27 de septiembre de 2020, 8:35:05
Opinión


Diario de una pesadilla 26 de abril

Por Nieves Herrero


Ya están los niños paseando por nuestras calles. Ya hay otra alegría, otra esperanza. Detrás de los más pequeños comenzaremos a partir del 2 de mayo los que queremos caminar o hacer deporte, que somos todos. Empieza la descompresión. Se nota en los planes a corto plazo que empezamos a hacer y en las nuevas ilusiones…pero espero que no demos pasos hacia atrás. Hay gente que ya está empezando a relajarse de tal modo que va sin mascarilla al supermercado. Creo que la mascarilla ya es un gesto solidario con la comunidad. Y los primeros que tienen que dar ejemplo son nuestros políticos. No puede ser que nos lleguen videos de políticos en el súper sin mascarilla. No digo el nombre por si es una “fake” pero me lo han mandado desde el Supercor de la Navata, en Galapagar. Me he quedado a cuadros. Tan a cuadros como la camisa remangada que llevaba mientras el escolta iba con su chaqueta blanca y su pantalón negro. No puede ser. Hay una cosa que se llama “predicar con el ejemplo”.

Ayer desinfecté toda mi casa. Se me quedó en la nariz el olor a lejía. Creo que empiezo a aborrecerlo. No me gusta. No es el mejor olor que tengo en mi recuerdo. Si cierro los ojos, pienso en el olor a café en casa de mis padres cuando era pequeña. Incluso, el olor a mar de cada verano, o ese otro olor característico de los bebés recién nacidos. Son olores que se me han quedado grabados y que me hacen irme con la imaginación a tiempos mejores que éste. También el tacto que deja igualmente muchos recuerdos. La mano de mi padre sobre la mía o el calor que desprendía mi madre cuando te acogía sobre su regazo. Imposible de olvidar.

También hoy me dio por lavar con agua y jabón todas las verduras que llegaron a mi casa días atrás y que las dejé en un cuarto haciendo su “cuarentena”. Creo que me estoy volviendo paranoica. Nunca había tenido las manos tan coloradas como ahora. Pero creo que es mejor pasarse que no llegar. Todo lo lavo varias veces. Algún cartón y algún envase se me han abierto después de tanto trapo con lejía o con jabón. Pienso que igualmente tengo que descomprimir las obsesiones. No sé cómo saldré de ésta. Como poco a un psicólogo, seguro.

He notado que cuando suena el timbre de mi puerta, me altero. Tanto que durante unos minutos estoy buscando mi mascarilla, los guantes...mientras grito:” ¡ya voy!”.Abrir la puerta ya es un acto de heroicidad y todavía más heroico que nos traigan las cosas a casa. A todo el que viene acabo aplaudiéndole. Aplaudo a mis vecinos, tanto a los que conozco como a los que no. Hay uno que pone el himno nacional a todo trapo a las ocho de la tarde; otro que está pendiente de quién entra y quién sale del edificio; al que está dispuesto a ayudar antecualquier cosa que necesites. Aplaudo a la señora mayor que grita ¡bravo! Lo hago cada tarde. Al final, aplaudo a todos los que nos están haciendo la vida más fácil.

Estos días de series y documentales estoy profundizando en muchos temas. En las últimas horas, he visto el documental dedicado a Chernóbil cuando se cumplen 34 años de la tragedia. ¿Recuerdan? El núcleo de un reactor de la central nuclear explotó el 26 de abril de 1986. Esa explosión y la liberación de una nube radiactiva que se paseó por el cielo de toda Europa, a excepción de España y Portugal, provocó miles de muertes y secuelas queaún hoy padecen personas y la propia Naturaleza. Se convirtió en el mayor desastre ecológico de la historia. Sucedió en Ucrania, un país entonces integrado en la URSS; cerca de la localidad de Chernóbil. Lo terrible fue como se gestionó todo y el secretismo que impuso la Unión de Repúblicas Soviéticas. Esa nube ha ocasionado muchos problemas de salud y muchas muertes en Europa. Muy mal recuerdo de todo aquello mientras vivimos en esta otra crisis sanitaria de la que ya parece vislumbrarse una luz al final del camino. Esto tan grave también pasará y haremos documentales de la mayor pandemia de la historia reciente. ¡Mucho ánimo a todos!

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