15 de diciembre de 2019, 9:09:50
Opinión


El valor de la mentira

Por Pedro Fernández Vicente


Es una pena, pero tengo la sensación de que aquellos que no respetan lo que dicen, los mentirosos, van un paso por delante. Cuando la masa se percata de sus maneras, de sus intenciones y de sus traiciones, ya es tarde. Ellos ganan en el presente, y en el futuro se disuelven como la espuma. Ya no necesitan la comprensión de su entorno. Ya da igual, ya no se puede hacer nada.

El día 10 de noviembre nos vamos a enfrentar a un nuevo proceso electoral, al que nos ha llevado el Presidente en funciones. Para ello ha sido preciso mentir, decir una cosa y hacer otra. Pedro Sánchez miente y lo hace con frescura y naturalidad, como sabiendo que nadie se lo va a tener en cuenta.

En estos días en los que Cataluña arde, el gobierno mantiene una inacción que muy pocos entendemos. Sánchez dice una cosa y hace otra. Asegura que se cumplirá la ley, pero mira para otro lado y no termina de actuar contra el independentismo. Es preciso defender a todos los catalanes y a todos los españoles. Pero la gestión es mala y, como consecuencia, se extiende. De hecho, el conflicto ha llegado a Madrid.

Sánchez juega con fuego utilizando la mentira en España y una tolerancia preocupante con la gestión del gobierno catalán. Se presenta a esta convocatoria con la convicción de que va a ganar, que sus andanzas por la inexactitud de sus palabras tendrán premio en las urnas. Pero las cosas pueden cambiar.

El voto puede darse la vuelta en cualquier momento, porque el escenario que se está creando es proclive a eso. Es verdad que el presidente en funciones, se considera indultado de cualquier irregularidad, pero eso se puede acabar. Recuerden lo que sucedió en 2004 cuando todo hacía prever que el PP sacaría mayoría absoluta: un acontecimiento de triste recuerdo modificó bruscamente el final para llevar España por otro camino.

Pues este es el momento preciso, España necesita que la gestión sea acertada y Sánchez no ha demostrado ser la persona indicada para el reto que necesita el país. Si permanece en el cargo puede ser muy negativo para todos, incluida Cataluña. Los electores y el PSOE tienen la responsabilidad y deben hacer algo en este sentido.

Son muchos los ambientes en los que se le considera el culpable de la repetición de elecciones por el único motivo de saberse ganador. A eso hay que añadir su responsabilidad en todo lo que ocurre en la Comunidad Catalana. Sus intereses personales, ni siquiera de partido, nos están llevando a un escenario incierto, cada día más incierto.

El día 10 se puede encontrar la solución.

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