15 de agosto de 2020, 7:49:22
Opinión


El desafío del desconfinamiento inteligente

Por Noelia López y Enrique Martínez Cantero


El 12 de septiembre de 1962, J. F. Kennedy prometió llegar a la luna en una alocución llena de referencias a la ciencia y su servicio a la Humanidad. Un discurso al que sumó todos los recursos y el talento necesarios para su consecución y que constituyó un hito para la gestión pública, porque desafió a lo ordinario para lograr lo extraordinario. Hoy, la cuestión extraordinaria es cómo afrontar un desconfinamiento inteligente frente al coronavirus.

Garantizar la salud pública al tiempo que reducimos al mínimo el impacto socioeconómico del confinamiento es una cuestión que se nos planteará con cualquier nueva pandemia, ahora que sabemos que el riesgo de que se desate una no es despreciable y que las consecuencias son dramáticas.

El único salvavidas viene de la mano de la ciencia y se llama vacuna, pero, en el mejor de los casos, no estará disponible en al menos un año. Por tanto, la vía para salvar el binomio salud-economía es identificar a la población inmune, a la población transmisora y a la población vulnerable para proceder a una reactivación inteligente de nuestro país.

Los inmunes son aquellos que ya han superado el coronavirus, es como si hubiesen recibido la vacuna de forma natural. Los transmisores son los enfermos, las personas sanas o con síntomas leves, que constituyen, además, el mayor peligro para la población vulnerable, la que no ha pasado la infección y es susceptible de enfermar y contagiar al resto. Dentro de los vulnerables, además, hay que tener especial cuidado con las personas de alto riesgo, que pueden serlo tanto por su profesión (personal sanitario, fuerzas de seguridad, participantes en la cadena de distribución alimentaria) como por sus condiciones (mayores, enfermos crónicos, inmunocomprometidos, etc.).

La correcta identificación de la población en estas tres categorías serológicas nos permitiría un desconfinamiento inteligente en el que las personas inmunes al coronavirus podrían volver a cualquier tipo de actividad presencial; la población vulnerable podría regresar a la actividad en espacios controlados y con la protección personal adecuada; mientras que los transmisores esperarían bajo vigilancia médica en cuarentena domiciliaria o en centros médicos si su salud estuviese comprometida.

Esta propuesta es factible integrando el conocimiento científico y biotecnológico, las herramientas de la tecnología de la información y de la logística y la comprensión de la organización humana de las ciencias sociales y económicas, así como el criterio ético de las humanidades. La Comunidad de Madrid cuenta con todos los elementos necesarios (competencias, industria, talento y más) para poner en marcha este sistema y levantar nuestra región, pero hay que integrarlos y coordinarlos.

En conclusión, el desconfinamiento inteligente frente al coronavirus es tan factible como lo fue llegar a la luna. De hecho, ni siquiera representa la utopía que marcó ese desafío. Sólo se necesitan voluntad y habilidad para coordinar el proyecto bajo un liderazgo de consenso, visionario, ejemplarizante y eficaz que desafíe a una nuestra sociedad a preguntarse ¿qué puedo aportar yo?

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