23 de agosto de 2019, 10:10:51
Opinión


Frente al neofranquismo, un homenaje a la verdad

Por Jaime Cedrún


El pasado martes, Madrid volvía a ensombrecerse con fantasmas del viejo pasado. El 11 de junio se plasmaba en un vergonzoso acuerdo el blanqueo de esa rancia extrema derecha española heredera del franquismo al entrar el partido de las reconquistas, los mitos y las leyendas patrioteras en las instituciones regionales.

El PP y Ciudadanos han apuntalado a los herederos de la dictadura franquista en la mesa de la Asamblea de Madrid. Pocos, pero influyendo sobremanera, están tomando posesión en las instituciones estos que defienden tener a su generalísimo asesino y traidor al orden constitucional, mientras más de cien mil víctimas de ese fascismo infame siguen enterradas y humilladas en las cunetas de toda España.

A pesar de los estereotipos, sólo un tercio de los altos mandos militares se sublevaron contra la Constitución de la República de España, se sublevaron con las armas contra España y su pueblo con la ayuda imprescindible de Adolfo Hitler y Benito Mussollini, mientras las “democracias” europeas miraban a otro lado, pensando, ingenuas, que con ellas no iba la historia.

Nadie en su sano juicio democrático puede pensar que el 18 de julio de 1936 Franco era el Jefe del Estado, salvo el Tribunal Supremo y estos herederos del hedor que muy posiblemente tengamos en el Gobierno regional, no tanto por el apoyo de la ciudadanía como por los acuerdos infames con las otras derechas.

El martes fue un día triste para Madrid, pero las Comisiones Obreras, igual que pudimos con ellos en los setenta, volveremos a poder con ellos ahora. En este día triste participé en el Auditorio Marcelino Camacho de CCOO en la presentación del libro del veterano periodista, Fernando Jáuregui, “Los abogados que cambiaron España” y en la proyección del documental de Pilar Pérez Solano, “La defensa, por la libertad”.

Se trata de dos obras que se agradecen porque realizan un ejercicio de memoria histórica y democrática; alientan la lucha por la democracia frente a la involución que estamos viviendo; frente a la dificultad de nuestros representantes políticos para ponerse de acuerdo en objetivos comunes que deberían ser irrenunciables como es evitar el retorno del franquismo, o de algunos de sus básicos ideales. Ambas obras nos trasladan a aquellos tiempos no tan lejanos de cárcel, tortura, muerte por la libertad y la democracia.

El libro de Fernando Jáuregui, según él mismo explica, nace de la indignación, porque “el vencedor cuenta la historia y destruye las pruebas” y por eso quiere que su texto sea un homenaje a la verdad y a la historia. Ese homenaje es también a todas aquellas personas que lucharon por la democracia en este país y siguieron siendo nuestro foco y nuestro faro. Al menos, para las Comisiones Obreras siguen siendo esa luz donde mirar, ese pasado que a su vez es un futuro.

Al fin y al cabo, cuando hablamos de los abogados y las abogadas laboralistas, nos referimos a la lucha del movimiento obrero de este país y a la conquista no sólo de sus derechos laborales, sino también de las conquistas sociales y de la libertad.

Tal como relataba Alejandro Ruiz-Huerta, único sobreviviente (como él se autodefine) del atentado terrorista de los abogados de Atocha y presidente de la Fundación Abogados de Atocha de CCOO, aquellos letrados eran trabajadores llenos de vida y pasión que estaban en todas partes, trabajando social y ciudadanamente de una forma transversal. Por eso, en mi opinión, estaban en comunión permanente con todas las Comisiones Obreras. Independientemente de culturas políticas éramos un solo ser.

De hecho, aquel terrible 24 de enero de 1977, los fascistas iban buscando masacrar al comité de huelga del transporte y se encontraron con los defensores de la causa de aquellos trabajadores.

Por tanto, fue un ejercicio brillante cuando el movimiento obrero y todas las personas demócratas de este país levantaron la cabeza tras la derrota de 1939 y la posterior represión de los años 40 y 50 para organizarse en los 60 y, a partir de ahí, tumbar al franquismo. Ese franquismo que se mantuvo latente más allá de la muerte del dictador.

Un tiempo en que cada cual, desde la extrema juventud a veces, tenía sus instrumentos. Como Cristina Almeida narraba, “cuando me dieron el título fue el mejor arma que me han dado en la vida”. Tal como en el documental se expone, la Transición no fue una donación, fue una conquista y reivindicar la relevancia de ese periodo es también reivindicar la Constitución.

Nuestra Carta Magna ha sido cuestionada por muchos revolucionarios de gaseosa, pues bien, hoy tenemos a Vox, con su espíritu neofranquista reivindicando que esa Constitución no sirve, cuestionando un texto redactado por gentes que supieron y quisieron ponerse de acuerdo para que España avanzara. Un tiempo en que había “contrarios ideológicos y no enemigos”, como relata en el documental el abogado Pablo Castellano.

Con todo, es un honor para las Comisiones Obreras de Madrid reunir diversidades ideológicas con objetivos comunes, como ocurrió el pasado martes con la presencia de la abogada Paquita Sauquillo; Francisco Muro, director de Comunicación del Consejo General de la Abogacía; el magistrado Juan José del Águila, autor de la obra “El TOP, la represión de la libertad”; y las abogadas, Cristina Almeida y Victoria Ortega, presidenta del Consejo General de la Abogacía Española.

Jaime Cedrún
Secretario general de CCOO de Madrid

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