3 de diciembre de 2020, 2:47:35
Opinión


Los errores en política

Por Pedro Fernández Vicente


Hay errores que son difícilmente recuperables. Lo saben bien los médicos y los cirujanos. Un error en un quirófano o un tratamiento inadecuado pueden generar problemas irresolubles. Es una gran verdad, pero los profesionales de la medicina son muy conscientes de su responsabilidad. Están muy pendientes, hacen las consultas necesarias a quienes más saben, buscan, estudian, analizan y toman decisiones en grupo. Para cerrar al máximo la puerta a los protagonismos personales y evitar consecuencias nefastas, se mantienen unos protocolos de funcionamiento que ayudan en las decisiones. Protocolos que han sido consensuados por científicos y expertos en cada materia.

Los errores son un problema, pero es el riesgo del ser humano. Tenemos que vivir con ello, aunque también es verdad que hay muchos que se pueden prever. Porque una cosa es el riesgo y otra la negligencia y las decisiones por intereses personales. Algo que en política ocurre con demasiada frecuencia. Estamos viviendo una etapa en la historia de España donde los intereses personales sobrevuelan constantemente en todas las decisiones que percibimos los ciudadanos. Y no se olviden que las malas decisiones en política, cuesta muchos años resolver. En ocasiones ni siquiera se pueden solucionar.

Hemos vivido, desde 1978, alegremente dando poderes al nacionalismo catalán y vasco, por parte del PP y del PSOE, desequilibrando la calidad de vida en España y mirando hacia otro lado cuándo las instituciones regionales se saltaban la ley “a la torera”. Nadie ha querido afrontar un problema que se ha ido enquistando y ha terminado por dibujar el escenario en el que nos encontramos ahora, que empezamos a darnos cuenta del error que se ha estado cometiendo: el silencio en aras de la tranquilidad. Tranquilidad falsa. Y lo estamos viendo. Y lo malo es que seguimos igual o peor.

En estas fechas estamos viviendo error tras error del Presidente del Gobierno en funciones o, mejor dicho, del PSOE, que está en manos de Pedro Sánchez. Decisiones, con cierto tufillo a personalismo, que conducen a la sociedad española a potenciar el nacionalismo. Los partidos nacionalistas tienen cada vez más presencia, son más fuertes, gracias a unos pactos locales y regionales que les proporcionan un poder que por sí solos no tienen. Poder que les regala el PSOE de Pedro Sánchez. La socialdemocracia potencia los nacionalismos al mismo tiempo y ritmo que les debilita a ellos. España está cada año más desequilibrada por culpa de los apoyos que reciben los nacionalistas. Cuando los partidos nacionales, PSOE, PP y Cs deberían preocuparse de buscar fórmulas para evitar la presencia de los nacionalistas en el Congreso, estamos viviendo lo contrario: un Congreso lleno de nacionalistas donde sólo se habla de las exigencias regionales.

Las decisiones políticas tienen consecuencias y no siempre son las deseables, aunque se tomen con esa idea. Muchas de las decisiones de hoy no serán visibles para la gran masa hasta dentro de quince o veinte años. Y para entonces no tendrán marcha atrás. Ya estaremos de lleno viviendo y sufriendo el error.

Quiero recalcar el poder regional que el PSOE está brindando a unos nacionalismos que crecen al calor de ese poder que conquistan sin que sus sociedades lo consideren necesario. Estamos ante un grave problema, ante decisiones de gravedad que cuando se detecte no tendrá marcha atrás. El propio Partido Socialista Obrero Español vivirá y sufrirá las consecuencias de sus actos anteriores. Queramos o no, Valencia y su comunidad ya están entregadas a un sector de la población nacionalista que antes de los pactos con el PSOE no existía. Está ocurriendo en Navarra o la Rioja. Así, poco a poco, los partidarios de romper España, de olvidarse de la solidaridad entre los ciudadanos de todas las comunidades, seguirán creciendo. Los ricos no querrán saber nada de las regiones más pobres. No estarán dispuestos a esa solidaridad necesaria, a ese acercamiento entre pueblos que se pretende potenciar en la Unión Europea.

Es el momento de recordar a todos, ricos y pobres que ha sido España y las decisiones históricas de sus gobiernos las que han traído la riqueza a algunas comunidades y la pobreza a otras. Es España la que ha hecho cada comunidad y no al revés.

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