ‘gasineras’, donde más de una veintena de automóviles pueden repostar biometano, un combustible 0 emisiones y con gran poder calorífico. “Con todo lo repostado por los vehículos allí podríamos haber dado entre 40 y 45 vueltas al mundo”, calcula.

Los vehículos que utilizan biogás no despiden partículas ni dióxido de azufre y sus emisiones de CO2 son nulas “ya que ese biogás, al ser de origen humano, no provoca efecto invernadero. Por lo tanto, son emisiones neutras”, aclara Gálvez. Del mismo modo, su uso reduce tanto los óxidos de nitrógeno desprendidos (un 85 por ciento menos) como las emisiones acústicas (un 50 por ciento).

Economía circular en el ciclo del agua

Todas estas acciones forman parte del Plan Estratégico del Canal de Isabel II mediante el cual pretende impulsar la calidad medioambiental y la eficiencia energética en la gestión del ciclo del agua a través de procesos relacionados con la economía circular y la producción de energía.

Pero, además de aprovechar los elementos que arrastra el agua residual, “también podemos recuperar la propia agua, darle una segunda vida”, apunta Gálvez. Aparte de someterla a un proceso de depuración para que vuelva a los cauces, “se le puede dar un tratamiento terciario” que la hace apta para el abastecimiento en usos que no demanden la máxima calidad. “Es decir, ¿qué hacemos regando el césped con agua potable? ¿Qué hacemos baldeando las calles con agua potable?”, se pregunta. De este modo, el agua regenerada “permite liberar presión sobre la potable” al ser utilizada para el riego de zonas verdes y campos de golf, el baldeo de calles e incluso en usos industriales. De hecho “tenemos la primera referencia europea en producción de papel cien por cien reciclado a partir de agua cien por cien reciclada, que está en Fuenlabrada”, cuenta el subdirector de Depuración y Medio Ambiente de Canal de Isabel II.

Solo en 2019, esta empresa produjo 122 millones de metros cúbicos de agua regenerada en los 32 tratamientos terciarios con los que cuenta en la Comunidad de Madrid. “La principal preocupación de Canal es garantizar el suministro de los ciudadanos en cantidad y calidad y tenemos un problema de desequilibrio. La población, más o menos, siempre demanda la misma cantidad de agua, pero no todos los años llueve lo mismo. Hay un desfase entre oferta y demanda y no nos queda más remedio que buscar recursos no convencionales y el más eficiente es el agua regenerada”, reitera.

Casi 16 hectómetros cúbicos de esa agua regenerada se destinaron al riego de más de 2.800 hectáreas de 24 municipios de región gracias a una red de distribución de más de 650 kilómetros. “Es el equivalente a llenar el embalse de Navacerrada y el embalse de La Jarosa con toda el agua que producimos” calcula Miguel Ángel Gálvez, cuya idea es ir a más, “llegar cada vez a más sitios e intensificar el uso de agua residual para conciliar la oferta y la demanda”.

Plan ‘0 Kilovatios’

Por otra parte, la empresa pública lleva años siendo la que cuenta con mayor potencia instalada en generación de energía eléctrica para autoconsumo en la Comunidad de Madrid, con un total de 107 megavatios. A través del Plan de Generación Limpia ‘0 Kilovatios’, su desafío ahora es llegar a ser capaz de producir toda la electricidad que precisa sirviéndose de las energías renovables y la higienización masiva de lodos de estaciones depuradoras de aguas residuales (EDAR) para aprovechamiento agrícola.

“Ahora mismo estamos en torno a un 60-65 por ciento, pero nuestro plan estratégico es dar el gran salto y queremos llegar al 100 por cien como muy tarde en 2030, pero nos gustaría intentarlo en 2025”, dice el subdirector de Depuración y Medio Ambiente. Para eso se realizan importantes inversiones que les permitan aumentar la capacidad instalada y toman como modelo Costa Rica o la isla del Hierro. “Son capaces de autoabastecerse con sus recursos, el problema es que aquí no hay viento”.

En ambos ejemplos se aprovecha ese recurso natural para bombear el agua al embalse, que por la noche se vacía para producir electricidad. “En la Comunidad de Madrid no se puede porque no es ventosa. Tenemos que ir a la recuperación de energía en otros puntos, por ejemplo, en embalses, que ya lo hemos hecho en todos, o en conducciones”. Por ello, desde Canal se apuesta por las microturbinas colocadas en las conducciones que frenan el agua cuando se embala y “ese frenazo produce electricidad”. “Sabemos que hacer llegar el agua a las casas demanda mucha energía eléctrica, pero podemos exprimir mucha de esa energía que también encierra el agua”, concluye.

En definitiva, las instalaciones de gestión del agua residual del Canal se han convertido en auténticas biofactorías de este siglo capaces de producir energía, generar combustibles vehiculares, convertir lodos a fertilizante agrícola, obtener estruvita y regenerar agua para el abastecimiento, todas ellas acciones alineadas con el compromiso medioambiental y de contención del cambio climático de la empresa pública.

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