18 de noviembre de 2019, 3:26:04
Opinión


Entrar al autobús "por la cara"

Por Ángel del Río


Hoy las ciencias adelantan que es una barbaridad. Las innovaciones tecnológicas se cuelan en nuestras vidas, en los quehaceres cotidianos, y esto, para bien, en algunas ocasiones para no tan bien, no hay quien lo pare.

La Empresa Municipal de Transporte, va incorporando a sus autobuses los nuevos adelantos para hacer más confortable el transporte al usuario, aunque todavía no se haya inventado un sistema alternativo al del frenado en seco, que mueve violentamente a los pasajeros cuando el conductor pisa bruscamente el pedal del freno; ni el sistema de arrancada suave, que evite sobresaltos a quienes viajan de pie. Pero sí se va a introducir una nueva forma de acceso de los usuarios al autobús. Ni dinero en metálico, ni abono transporte, ni tarjeta modal: el viajero va a poder acceder simplemente enseñando su careto a una cámara, que dirá si el rostro pertenece al titular de una tarjeta o es la jeta de un carota que pretende viajar gratis total.

El nuevo sistema se llama de “reconocimiento facial”. Basta con descargarse una aplicación móvil de la EMT en la que meterán sus datos de pago, se harán un selfie de su rostro, y ya pueden utilizar el pago biométrico. Al subir al autobús, mostrarán su rostro a una cámara de reconocimiento, que les permitirá validar, a la vez, la identificación y la autenticidad;, es decir, la compra del billete y el pago del mismo en un solo gesto.

Se me agolpan varias preguntas: ¿hay que renovarse el silfie, la foto del careto, cada vez que alguien se deje, o se quite, la barba; cada vez que decida cortarse una cabellera abundante y raparse; cada vez que se ponga botox, se someta a una intervención estética, engorde o enflaquezca sensiblemente? Porque puede ocurrir que, si se dan algunas de estas circunstancias, la cámara de reconocimiento facial diga: éste no es mi usuario, que me lo han cambiado.

Y a todo esto, me he puesto a pensar, ejercicio que siempre cuesta en asuntos que puedan parecer banalidades, y me pregunto: ¿no sería más fácil, práctica y segura, la identificación por huella digital? Bastaría con poner la yema del dedo sobre la pantalla, porque las huellas dactilares es imposible que cambien.

Es solo una ocurrencia.

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