12 de julio de 2020, 12:48:54
Social


Con previsión e inversión, así se ha librado del coronavirus la Residencia Avenida San Luis

Por Ángela Beato


Los 90 mayores de la Residencia Avenida San Luis, en la calle Totana de Madrid, están perfectamente. Esa es la noticia. Encontrar un geriátrico libre de coronavirus cuando las cifras oficiales que maneja la Consejería de Políticas Sociales sitúan en más de 5.000 los fallecidos por esta enfermedad, o con síntomas compatibles, en los centros de mayores de la región entre el 8 de marzo y el 14 de abril.

El secreto, según nos cuenta su directora, Irene Nieto, se resume en una palabra: previsión. Las noticias que llegaban desde Italia le hicieron sospechar que algo similar iba a pasar en España, así que se adelantó a las medidas de aislamiento oficiales decretadas por el Gobierno. “Desde el 6 de marzo recomendamos a los familiares que no vinieran de visita y que, si lo hacían, fuera extremando las precauciones”, comenta Irene.

Dejándose el presupuesto en material de protección

También se anticipó a buscar mascarillas cuando todavía no eran necesarias. Se las ingenió para abastecerse de los tan valiosos Equipos de Protección Individual (EPI) tirando de los proveedores habituales y “buscándome la vida por Internet”, apunta. De modo que en este centro nunca han faltado guantes, mascarillas, batas, calzas y cualquier otro elemento indispensable para proteger a sus 61 empleados y, por extensión, a los residentes. “Guantes siempre he tenido, además mi proveedor no me ha subido los precios. No puedo decir lo mismo de las mascarillas. He llegado a pagar las FPP2 reutilizables a precio de oro, a 25 o 26 euros. Ha faltado un control sobre los precios”, se lamenta Irene, que añade: “Las últimas ya las he comprado a 3,30”.

La residencia dispone, además, de dos generadores de ozono, para la limpieza y la desinfección de todo el edificio dos veces al día. Incluso del calzado, que se quitan nada más atravesar la puerta, igual que la ropa con la que llegan de la calle y que guardan hasta volvérsela a poner cuando acaba su jornada y abandonan el recinto. Aquí no han estimado necesario guardar la cuarentena manteniendo al personal confinado con los ancianos.

El ritual diario de entrada se completa con la toma de temperatura de todo el personal, no solo el que tiene trato directo con los ancianos. Eso incluye a la propia directora de esta residencia de carácter privado, con plazas concertadas con la Comunidad de Madrid en su centro de día, ahora cerrado.

Por supuesto que el virus ha llamado a su puerta. No se ha contagiado ningún auxiliar, que son los que mayor cercanía tienen con los mayores. Pero dos enfermeras y dos empleados de limpieza y cocina han estado de baja por positivo en COVID-19 y con sintomatología asociada, aunque no llegaron a transmitir a nadie la enfermedad. De hecho ya están de nuevo incorporados.

La dirección del centro ha adquirido por su cuenta test rápidos de diagnóstico a los que se someten quienes presentan algún síntoma, para asegurarse de que se mantiene a raya a la pandemia. Algún residente ha estado aislado en una sala, habilitada ex profeso, ante la sospecha de que los cambios en su estado pudieran derivarse de un contagio, pero finalmente el resultado ha sido negativo.

Los residentes, adaptados a la nueva situación

Los huéspedes de la Residencia Avenida San Luis, la mayoría con patologías diversas y ciertas limitaciones, están muy tranquilos. “Qué bien que no vienen los familiares a ‘molestarnos’, dicen la mayoría. Aunque hay otros, los que están mejor, a quienes la distancia de los suyos les tiene más asustados”, comenta la directora. En esos casos la angustia se disipa con una llamada de teléfono o una conexión por Skype con sus familiares a través de las 4 tablets que utilizan para comunicarles con el exterior.

La vida cotidiana de estos mayores ha cambiado ligeramente. Los salones y zonas comunes por los que deambulan habitualmente están ahora más despejados y ha aumentado la distancia entre ellos cuando ven la televisión, comen o realizan actividades de terapia ocupacional. Los que precisan oxígeno se encuentran en sus habitaciones o en el pasillo correspondiente de su planta. Allí almuerzan sin necesidad de desplazarse hasta el comedor. Los ancianos más frágiles permanecen en sus habitaciones, para reducir al máximo un posible contagio. Dada la situación, algunos servicios, como la fisioterapia, se han visto modificados y los residentes más dependientes reciben un programa de ejercicio activo y de movilización individual.

Donde sí está haciendo mella el coronavirus es en la economía de la empresa que gestiona la residencia. Todo el gasto en material está suponiéndoles un gran esfuerzo patrimonial. “Estamos pendientes de solicitar los créditos ICO, porque sin ayuda solo podríamos afrontar como mucho tres meses más”, calcula.

En cuanto al sombrío panorama que trasladan las noticias sobre las residencias de mayores con las que se ha cebado el brote de coronavirus, Irene achaca el alto número de contagios a que “nos dijeron muy tarde que nos teníamos que aislar y, a lo mejor, no se ha visto venir”. Rechaza frontalmente los comentarios que hablan de abandono y defiende a sus colegas, porque entiende que “se les han contagiado muchos a la vez y, si no estás preparado, si no cuentas con medios de protección, resulta difícil contener una situación así”, sentencia.

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