22 de noviembre de 2019, 9:51:39
Cultura y ocio

OCIO


El caserío vuelve a La Zarzuela

'El Caserío', en escena

Por Antonio Castro


El 11 de noviembre de 1926 se estrenaba en el teatro de La Zarzuela una obra que se hizo rápidamente popular: El caserío, de Jesús Guridi, con libro de Romero y Fernández Shaw.

Casi un siglo después esta zarzuela vuelve al mismo escenario con una coproducción del teatro Arriaga de Bilbao y el Campoamor de Oviedo. La dirección musical es de Juanjo Mena y la escénica de Pablo Viar. En los dos repartos de esta temporada figuran, entre otros intérpretes, Raquel Lojendio, José Luis Sola, Pablo García López o Itxaro Mentxaka.

José Tamayo y Roberto Carpio ya la recuperaron en este teatro los años 1963 y 1977. Pero la mayoría de las producciones de estas últimas décadas se han llevado a cabo en escenarios vascos.

Como pasa en tantas zarzuelas, la endeblez del libreto queda en evidencia ante la potencia de la música. La historia es muy sencilla. Santi es un maduro indiano, propietario del caserío Sasibil. Tuvo que hacerse cargo de sus sobrinos, Ana Mari y Joshe Miguel (primos entre sí). Ante su soltería, Santi duda a quién dejar el caserío por la vida disoluta del chico. Urde una patraña -casarse con su sobrina- para ver qué reacción produce. Ana Mari está enamorada de su primo y este, finalmente, reconoce que también lo está de ella. Los autores no se dejaron ningún tópico del País Vasco: juego de pelota, soka-tira, el cura entremetido, los aurreskus… Con todo puede la partitura. Para esta producción se cuenta con los dantzaris de Aukrean Dantza.

Porque El caserío tiene una partitura orquestal formidable y en esta producción queda bien patente. Los del Norte conocemos desde niños algunas de las canciones de esta zarzuela: Sasibil, mi caserío, Yo no sé qué veo en Ana Mari; Chiquito de Arrigorri o El trébole. Canciones y romanzas que exigen gran dominio en los tres protagonistas. Merece la pena destacar las romanzas de Santi, el barítono de la función.

Para los actos segundo y tercero Bianco, el escenógrafo, ha ideado un monumental frontón que se convierte en el ágora del imaginario pueblo de Arrigorri.

Cuando el vitoriano Guridi (1886-1961) estrenó esta zarzuela ya era el avanzado de la música vascuence y había triunfado con dos óperas que, después, raramente se han representado: Mirentxu (1910) y, sobre todo, Amaya (1920). Más tarde, ya en 1940, estrenaría sus Diez melodías vascas, seguramente su partitura más interpretada desde entonces.

En la primera mitad del siglo XX las zarzuelas de ambientes regionales fueron muy populares. En 1914 Vives situó en Galicia su Maruxa. El gato montés, de Penella (1917) transcurre en Andalucía, La del soto del Parral (1917) tiene su desarrollo en Segovia. El barberillo de Lavapiés (1874), Agua, azucarillos y aguardiente (1897), Doña Francisquita (1923) o La Chulapona (1934) son algunos de los títulos que se ambientan en Madrid.

Este teatro ha programado también para la presente temporada la versión en concierto de Mirentxu, que se ofrecerá los días 22 y 24 de noviembre, con Ainhoa Arteta al frente del reparto.

El caserío se representa en el teatro de La Zarzuela hasta el 20 de octubre.

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