20 de noviembre de 2019, 1:25:36
Política


La encrucijada de Cs: un callejón sin salida

Por Paula Díaz


Un callejón sin salida. En eso se ha convertido la situación de Ciudadanos en la Comunidad de Madrid. Tanto las derechas como las izquierdas han puesto a Ignacio Aguado en una encrucijada en la que, haga lo haga, tendrá que retratarse para unos y para otros. Tanto PP y Vox como PSOE y Más Madrid -e, incluso, Podemos- han dejado la pelota de la investidura en su tejado. Al menos, la de la primera sesión que, como muy tarde, ha de celebrarse el 11 de julio.

Antes de eso, el presidente de la Asamblea, Juan Trinidad (de Cs, precisamente) deberá anunciar, el 2, si propone a un candidato o candidata a la Presidencia o convoca una investidura fallida para que, como marca el Reglamento del Parlamento, empiece a correr el reloj parlamentario. Después, habrá dos meses para seguir negociando y llegar a un acuerdo. Si eso no ocurre antes del 11 de septiembre y vuelve a haber un pleno sin conclusión definida, se repetirán elecciones automáticamente.

Antes de eso, Trinidad se reunirá con todos los grupos para conocer los apoyos que tiene cada uno. De momento, las dos personas que han anunciado que se presentarán a la investidura son Isabel Díaz Ayuso (PP) y Ángel Gabilondo (PSOE). Pero los primeros en tener que pasar la ronda de la máxima autoridad de la Cámara son los minoritarios: Podemos y Vox.

Precisamente, la primera en poner en un brete a Aguado fue Rocío Monasterio. La líder de Vox retomó las negociaciones autonómicas después de que su formación rompiera con PP y Cs en el Ayuntamiento. Pero lo hizo marcando la agenda y exigiendo a los naranjas que firmen un acuerdo a tres bandas con condiciones difíciles de aceptar por su parte.

Por una parte, Aguado manifestó expresamente -en campaña y después- que no negociaría un Gobierno con Vox. Por otra, él fue uno de los principales artífices de las leyes de Identidad de Género y contra la LGTBIfobia que Monasterio quiere modificar. "No negociaré con quienes quieren retroceder a los años 50", prometió. Su intención es seguir adelante con sus contactos para investir Ayuso -o a él mismo (una puerta que aún no está del todo cerrada)- para conformar un Ejecutivo bipartito en el que Vox no obtenga asiento alguno. Además, pretende imponer a los de Monasterio un programa ya cerrado con el PP que, o aceptan, o "ellos tendrán que explicar a sus votantes" si tumban el triunvirato de derechas.

Sin embargo, los números no dan. PP y Ciudadanos no suman suficiente -ni mayoría absoluta para una primera votación ni mayoría simple para una segunda- sin Vox. Y Monasterio no parece dispuesta a regalar gratis su apoyo. Tras reunirse este jueves con Ayuso, menos aún. La candidata del PP a ocupar la Puerta del Sol tiene mejor sintonía con quien lidera la parte ultra derecha de su electorado y parece estar dispuesta a aceptar buena parte de sus exigencias. Además, la popular desveló que Aguado, de no apoyarla, estaría incumpliendo el acuerdo por el que Juan Trinidad salió elegido presidente de la Mesa. Una vez más, pidió a unos y otros que se entiendan para crear un Gobierno "de centro liberal y reformista".

Para completar la oferta, la líder de Vox le siguió el juego. "A mí me da igual que se siente conmigo, con que firme, me vale", espetó Monasterio devolviendo el órdago a Aguado. "Tiene que decidir si se va a la izquierda o a la derecha", zanjó.

Aguado dijo "no es no" tanto a Vox como a PSOE. Y necesita a alguno de los dos para entrar en un futuro Gobierno de la Comunidad de Madrid

Él, por su parte, continúa negando todo intento de acercarse al partido de extrema derecha. Es más, en un intendo de retomar la iniciativa de las negociaciones, lanzó una amenaza velada tanto a PP como a Vox y se abrió a pactar con "fuerzas que quieren progresar y no retroceder". ¿Significa eso que deja la puerta abierta a aceptar la mano tendida de PSOE y Más Madrid? Ni sí, ni no, ni todo lo contrario. Aguado insiste en su Gobierno imposible a solas con el PP y hasta pidió a Gabilondo su abstención, algo igual de imposible.

La excusa de las izquierdas llegó en seguida y se basa, simplemente, "en la aritmética", como resumió Íñigo Errejón. "El PSOE es la fuerza más votada, ganó las elecciones y juntos somos la primera mayoría", zanjó el líder de Más Madrid. No le falta razón: PSOE y Más Madrid suman 57 diputados mientras que PP y Ciudadanos se quedan en 56. Si a los 57 le sumamos los 7 de Podemos (Isa Serra también parece dispuesta a impedir, bajo acuerdo programático de mínimos, que el PP continúe en Sol y, mucho más, a evitar la entrada de Vox en el Gobierno), serían 64 frente a 56. Por ello, fue Ángel Gabilondo quien lanzó su último intento por lograr la Presidencia.

En un paso básico en el que no exigen medidas -aunque sí han cerrado ya un posible programa con Más Madrid, "negociable"-, el candidato socialista ha enviado una carta a su homólogo naranja para invitarle a sentarse de nuevo en la mesa. También Errejón insiste en que, pese a las obvias diferencias entre Cs y las izquierdas, se puede llegar a un acuerdo de mínimos que promueva un "Gobierno de regeneración". "Hay una alternativa", asegura el de Más Madrid. "Le proponemos un cambio de juego", complementa Gabilondo.

Si Aguado no acepta, tendrá que asumir que necesita los apoyos de Vox para lograr sus objetivos. Si acepta y pacta, tendrá un problema con su jefe. Albert Rivera marcó la tendencia del resto del partido -con parte de él en contra de su estrategia- al lanzar su veto a Pedro Sánchez. Él no se abstendrá para que el socialista sea ratificado en Moncloa. Su discípulo en la Comunidad de Madrid siguió órdenes y lanzó ya en campaña un veto a Gabilondo por considerarle un político "sanchista" dispuesto a negociar con soberanistas y nacionalistas.

Es decir, Aguado dijo "no es no" tanto a Vox como a PSOE. Y necesita a alguno de los dos para entrar en un futuro Gobierno de la Comunidad de Madrid. Hasta la fecha parece dispuesto a apurar los plazos, como mínimo, hasta después del 11 de julio. "Si tengo que renunciar a formar Gobierno, renunciaré", sentenció este jueves en los pasillos de la Asamblea pero solo en conexión con La Sexta. Antes, el día 2, tendrá que retratarse. De no decidirse, su dilema seguirá encima de la mesa todo el verano pero, al menos, habrá ganado tiempo para pensar.

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