7 de diciembre de 2019, 9:59:23
Social


Una madrileña en Perú: cuando la solidaridad traspasa fronteras

Por Sergio Ríos


En la zona de los cerros, en el distrito de Chorrillos, la vida no es sencilla. En esta área, situada en la capital peruana de Lima, la pobreza y la violencia están a la orden del día y, con ellas, el abandono infantil. Para luchar contra esta situación, una joven madrileña de 22 años, Lucía Pajares, se desplazó a la zona hace unos meses con la ONG Nuevo Futuro Perú para prestar su ayuda en aquellos asentamientos.

Gracias a una beca de cooperación al desarrollo, durante mes y medio, esta estudiante madrileña nacida en 1997 se dedicó a intentar mejorar las condiciones de vida de los habitantes de la zona. En este sentido, las tareas se han realizado tanto con familias como con adolescentes y nidos -asociaciones informales formadas por un pequeño grupo de madres, dedicadas al cuidado y educación de los niños hasta los 5 años-.

Los cerros de Chorrillos, en Lima, unos asentamientos humanos en los que la pobreza está muy presente. (Foto: Lucía Pajares)Aunque ya vivió hace dos años su primera experiencia de voluntariado al trabajar con adolescentes problemáticos en Cuba, la joven asegura que este tiempo en la capital de Perú ha representado algo muy distinto: “Hay muchas niñas de 13 años a las que han violado y muchos niños con carencias como la falta de hierro. Pero allí no llega ningún médico”.

“El trabajo más duro es el de las familias”, afirma. Para ello, las acciones se realizan conjuntamente con psicólogos y se intenta “romper el círculo vicioso de pobreza y de violencia que afecta a toda esa zona”. La labor con las familias es algo esencial para atajar de manera efectiva este problema, así como para evitar ciertos comportamientos en algunos de los niños. “El niño que ve cómo sus padres se pegan, va a llegar al colegio y va a pegar a sus compañeros. Es un entorno de socialización muy importante”, expone.

El machismo, un gran obstáculo en el desarrollo de las familias

La falta de desarrollo y sustento de las familias es una lacra que aboca a las familias a la pobreza en la zona. Según esta joven, uno de los factores que dan lugar a esto es el machismo, que no permite a algunas mujeres desarrollar sus vidas y aportar su trabajo para sustentar a las familias. Tal y como relata, en aquella zona las mujeres suponen una pieza esencial para el mantenimiento de la familia y reconoce que uno se da cuenta de la necesidad de "trabajar empoderando a las mujeres". Una pieza clave que ayuda en la prevención del abandono infantil: "Ellas son las cabeza de las familias y las que realmente las sustentan".

En este sentido, recuerda cómo una de las madres con las que trabajó fue capaz de abrir una pequeña tienda para salir adelante con sus ocho hijos a pesar de la oposición frontal de su marido. “No me voy a olvidar en mi vida”, apunta. A pesar de los valientes proyectos de algunas féminas, Lucía reconoce lo complicado que resultar modificar algunos aspectos familiares demasiado interiorizados en la sociedad peruana: "Es lo más difícil de cambiar"

Los cerros de Chorrillos, en Lima, unos asentamientos humanos en los que la pobreza está muy presente. (Foto: Lucía Pajares)

"Necesitaba estar en el terreno y conocer"

En cualquier caso, la joven madrileña asegura sentirse agradecida por la oportunidad y por haber podido contribuir a que algunas personas puedan salir adelante. “Tengo muchísima suerte por haber nacido en el sitio adecuado del planeta y poder acceder a unos estudios que me apasionan”, relata.

Unos estudios enfocados a la resolución post conflicto y a seguridad internacional. “Estudiando puedo llegar bastante lejos, pero decidí que a lo que me quería dedicar era a seguridad internacional. Lo que necesitaba era estar en el terreno y conocer”, explica.

“De lo que me acuerdo todo el tiempo es de la relación que he tenido, más que con los niños, con los padres”, apunta. Una sensación especial e inexplicable que le llevará a seguir ayudando humildemente y sin descanso a todos aquellos que lo necesiten. Porque, ante la vocación, obstáculos como la distancia se quedan en un plano secundario.

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