22 de septiembre de 2019, 1:55:25
Opinión


Dos siglos del Prado, testigo excepcional de Madrid

Por Jaime Cedrún


“El Museo del Prado es más importante para España que la Monarquía y la República juntas”. Manuel Azaña.

Dos siglos lleva siendo testigo el Museo del Prado de las alegrías y desgracias de la capital. En su exterior, bajo la mirada de la estatua de Velázquez, las Comisiones Obreras de Madrid mostramos nuestra repulsa e indignación cada vez que hay un asesinato machista.

Enfrente, en el bulevar del Paseo, una escultura homenajea al catalán Eugenio D’Ors, que en 1922 escribió la obra divulgativa más clásica sobre la pinacoteca: Tres horas en el Museo del Prado. En este pequeño librito afirma el autor que “un museo no es historia, es cultura”, máxima que no sé si es discutible aunque sí se puede añadir que es cultura que cojea porque es cultura patriarcal”.

El pasado 19 de julio, el diario El País se hacía eco de una movilización en Twitter para que el cuadro “El Cid” (que es el retrato naturalista de un león) saliera del almacén y fuera expuesto. Se trata de la obra de una pintora francesa, Rosa Bonheur (1822-1899), cuyo Cid llevaba 140 años en los sótanos del museo. Tras pasar por la sala de restauración el cuadro verá la luz, con lo que serán ¡cuatro! las mujeres representadas en el Museo.

En la actualidad se pueden disfrutar con los bodegones de Clara Peeters, retratos de Sofonisba Anguissola y obras de Artemisia Gentileschi, pero según me cuenta tantas veces Pilar Morales, secretaria de Mujeres de CCOO de Madrid, licenciada en Geografía e Historia y gran conocedora del Museo del Prado, los fondos de la pinacoteca están repletos de pintoras invisibilizadas. No olvidemos que el denominado “Prado oculto”, las obras que se encuentran en los almacenes, ascienden a 27.600, frente a las poco más de 1.700 expuestas.

La evolución propiciada por la revolución feminista hará que poco a poco todos los museos dejen de obviar la obra de tantas mujeres artistas. De hecho, el propio Museo del Prado tiene programada una exposición sobre las mujeres en el mundo del arte.

Antes, en octubre, tendrá lugar un congreso en el que se conmemorará el 80 aniversario del salvamento de las obras más importantes del Museo del Prado y del patrimonio histórico español por parte del Gobierno de la República Española. Sin duda, el momento más terrible vivido por el Museo desde que Juan de Villanueva, su arquitecto, lo diseñara sobre el terreno del Real Monasterio de los Jerónimos para ser el museo de Historia Natural que acogería fósiles de dinosaurios.

A poco de iniciarse el levantamiento franquista, el Gobierno de la República organizó la Junta de Defensa del Tesoro Artístico Nacional, que salvaguardó 27.000 obras del Museo del Prado, pero también del Palacio de Liria de los duques de Alba, del Museo de Arte Moderno, del Monasterio del Escorial, del Palacio Nacional, de la Academia de San Fernando, de iglesias y de colecciones particulares.

En el magnífico libro de Leonardo Cohen, (Madrid 1936-1939. Una guía de la capital en guerra) relata que en un mitin de las Juventudes Socialistas Unificadas, celebrado en el cine Monumental al inicio de la guerra, el joven Santiago Carrillo llamó “milicianos de cabaret” a esos hombres ajenos a la disciplina militar que paseaban por la ciudad luciendo sus armas y que apenas aportaban nada a la defensa de la ciudad. Esas gentes que aprovecharon el caos inicial para generar más caos en Madrid.

Frente a ellos, pero fundamentalmente frente a los diarios bombardeos de la aviación fascista y los cañonazos desde el cerro Garabitas, ya el 23 de julio de 1936, el Gobierno de la República decidió poner a salvo el “Museo de pinturas”, como popularmente se conocía al Prado. Madrid que siempre ha sido muy de poner motes hasta en los peores tiempos, cubrió de sacos a la diosa Cibeles, “La linda tapada” y a Neptuno en su plaza, “La plaza del emboscado” y es que el Paseo del Prado se convirtió en “El ocaso de los dioses”.

El 30 de agosto del mismo año se cerraba preventivamente el Museo del Prado y el 5 de noviembre se envió la primera orden de evacuación. El traidor general Varela estaba a las puertas de la ciudad y pocos días después, nueve bombas, incendiarias y explosivas, caen directamente sobre el Museo.

María Teresa León y Rafael Alberti fueron responsables de la huida de los Goya, Tiziano, Velázquez, Tintoreto, El Greco…Recordaba el poeta en un documental que los camiones (llegaron a ser 71), bajo la dirección de Timoteo Pérez Rubio, viajaron a Valencia a 15 kilómetros por hora, escoltado por jóvenes motoristas del Quinto Regimiento a quienes tuvo que explicar la relevancia de la misión y que “por favor, no fumaran”.

De Valencia, las obras se dirigieron a Cataluña y de ahí a la sede de las Naciones Unidas en Ginebra. Este éxodo supuso un caso insólito de solidaridad internacional entre museos del mundo democrático, pues se puso en marcha la participación con el Louvre, la National Gallery de Londres, Rijksmuseum de Amsterdam, los Museos de Bégica y el Metropolitan de Nueva York.

En 1939, hace ahora 80 años, las obras volvieron a su casa, al “Museo de pinturas”, bombardeado por el franquismo y salvaguardado por la República Española.

Madridiario.  Todos los derechos reservados.  ®2019   |  www.madridiario.es