20 de octubre de 2019, 3:16:46
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Homo ludens: por qué el ser humano necesita del ocio y el entretenimiento

Por MDO


Desde que se tiene conocimiento, los ancestros del hombre en todas sus especies, al igual que cualquier otro mamífero superior, mantuvieron una conducta de juegos y diversión en las tempranas edades de sus vidas.

El juego como diversión es algo que está genéticamente arraigado en muchísimas especies animales que han evolucionado hasta la actualidad.El juego como entretenimiento deviene en sana competencia entre pares, a modo de contienda comparativa.

No es difícil deducir que eso mismo, enmarcado con ciertas reglas preacordadas, se convierte en un deporte. Y si al ganador se le otorga el aliciente de un premio, el esfuerzo y tesón puestos para el triunfo serán mayores.

No parece tener un fin útil

El juego no tiene una utilidad evolutiva para la especie, no al menos inmediata. No alimenta, ni defiende de depredadores, ni ayuda a la reproducción, que son los tres pilares básicos de la supervivencia.

Simplemente se trata de una exteriorización voluntaria de emociones. Está comprobado que, desde el punto de vista fisiológico, el juego y la diversión ayudan a la secreción de determinadas hormonas que causan placer.

Y muy probablemente sea por eso que desde los pequeños felinos salvajes en las planicies de Serengeti hasta los más encumbrados científicos en algún laboratorio, dedican unos minutos al ocio con cierta frecuencia, para simplemente jugar por distracción.

Entretenimiento en estado puro, sea saltando y revolcándose por el suelo, lanzando unos dados al aire o fantaseando aventuras con un casco de realidad virtual.

Rivales: cuando el juego necesita de un esfuerzo

El individuo se las ingenia para jugar solo. Cualquiera que haya tenido mascota canina o felina ha visto cómo se entretiene con pequeños y simples juguetes como una pelota o sencillamente correteando y saltando entre los muebles de la casa.

El juego individual tiene mucho de fantasía, de inventarse situaciones adversas para enfrentarlas y superarlas, como los niños con sus espadas de madera y caballos imaginarios.

No pasa mucho tiempo, tanto sea entre los cachorros de osos panda como entre los niños de párvulos para que se entable una competencia por ser el corredor más veloz, o el que salta más alto o trepa más rápido a un árbol.

Encontrar un adversario es una manera de poner a prueba sus habilidades, honrando el espíritu competitivo de cualquier animal del estrato superior en la evolución.

Con el transcurrir de los milenios, el juego, la sana competencia, se convirtió en lo que hoy se conoce como deporte. Una actividad que requiere principalmente de esfuerzo físico, pero también de astucia, rapidez mental, capacidad de decisión y temple.

Superar a un rival tan hábil como uno mismo no es algo sencillo y requiere de poner más empeño que un simple entretenimiento.

Juegos de azar: la suerte decide quién es el ganador

Un caso particular de entretenimiento son los juegos de azar. Aunque pueden ser practicados individualmente o en grupo, el camino hacia un eventual triunfo o la caída y derrota no slo queda determinado por la habilidad del que lo practica, sino por la suerte.

Este tipo de juegos es invención del ser humano: no hay ninguna especie biológica que logre tomar conciencia de un acto aleatorio, y que por tanto sea capaz de encontrar cierta manera de satisfacción por el hecho de vencer esas probabilidades que juegan en su contra.

A lo largo de la historia los ejemplos de juegos que son regidos netamente por el azar o por una combinación de habilidad humana y azar son innumerables.


Desde la sencilla tirada de los dados, las cartas, los juegos maquinas tragamonedas españolas gratis, el bingo, la ruleta y tantos otros que se juegan actualmente, sea en locales habilitados para ello o bien por Internet: todos tienen como finalidad primordial el entretenimiento.


El añadido de un premio por el triunfo, sea simbólico o de valor real monetario, hace que el jugador desarrolle esa tendencia a continuar participando con esperanzas en ganar.

La adrenalina asociada al azar, por el hecho de “vencer al destino” es algo que cautiva a muchos, por el placer del triunfo tras la incertidumbre.

Y de la misma manera que reiteradas victorias pueden dar lugar a una irreal sensación de superioridad, una racha seguida de derrotas puede empujar a la frustración. Tan falsas las unas como las otras.

Por estas razones es importante vigilar el desarrollo de los juegos en las edades temprana para prevenir adicciones entre los adolescentes.

Las ludopatías: cuando el juego se convierte en una obsesión

Los momentos de ocio, el sano entretenimiento e incluso el deporte como actividad amateur que no persigue otro fin que el desarrollo de habilidades físicas son altamente saludables.

No obstante, los juegos de azar, como toda actividad con efectos en ciertas hormonas del placer, pueden convertirse en algo adictivo.

Este problema, en el ámbito del juego, se conoce como ludopatía. Y es que la emoción por tratar de ganar, la necesidad imperiosa de vencer a la suerte puede traer consecuencias altamente perjudiciales en una persona.

Los psicólogos han encuadrado esta adicción dentro de las patologías de la psique, al igual que otras como la adicción al tabaco, al alcohol o a otras drogas.

Cualquiera de ellas trae una sensación de placer de relativamente corta duración, seguida por frustración y culpa. Huelga mencionar el gasto monetario que mantener esta adicción supone. Tanto sea para comprar las sustancias que el adicto consuma, como los billetes para los caballos en el hipódromo, el dinero es un combustible que rápidamente se quemará en manos de un ludópata. Con los consecuentes perjuicios para su familia y allegados, que ven cómo cada día la persona va deteriorando su salud, en paralelo con el derroche de su capital.

Todo en su medida y armoniosamente

El juego seguirá siendo fuente de diversión y desarrollo de ciertas habilidades motrices y cognitivas, como siempre lo ha sido para los animales y para el Homo sapiens. Congregará amigos y colegas en actividades que fomentarán el trabajo en equipo y la participación en pos de un objetivo común.

Fomentar el juego en los niños es ayudarlos a integrarse socialmente con sus congéneres y orientarlos hacia la sana utilización del tiempo libre. Solo hay que saber que todo tiene su momento y su lugar, y cualquier abuso, como todo exceso en la vida, es perjudicial.

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