21 de octubre de 2020, 11:56:12
Educación


Lorenzo Ductor, investigador: "Es clave analizar las diferencias de salarios entre hombres y mujeres"

Por Teresa Aísa Gasca


Lorenzo Ductor, profesor de la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales de la Universidad de Granada, lidera un estudio de investigación con el que trata de dilucidar el porqué de las diferencias de rendimiento o productividad entre hombres y mujeres, una investigación que cuenta con la colaboración de la Fundación Ramón Areces.

Para realizar su proyecto, al que ha titulado 'Diferencias de género en productividad y colaboración', Ductor cuenta con la participación del también profesor de la institución granadina Ismael Rodríguez Lara, y con la colaboración de otros coautores procedentes de la Universidad de Cambridge (Inglaterra), Universidad Queen Mary of London (Inglaterra), Universidad de Middlesex of London (Inglaterra), Universidad Carlos III de Madrid (España) y de la Erasmus university of Rotterdam (Países Bajos).

El objetivo del investigador, tal y como relata a Madridiario, es analizar las diferencias de productividad entre hombres y mujeres, un hecho para el cual ha diseñado una estrategia de estudio basada en tres objetivos: constatar si existen esas diferencias, analizar cuáles son los factores que causan esas diferencias en los patrones de colaboración de hombres y mujeres y, finalmente, averiguar si estos patrones también afectan a la hora atribuir a la mujer un puesto de responsabilidad.

Para este proyecto y la realización del análisis se ha seleccionado el campo de la Academia. De esta forma, se van a medir los niveles de colaboración y coautoría entre hombres y mujeres en la realización de artículos científicos, así como en la publicación y difusión de estos en revistas académicas. La decisión, cuenta Ductor, parte de la posibilidad de “observar con quién trabaja tanto el hombre como la mujer para elaborar un producto, en este caso es un artículo científico, algo que sería muy complicado de medir debido a la falta de datos en una empresa privada”.

“Es de vital importancia analizar por qué existen diferencias salariales entre hombres y mujeres, y una de las razones puede responder a las diferencias en términos de productividad”, explica el investigador. Según indica, sobre la producción académica realizada en el espacio temporal elegido para este estudio, desde 1970 hasta el año 2011, “encontramos que las mujeres tienen una producción científica un 19 por ciento más baja que los hombres”.

La hipótesis de Ductor al respecto pasa porque “hay diferencias en la colaboración, las mujeres y los hombres colaboran de manera diferente”. Apoyado en la literatura social sobre networks -redes sociales que se dedican a estudiar cómo las interacciones sociales afectan al rendimiento o a las decisiones que puede tomar un individuo-, Ductor ha comprobado que “las mujeres tienen menos amigos, pero tienen un vínculo más fuerte con ellos, y además esta literatura señala que la probabilidad de que una amiga tenga otras amigas en común con la misma individua es más alta”.

De esta forma, “si estas pautas se mantuvieran en el ámbito laboral” podría darse una menor productividad en el ámbito de las mujeres. De hecho, según Ductor esta afirmación ha sido demostrada teóricamente: “En los trabajos en los que se da un menor número de coautores, una mayor fortaleza y un mayor coeficiente de agrupamiento -que el resto de los coautores estén relacionados entre sí-, hay una menor productividad”.

Sin embargo, lejos de quedarse en lo teórico, el equipo de Ductor ha querido demostrar este hecho de manera empírica. “Hemos querido testar esta teoría empíricamente y ver qué parte del 19 por ciento de la brecha en producción entre hombres y mujeres está marcado por las diferentes pautas de colaboración. Lo que hemos obtenido es que estas pautas explican en torno al 21 por ciento de esta brecha”, asegura el investigador.

¿Por qué?

El equipo de Ductor se ha propuesto como segundo objetivo intentar averiguar por qué las mujeres tienen esas pautas de colaboración o de hacer amigos. “La literatura nos indica, por un lado, que existe una discriminación del hombre (grupo dominante) hacia ellas, algo que daría lugar a que las mujeres tengan mayor dificultad a la hora de establecer coautorías con hombres”, explica el investigador. Además, añade que “existe la idea de la discriminación en la parte productiva, es decir, a la hora de evaluar se ha testado que el comité tiende a descontar más los artículos de las científicas que a los científicos”.

Por otro lado, en estos términos Ductor señala que “la literatura muestra que las mujeres son más adversas al riesgo, por lo que pueden mostrarse más reticentes a la hora de establecer coautoría con otras personas que no conocen”, al tiempo que se aprecia que “los hombres prefieren competir” más que las mujeres.

En este caso, este segundo objetivo quiere ser demostrado a través de un experimento, actualmente en desarrollo, que va a contar con unos 200 estudiantes organizados en grupos mixtos en un laboratorio habilitado con ordenadores, en los cuales van a tener que realizar una serie de tareas. Las decisiones y actuaciones, medidas a través de una serie de tratamientos específicos diseñados por el equipo investigador, tratarán de demostrar si existe discriminación, aversión al riesgo o competitividad, entre otras cuestiones.

Con todo ello, y abarcando ya el tercer objetivo del estudio, se tratará de “ver si hay discriminación hacia la mujer a la hora de atribuir puestos de alta responsabilidad académica, en particular el de editor o editora de revistas científicas”. De esta forma, va a llevarse a cabo un análisis que verifique si hombres y mujeres con las mismas características profesionales, experiencia y relación con la revista o institución en cuestión, tienen las mismas posibilidades de asumir el puesto de editor.

“Para este último punto hemos recopilado información de más de 100 editores y editoras de revistas académicas y científica desde el año 1990 hasta el 2011, y en la actualidad estamos actualizando la base de datos para poder incorporar el periodo de 2012/2018”, explica el investigador. En todo caso, señala, por el momento “observamos que el porcentaje de editoras es muy bajo, un 11 por ciento”, un dato que dista mucho del nombramiento de catedráticas mujeres, de un 21 por ciento en los mismos términos anuales, “un dato que a pesar de ser mayor que el de editoras, no deja de ser muy inferior”, explica Ductor.

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