14 de diciembre de 2019, 9:21:48
Opinión


De los plomos fundidos a la quema de iglesias

Por Nino Olmeda


El primer Pleno del Parlamento regional, tras iniciarse la legislatura después de ponerse de acuerdo Vox, PP y Ciudadanos para que fuera investida Isabel Díaz Ayuso como presidenta de la Comunidad de Madrid, empezó de manera poco edificante. Se celebró un minuto de silencio en recuerdo de las mujeres muertas a manos de sus machistas de turno desde la celebración de los pasados comicios autonómicos. Se viene haciendo desde hace muchos años. En este punto, todos los diputados sin excepciones se pusieron de acuerdo, pero no en repetir la aprobación de una declaración institucional para ser leída en cada sesión plenaria de condena de la violencia de género. Vox sacó la patita y para diferenciarse de todos los demás grupos parlamentarios, los mismos que hace años aprobaron leyes contra esta ignominia, pidieron que se añadieran todas las violencias contra niños y senecentes dentro de la unidad familiar. Al necesitarse unanimidad para sacar adelante este tipo de declaraciones, el primer Pleno parlamentario fue distinto a todos los demás. Después de esta ‘novedad’ de una formación recién llegada a la Asamblea y muy a la derecha de la derecha, es decir, que se salen del cuadro por el ángulo más extremo, vino la ‘bomba’ de la mañana del primer jueves de octubre.

La portavoz de Vox, Rocío Monasterio, preguntó a Ayuso por sus intenciones sobre la exhumación del dictador Francisco Franco de su tumba en el Valle de los Caídos, alegando que las competencias regionales en materia de sanidad mortuoria podrían servir de excusa para poner en entredicho una decisión del Tribunal Supremo y algo que se debería haber ejecutado mucho antes. Es bastante inusual en un país de la Unión Europea contar con un mausoleo dedicado a alguien que estuvo al frente de asesinatos, torturas, desapariciones o reclusiones en penales de castigo a detractores de la dictadura y defensores de la democracia y la libertad. Ayuso esquivó responder con un ‘me gusta’ o ‘déjame en paz’ y se lanzó contra la izquierda, que nada tenía que ver con la pregunta a la presidenta, por su defensa de la Ley de Memoria Histórica, aprobada sin unanimidad en el Congreso de los Diputados por no apoyarla PP ni ERC. Dijo, más o menos, que si lo siguiente, después de pedir exhumar a Franco, iba a ser la quema de iglesias. En la sala de prensa, los informadores creímos oír mal y volvimos a escuchar la grabación. Nos pareció una gran barbaridad, un insulto a la inteligencia y a las parroquias que permitieron, durante los 40 años de ‘pantalla en negro’ en su interior actividades que el franquismo habría condenado y eliminado. También un guiño a Vox, formación tan necesaria para que siga en el cargo. Algunos comentaron que estaba fundida, quizá agotada, sin fuerzas, como el electrodoméstico que se funde por alguna descarga inesperada.

No quedó ahí la cosa. Su socio de gobierno, el vicepresidente, Ignacio Aguado (Cs), comentó las declaraciones de Ayuso y, cuando tenía una excelente oportunidad para estar callado, ahondó en la quema de iglesias y se comprometió a garantizar que en 2019 no se quemaría ningún templo católico en la Comunidad de Madrid. Daba la sensación de que a los jefes del gobierno de coalición se les habían fundidos los plomos y habían perdido las fuerzas para razonar y también las ideas. No fue un descuido, Ayuso lo llevaba escrito y Aguado, menos mal que al día siguiente reconoció que había metido la pata hasta el fondo.

No sé si han perdido la cabeza o la memoria, pero cuando una persona está en ese estado, con los plomos fundidos, deja de funcionar con normalidad debido a una sobrecarga de no sé qué.

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