16 de julio de 2019, 0:22:57
Distritos

PROYECTO EN EL CAJÓN


La macrodiscoteca que el antiguo cine Bogart pudo ser y no fue

Por Javier López Macías

El Ayuntamiento de Ahora Madrid aprobó hace dos años la conversión del antiguo cine Bogart en una macrodiscoteca. Sin embargo, la oposición de los vecinos logró paralizar un proyecto que descansa ahora en un cajón a la espera de que el nuevo ejecutivo decida su futuro. Mientras, la Asociación Cultural El Principito sigue usando el edificio para eventos de empresas aunque, según la documentación oficial que maneja el Área de Desarrollo Urbano Sostenible, no cuenta con licencia. Ellos, por el contrario, se escudan en que tienen los permisos y que siempre han actuado "en el marco de la legalidad".


El edificio situado en el número siete de la calle Cedaceros, cercano a la parada de metro de Sevilla, tiene solera. El primer proyecto se remonta a 1906, cuando se levantó en ese solar un pabellón de solo una planta que tenía como único fin proyecciones cinematográficas. Más tarde, actuó como frontón, como sala de reuniones de una sociedad privada -Picadilly Club- y como teatro, aunque es cierto que, de todos los años de historia de la sala, el uso que más se ha explotado ha sido el del cine.

Así pues, sus paredes han sido testigos de buena parte de la historia del espectáculo de la ciudad y han recogido año tras año los cambios de gustos de los madrileños. Por eso, el Ayuntamiento presentó en 2017 un plan especial para 'revivir' el inmueble porque, después de que el cine Bogart cerrase en 2001 por reforma, no volvió a funcionar como tal, ya que el único uso que se tiene registrado en la actualidad corre a cargo de la Asociación Cultural El Principito que, según la documentación municipal a la que ha accedido Madridiario, funciona sin licencia aunque "con permisos", según la versión de la sala.

En este punto, el Consistorio defendía -a estancias de los arrendadores privados- "devolver a la ciudad un lugar de tal interés arquitectónico y cultural" y, para ello, preveía la utilización del espacio del antiguo teatro como sala de fiestas y, del antiguo frontón, como locales de hostelería.

(Foto: Chema Barroso)

Es decir, el abandono de cualquier faceta artística y su conversión total en una macrodiscoteca que pudiese acoger a más de 700 personas, junto a varios restaurantes que pudieran albergar otras 400. Esos planes, además, se vieron avalados por unos informes técnicos que explicaban que las obras que tan solo consistían en la creación de un nuevo núcleo de comunicaciones y unas escaleras de incendio.

Sin embargo, todo se fue al traste por la fuerte oposición vecinal, tal y como recuerda Juan Carlos Mora, portavoz de la Asociación de Vecinos de Centro. En una conversación con este medio, asegura que hubo "serios" conflictos y que lograron detenerlo in extremis. Esto provocó que el plan haya quedado ahora en un cajón y que, con los días contados, el actual Ayuntamiento no haya podido ejecutarlo. Por eso, todo dependerá de la conformación de un nuevo ejecutivo y el nombramiento de otro alcalde, que será el que decida si el antiguo cine vuelve a ser tal o, si por el contrario y sin el visto bueno de los vecinos, se transforma en una macrodiscoteca.

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