5 de diciembre de 2020, 4:21:17
Salud


Valentina espera, desde hace más de una semana, a ser incinerada

Por María Cano


Esta es la última historia de Valentina, que tenía 92 años, dos hijas (la tercera falleció) y cinco nietos. El 12 de marzo ingresó en el Hospital de Villalba por una insuficiencia respiratoria y dio positivo en la prueba del coronavirus. Sería la primera infectada oficial de la residencia en la que vivía desde hacía cinco años, Ponderosa Real, en Manzanares El Real. Ahora es una de las que la UME va a desinfectar.
Durante varios días, esta extremeña de Jaraíz de la Vera que vivió gran parte de su vida en Carabanchel se mantuvo estable, pero su organismo no aguantó y empeoró hasta fallecer el 21 de marzo. Más de una semana después, su familia espera aún a que sea incinerada. Toda una vida pagando un seguro de decesos a Santa Lucía no le ha servido para acelerar el proceso final.
Un trabajador de la aseguradora se desplazó hasta el domicilio de una de las hijas de Valentina el mismo día de su fallecimiento y, además de tramitar el papeleo, le explicó que debido al aumento de decesos no podrían incinerarla hasta el miércoles por la noche.
Como no tenían noticias, el viernes 27 la hija de Valentina volvió a llamar a Santa Lucía y le explicaron que su madre aún no había podido ser incinerada porque los hornos no dan abasto con tantos fallecimientos. La mujer que atendió la llamada le dijo que esperaban poder incinerarla a lo largo del sábado, pero la familia sigue esperando noticias... y los restos de Valentina.
Ni siquiera saben a ciencia cierta dónde se encuentra porque dan por hecho que se la llevaron al tanatorio de El Escorial tras su fallecimiento, pero tampoco están seguros.
Cuando por fin incineren sus restos, aún tendrán que pasar otros 15 días, según les han explicado desde la aseguradora, para que les sean enviadas las cenizas al lugar que han elegido para ir a recogerlas: el tanatorio de San Isidro.
Esta mujer que tuvo que salir al campo a trabajar desde muy pequeña tras quedar huérfana de padre, que trajo al mundo tres hijas y deja cinco nietos, que enterró a su marido hace 18 años y a una de sus hijas hace 4, que fue trabajadora, cariñosa y buena... después de tanto trabajar, luchar, sufrir y hacer feliz a los demás murió, como tantos otros en estos días, sin el calor de los suyos al lado, aunque las enfermeras del Hospital de Villalba se desvivieron por ella en todo momento. Fueron sus últimos ángeles de la guarda.
La familia trata de asumir la pérdida aún en shock por la ausencia de realidad que les ayude a hacer el duelo, que se acrecienta con otra ausencia más, la de sus restos. No será fácil para ellos ni para las miles de familias que afrontan estos días, además del dolor, una sucesión de hechos difíciles de imaginar y, mucho más, de digerir.
Uno de esos aplausos de balcones debería convertirse un día de estos en un silencioso y sentido abrazo que traspasara muros y ventanas y les consolara al menos durante unos minutos. Ojalá Valentina y todos los que la siguieron y la seguirán puedan pronto descansar en paz.
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