12 de diciembre de 2019, 19:31:48
Opinión


Los Rectores no tienen derecho a serlo por sus ideologías políticas

Por Jesús Sánchez Martos


La Constitución Española en su artículo 16, nos protege a todos los miembros de la comunidad universitaria de la posibilidad de que un Rector lo sea por sus ideas políticas, aunque en la realidad del día a día algunos puedan contar con el apoyo de los partidos políticos para conseguir un cargo académico que tiene la obligación de respetar a todos y a cada uno de los miembros que conformamos la Universidad libre española. Sin embargo, con estupor y vergüenza hemos asistido a la publicación de varios manifiestos firmados por todos los Rectores de las Universidades Públicas de Cataluña, que cuentan con el apoyo de sus claustros académicos, y en el que advierten que “no hay margen para el silencio de la institución universitaria ante la situación actual de represión y erosión de las libertades y los derechos civiles” exigiendo por otra parte “la inmediata puesta en libertad de las personas injustamente condenadas y el retorno de las personas exiliadas”. A pesar de que algunos Rectores de otras universidades parece que apoyan esta forma de actuar, recuerdan que ellos nunca pasarían por quebrar las normas vigentes.

No deja de ser curioso también que la Conferencia de Rectores de las Universidades Española (CRUE) que, como no puede ser de otro modo han condenado los actos de violencia que los estudiantes han vivido esta semana, haya brindado inmediatamente su apoyo a los rectores catalanes “en su labor de defender las normas fundamentales de convivencia que deben regir en todo momento en un Estado democrático”, pero sin entrar a valorar la legitimidad, que desde luego no tienen, en base a la legislación vigente, de los manifiestos aprobados por sus claustros académicos.

Por último la CRUE en su comunicado dice que “quisiera volver a poner en valor el principio constitucional de la autonomía universitaria como garante de la convivencia en la pluralidad que reflejan nuestras comunidades universitarias”.​

¿Por qué resulta tan difícil entender que la “autonomía universitaria”, el más importante de nuestros valores universitarios, el garante de nuestra libertad se está vulnerando cuando un Rector firma un manifiesto con un contenido totalmente político y alejado de las nobles funciones académicas que deben regir la Universidad española?

Estos manifiestos han sido el detonante para que un grupo de estudiantes embozados, contaran con el permiso del Rector de la Universidad Pompeu Fabra, una de las universidades mas caras de España, para pasar la noche en sus instalaciones y de esta forma poder preparar barricadas con mesas y sillas, que al día siguiente, el martes día 29, hacían imposible la entrada del resto de estudiantes a la Universidad, y siempre con el apoyo de lo que siguen denominando como “piquete informativo” formado por alumnos radicales, que con la cara tapada impedían el paso a los que querían continuar con sus clases, haciendo uso de sus derechos constitucionales.

Al mismo tiempo estos piquetes violentos del Sindicato de Estudiantes de los Países Catalanes, les informaban del comienzo de una huelga indefinida para exigir a las autoridades académicas y por ende a los profesores, que se les permita no asistir a clase y que les ofrezcan unas fechas convenientes para una “evaluación final” y así poder asistir a las manifestaciones de los últimos días y las venideras, en las que algunos independentistas radicales, y otros que ni siquiera lo son, practican como método de coacción la violencia verbal y física a todos los niveles como muestran las imágenes, que sin duda los gobernantes de Cataluña y a la cabeza Quim Torra, utilizan para tratar de blanquear su inaceptable violencia a nivel internacional.

Finalmente, el Rector claudicó ante el claro chantaje de los estudiantes embozados, al vulnerar el derecho universitario que está garantizado por el Espacio Europeo de Educación Superior, mas conocido como “proceso de Bolonia”, porque la “evaluación final” nunca puede evaluar ni conocimientos, ni aptitudes ni competencias, por lo que todos los que defendemos la calidad y la excelencia universitaria, coincidimos en defender y practicar la “evaluación continuada”, que pondera la asistencia a clase, las tutorías, los talleres, los seminarios, los debates, los trabajos de cada asignatura y las prácticas. Una evaluación continuada que consta, como exige la ley y antes de que comience cada curso académico, en la Guía Docente, que es un verdadero contrato que suscribe la Universidad con los estudiantes y que no se puede romper, y menos de forma unilateral, cuando el curso ya ha comenzado. Tendremos que esperar la decisión de la Agència per a la Qualitat del Sistema Universitari de Catalunya en la próxima evaluación de estas universidades. ¿Permitirá esta Agencia de Calidad que las universidades evalúen a sus alumnos con una evaluación final?

En el momento actual somos más de 1.200 profesores de todas las universidades españolas, los que hemos firmado una “carta abierta a todos los rectores catalanes” para que retiren sus comunicados porque carecen de legitimidad moral para pronunciarse sobre cuestiones de orden político en nombre de las personas a las que representan, lo que implica una clara vulneración de nuestro derecho fundamental de libertad ideológica, recogido en el artículo 16 de nuestra Constitución Española.

Y si bien es cierto que ahora Pedro Duque, ministro de Ciencia, Innovación y Universidades apoya nuestro escrito en contra de los manifiestos de los rectores catalanes, también merece la pena recordar que dos días antes decía “no me meto, porque opinar es libre”, mientras que Isabel Celaá, ministra de Educación y Formación Profesional, recordaba en los medios que “el derecho a la protesta no puede conculcar el derecho de los que quieren asistir a clase, y que las universidades tienen que estar abiertas”

Por otra parte, algunos medios de comunicación nos ayudan muy poco a los que defendemos los valores de nuestra Universidad: transparencia, universalidad, tolerancia, autonomía, rigor, pluralidad, respeto, equidad, compromiso social, ética y libertad. Escuchaba esta semana a la Directora Adjunta de La Vanguardia, justificar de algún modo este radical movimiento estudiantil porque según ella, la Universidad ha sido desde siempre el espacio típico de protesta y de huelga de los estudiantes. Querida Directora, la Universidad es mucho más que eso y lamento que no la conozca como quienes dedicamos nuestra vida a ella y con vocación. Como profesor, y de igual modo que el resto de mis compañeros, claro que durante los mas de 40 años que llevo en la Universidad Complutense he vivido situaciones de paros universitarios, de alumnos y profesores, pero siempre y sin excepción he asistido, como tantos otros profesores, a mis clases a pesar de los piquetes formados por algunos estudiantes y profesores radicales, para defender mi derecho de cátedra y el derecho de todos aquellos alumnos que querían continuar asistiendo a clases. Y no por cuestión de valentía, sino por defender aquello que aprendí de joven durante la dictadura de Franco: mi libertad en un país que quiere y debe ser libre a pesar de los totalitarios, radicales y absolutistas.

¿Es la violencia y la vulneración de derechos la única forma que conocen los independentistas radicales y el Presidente Torra para defender sus derechos y libertades? Recordemos una vez más que nadie, nadie en absoluto, al menos en España, un país libre y demócrata, tiene derecho a bloquear ni la Universidad catalana ni cualquier otra Universidad española, ni a imponer a nadie sus ideologías políticas, porque el respeto a todos es su seña de identidad.

Jesús Sánchez Martos

Catedrático de Educación para la Salud

Universidad Complutense de Madrid

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