13 de diciembre de 2019, 13:48:45
Opinión


100 años de Metro e historias subterráneas

Por Jaime Cedrún


Lugareños y foráneos, usuarios todos del Metro de Madrid, podemos ver durante este año 2019 imágenes retrospectivas de Metro en conmemoración de su centenario. Raro es que no nos hayamos topado con la fotografía de aquel 19 de octubre de 1919 en que Alfonso XIII inauguraba los primeros tres kilómetros y medio entre el populoso barrio de Cuatro Caminos y Sol. Un recorrido de 10 minutos con otras seis estaciones intermedias, entre ellas Chamberí, la única estación de toda la red inhabilitada pero que se puede visitar en un recomendable viaje a otro tiempo.

El éxito del suburbano propició que en dos años se hiciera una ampliación hasta Atocha, en un tiempo de evolución de la movilidad en la capital del que quizá haya que tomar nota a día de hoy. En una ciudad con 600.000 habitantes, el centro se colapsaba con tranvías de sangre (tirados por mulas), tranvías eléctricos, carruajes… El Metro fue la solución.

Las fotografías de aquel Metro nos trasladan a unos tiempos en que la publicidad era un arte con murales modernistas, llamativos, imposibles de no ver por los catorce millones de usuarios de aquella primera línea. También nos traslada a algunos ascensores, “de pago” en un principio y con ascensoristas, que seguramente funcionaban mejor que muchos en la actualidad.

En 1931, la “Compañía Metropolitana Alfonso XIII” pasa a denominarse “Compañía Metropolitana de Madrid” y continúan las ampliaciones. Incluso, recién iniciada la guerra civil tras el golpe de Estado franquista, el 9 de agosto se inaugura el primer tramo de la Línea 3.

Precisamente, en la exposición del centenario faltan algunas de las fotografías más famosas del metro de Madrid: las de la Guerra Civil. Lo más recordado por las gentes de Madrid, precisamente era el uso del Metro como refugio para la población civil ante los bombardeos fascistas. También era el Metro el medio más seguro para transportar heridos y enfermos. Situaciones similares se vivieron después en Londres con los bombardeos nazis y son orgullo patriótico.

El 6 de agosto de 1936, el Ministerio de la Guerra publicaba la siguiente nota en los principales periódicos de la ciudad: “El Metro prestará servicio hasta las dos de la mañana. En todo caso, las entradas de las estaciones estarán abiertas toda la noche, para que puedan refugiarse los vecinos que decidan hacerlo así para preservarse de los peligros ocasionados en caso de sufrir la ciudad un ataque aéreo. A partir de las once, la Dirección de Metro cuidará de que las luces de la escalera de accesos las estaciones están apagadas, entre tanto se las dota de unas pantallas especiales en cuyo caso estarán encendidas…”

También algunas partes del suburbano fueron utilizadas como polvorín, donde trabajaban fundamentalmente mujeres. A este respecto, uno de los sucesos más extraños de la guerra civil en Madrid, tal como relata el periodista German Lopezarias su libro “El Madrid del ¡No pasarán!”. Sucedió entre la noche del 9 y 10 de enero de 1938, bajo una nevada intensa, normal en aquellos años. “La mañana del 10, hacia las nueve aproximadamente, en todo Madrid se escucha una explosión fuera de lo normal en el barrio de Salamanca. El túnel del Metro que va de Lista a Diego de León, acaba de saltar por los aires”. Se desconoce si fue sabotaje quintacolumnista o imprudencia. Se desconoce la cifra exacta de muertes: oficialmente, 95; según el registro del cementerio de la Almudena, 63; según una nota del ABC de Sevilla…, 700.

El final de la guerra supuso la depuración de los trabajadores socialistas, comunistas y sindicalistas, aunque la mayoría de las labores (no sólo las taquilleras) fueron realizadas por mujeres.

Casi cuarenta años después, en enero de aquel duro 1976, el Metro vuelve a ser protagonista de la ciudad con repercusión en toda España. Finalizadas las vacaciones navideñas, el 6 de enero, la plantilla del suburbano se declara en huelga. Será “la chispa”, y a partir del día 7, la huelga se extiende por todo Madrid, alcanzando en la semana del 11 al 18 a más de 350.000 trabajadores: 100.000 metalúrgicos, 90.000 obreros de la construcción, 15.000 empleados de banca; numerosos centros de Telefónica, 6.000 trabajadores de Artes Gráficas, 4.000 funcionarios de Correos…, etcétera.

Las manifestaciones se suceden para reivindicar mejoras salariales y exigir amnistía. El día 12 de enero, el centro de Madrid era una batalla campal con la detención de decenas de obreros, desalojos de fábricas, cierres patronales y… la militarización del Metro. Una imagen que también está grabada más en nuestra retina que en la historia oficial del Metro y de la capital. En cada convoy viajaban dos cabos o soldados, a veces acompañados por un brigada y siempre por dos parejas de la Policía Armada, que permanecían en ambos extremos de cada circulación.

Metro es de las pocas empresas, instituciones, logotipos…, que crean identidad en Madrid capital. En este centenario no estaría de más recordar sus mil anécdotas, alegrías y tragedias, que no es sinónimo de odio, sino de conocimiento y cultura.

Bastante tenemos con que este centenario esté empañado con una mala gestión en la que se dispara la disminución de trenes y aumentan los tiempos de espera. Gallardón, siendo alcalde, vendió a la Comunidad de Madrid el accionario municipal de Metro en tiempos de Esperanza Aguirre. Es decir, puso al zorro a cuidar la gallinas. En esa época, la empresa contaba con un patrimonio neto de 1.100 millones de euros. En 2013 vendió a Buenos Aires doce trenes por 28 millones de euros, un material casi nuevo que había costado 108 millones de euros y, esperemos, no suponga un litigio internacional si se detecta amianto.

En 2014 se despidió a 670 trabajadores y el patrimonio de la compañía se había reducido a la mitad. Este es un pequeño ejemplo de la capacidad de gestión que tiene la derecha de los dineros públicos.

Pero sin duda, este centenario está ensombrecido con la muerte de trabajadores por amianto. Una denuncia que venimos realizando los sindicatos de clase. Una denuncia que, sin ánimo de generar alarma social está siendo bastante silenciado, aunque salte a los medios de comunicación, como la aparición de un falso techo, situado en el andén de la línea 10.

Felicidades, pues a Madrid y su Metro, deseando que sus túneles estén repletos de movilidad y usuarios que renuncian a otros medios; deseando que se rescate toda su historia; deseando transparencia y justicia con los trabajadores afectados por amianto; deseando transparencia y no historias subterráneas.

Jaime Cedrún
Secretario General de CCOO de Madrid

Madridiario.  Todos los derechos reservados.  ®2019   |  www.madridiario.es