21 de septiembre de 2019, 23:45:42
Opinión


Salarios de pobreza en Madrid

Por Jaime Cedrún


A diferencia de Europa, las derechas españolas de PP y Ciudadanos viven una peligrosa fase de seducción por la pequeña ultraderecha neofranquista. Una seducción que lleva a negar asuntos tan evidentes como la brecha salarial de género. Esta derecha elitista contradice datos oficiales e incluso lanza andanadas contra el empresariado más serio, ese empresariado organizado, al igual que hacemos los sindicatos tal como dicta la Constitución.

Ante los desgobiernos, la irresponsabilidad de tantos líderes de partidos políticos y la falta de transparencia en los datos, desde las Comisiones Obreras de Madrid elaboramos informes basados en datos oficiales que ayuden a diagnosticar la realidad y tomar medidas para mejorar la situación, fundamentalmente acabar con esa lacra que es la desigualdad.

No es descartable que, en breve, la derecha política se apunte a la teoría de que la Tierra es plana o niegue la evolución de las especies, tal como empieza a cuajar en EEUU. Pero, digan lo que digan las tres derechas políticas españolas y madrileñas, es imposible negar evidencias. En la Comunidad de Madrid las diferencias entre quienes más cobran y menos cobran es cada vez mayor. La brecha salarial media, entre el 10% más rico y el 10% más pobre, se ensancha hasta los 38.000 euros y la brecha de género también porque los hombres cobran de media 5.881 euros más que las mujeres. Otro dato terrible que debería hacer saltar todas las alarmas para ejecutar medidas legislativas urgentes es que un 12,6 por ciento de las personas que trabajan, 365.000, son pobres.

El problema de nuestra región, cuya riqueza sigue creciendo paradójicamente por encima de la media nacional, es que ese crecimiento no se reparte. Además, los beneficios empresariales no se invierten en empleo ni en aumentar salarios, si no que van a pasivos financieros, o sea, a fórmulas de ahorro. Esta actitud decimonónica, avara e insolidaria, en la que la empresa no se considera parte de la sociedad, de la comunidad, del país, lleva a la desigualdad. La ecuación: disminución de costes laborales y explotación laboral más tratamiento fiscal extraordinariamente benigno para las grandes empresas, que se escapan a Hacienda dan como resultado la desigualdad.

Tenemos que dar la vuelta a los datos. En 2014, el precio/hora para un contrato indefinido a tiempo completo era de 19,2 euros; en 2017, de 18,4 euros y para contratos temporales, 12,3 euros. Un empobrecimiento de la hora trabajada complementado con un incremento de la temporalidad y una pérdida de los empleos mejor retribuidos a la par que crecen los más precarios. Es decir, la salida de la Gran Recesión ha supuesto aumento de beneficios empresariales y disminución de costes laborales con el consiguiente e innegable empobrecimiento de la clase trabajadora.

La brecha salarial se va ensanchando en los salarios más bajos con 780.000 trabajadores por debajo del SMI, una situación que afecta fundamentalmente a las mujeres que son quienes más padecen la temporalidad y precariedad en los sectores más desfavorecidos. El 75 por ciento de la contratación parcial afecta a mujeres, y éstas son la mayoría de los trabajadores pobres. Mujer, joven e inmigrante es el perfil de una persona trabajadora y pobre.

Es cierto que empieza a haber mejoras salariales gracias a la subida en 900 euros del Salario Mínimo Interprofesional (un 22 por ciento) empujado por la presión sindical y legislado por PSOE y Podemos. Y sobre todo, por la puesta en marcha del IV AENC firmado hace un año entre sindicatos y patronal y que contempla la subida del salario mínimo en convenio a 14.000 euros anuales, así como incrementos salariales que recuperan el poder adquisitivo de los trabajadores y trabajadoras.

Estas subidas, sólo cuestionadas por los restos del neoliberalismo decadente, han supuesto una mejora de las grandes cifras macroeconómicas, como defendíamos los sindicatos y prestigiosos economistas como Paul Krugman o el premio Nobel, Joseph Stiglitz, sin que se haya puesto en peligro la creación de empleo.

Esta tendencia progresista acaba de tomarse también en EEUU, a pesar de Donald Trump. La mayoría demócrata en la Cámara de Representantes ha permitido aprobar una ley para elevar a partir de 2025 el salario mínimo en todo el país a 15 dólares por hora (ahora en 7,25 dólares). El problema será el posible veto republicano en el Senado, pero supone que el debate sea fundamental en las elecciones y, ya se sabe que los debates de EEUU terminan afectando al mundo.También en Alemania los socialdemócratas forzaron en 2015 un salario mínimo de 8,5 euros la hora y en 2020 se alcanzarán los 9,35 euros aunque los sindicatos exigirán subirlo a 12 euros.

Por lo tanto, hay que cumplir y hacer cumplir la ley. Pero siendo las subidas del SMI o el Salario Mínimo Convenio necesarias por lo determinantes para luchar contra la pobreza salarial y la desigualdad, no son suficientes. El mercado laboral español, después de las de reformas laborales injustas e ineficaces, está destrozado por la precariedad, la parcialidad y el fraude que limitan los efectos positivos de las subidas salariales por ley o por convenio y son las causas de la desigualdad y de las trabajadoras y trabajadores pobres. La clase trabajadora y nuestro sistema productivo necesita empleos estables, de calidad y a tiempo completo.

Por ello, hay que saludar la nueva legislación en materia de registro horario. Es decir, hay que acabar con las horas extraordinarias no pagadas, un indicador de la explotación laboral. Suponen un robo de 2.700 millones de euros a la clase trabajadora de nuestra región, batiendo el récord nacional con un 24 por ciento de las horas extras no pagadas de todo el Estado. Con estas horas podrían crearse 67.000 nuevos puestos de trabajo.

La solución es aumentar la vigilancia y reforzar la inspección de trabajo, pero también derogar una reforma laboral que siembra precariedad y desigualdad. Hay que cumplir los convenios porque incluyen mejoras que dejan sin valor la reforma laboral, porque incluyen planes de igualdad indispensables. Todo esto lo reivindicaremos y lo abordaremos en el diálogo social bilateral con el empresariado madrileño, Hay que acabar con el empobrecimiento generalizado de la clase trabajadora y para ello es preciso actuar en la empresa y en el Sector pero sería insuficiente si no se actúa sobre las políticas públicas y las leyes. Son imprescindibles cambios legislativos, son imprescindibles gobiernos de progreso, responsables y estables.

Jaime Cedrún

Secretario General de CCOO de Madrid

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