22 de septiembre de 2020, 22:17:11
Opinión


¡Hasta la suerte está confinada!

Por Esther Ruiz Moya


¡Otro día de este mes de Mayo raro!

Y ya se cumplen dos meses de confinamiento y ahora nuestro Presidente dice que “queremos transitar a una nueva normalidad con un estado de alarma distinto...” Pero claro, sin saber ni qué es la nueva normalidad ni cómo es un estado de alarma diferente. En fin, ya nos estamos acostumbrando a esto de hablar sin decir nada. Es otra de las cosas del COVID 19 y su potente efecto anestésico, que ya escuchamos discursos vacíos y todos nos suena a lo mismo.

Y mirando mi bolso me he encontrado con un resguardo de lotería, de Euromillones. Con fecha 13 de Marzo y supongo que si probé suerte es porque vería un bote de esos que te cortan la respiración, pero la verdad es que ni me acordaba. Vamos, que igual soy una multimillonaria confinada y yo sin saberlo. Y la verdad, es que hasta ahora no había caído, pero esta es otra de las cosas que han cambiado. Ya no hay sorteos de lotería ni de la ONCE. Esos kioskos que forman parte del paisaje de todas las ciudades, de cada pueblo, siguen cerrados... Esos vendedores de cupones y de lotería que formaban parte de nuestro día y día tampoco están.

También la suerte ha sido confinada. Esa suerte en la que no confiamos pero a la que nos agarramos. Esa lotería que echamos pensando que no nos va a tocar, pero deseando que nos toque. Ese cupón con una paga para toda la vida y que suponemos que nos va a dar seguridad. Ese número que jugamos de siempre y que nunca ha tocado, pero... ¡Y si toca! Ese billete de lotería que regalamos a alguien que lo necesita con la esperanza de que le haga la vida más fácil. Esos sorteos extraordinarios, que cómo no vamos a jugar si juega todo el mundo. Esa suerte con la que soñábamos para pagar la hipoteca, cambiarnos de casa, ayudar a los nuestros, un año sabático, irnos de compras sin mirar etiquetas, viajar, vivir en unas eternas vacaciones...

La lotería es una de esas cosas a las que no le puedes poner lógica, porque si es por probabilidad, no jugaríamos nunca. Pero que tiene ese punto de superstición y de ilusión por el que nos gusta pensar que nos va a tocar. En un sorteo de lotería hay mucho más que azar. Es echar la mente a volar, y “tú qué harías”. Y dependiendo de la cantidad ya la tenemos distribuida. Y cuando empezamos a destinar cantidades, nunca es suficiente... Porque salvo en Navidad que casi todo el mundo dice eso de “tapar agujeros”, el resto de los premios que quieres que te toquen es para retirarte. Quieres que te toque, pero que te toque de verdad. Y cuando no te toca, nunca más vas a echar, pero vuelves a hacerlo. Y ya nos veíamos descorchando una botella de champán, celebrando esa lluvia de millones que creíamos nos iba a cambiar la vida, sin darnos cuenta de las muchas cosas que nos cambian la vida y que no dependen del dinero.

Y es que, lo que realmente te puede cambiar la vida es lo que no esperas, lo que viene sin avisar. Lo que llega y no sabes por dónde. Que eso puede que sea también azar porque se escapa de nuestro control, pero es que el azar no siempre viene en forma de suerte, aunque condicione nuestras vidas. Cuántas veces decimos eso de que la “vida es una lotería” y aunque lo dijéramos sin pensar, puede que sea verdad. Una lotería que igual hace que tengas ese golpe de suerte y la vida te sonría. O que encuentres el amor de tu vida sin buscarlo. O por el contrario, que una enfermedad desconocida te lleve por delante o se lleve a quien más quieres.

Por eso cuando esto pase, que pasará... Recordaremos que hubo un virus que en su empeño de que nada fuera igual, se puso a confinar y confinó hasta la suerte. Y con ella muchas ilusiones y también el trabajo de mucha gente, incluso una importante labor social que mejoraba la vida de muchos colectivos. Y nos dimos cuenta de que el azar no siempre venía en forma de premios. Que queríamos que nos tocara la lotería para dejar de trabajar y que ahora lo que más queríamos era conservar nuestro trabajo. Y que nuestra mayor lotería en tiempos de coronavirus fue la salud. Y entonces, fuimos conscientes de que el azar era un misterio al que no le podíamos confiar nuestras necesidades, ni mucho menos nuestros sueños.

Esther Ruiz

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