19 de julio de 2019, 10:14:10
Opinión


Industrialización, I+D y Modelo Productivo: La apuesta de UGT

Por Luis Miguel López Reillo


En junio del año 2009 y previamente a una reunión de los Agentes Sociales con el Presidente del Gobierno, entonces el Sr. Rodríguez Zapatero, éstos recibieron un documento de Moncloa que contenía una declaración genérica sobre los objetivos del diálogo social en aquella legislatura. El texto hacía referencia a que, y cito textualmente la nota de prensa que apareció el 18 de junio de 2008, “en la actual coyuntura económica, es más necesario que nunca impulsar un cambio de modelo productivo”.

Ello sigue siendo, en nuestra opinión, plenamente vigente y analizaremos por qué. Dos preguntas surgen de manera inmediata: primero, ¿por qué es necesario este cambio de modelo productivo? La respuesta parece clara: en primer lugar, el modelo productivo español, basado en el sector servicios y en la construcción, se ha caracterizado tradicionalmente por presentar niveles moderados de gasto público social, definido como la solución de las necesidades básicas insatisfechas de la población económicamente vulnerable.

¿Qué sucede en nuestro entorno? En 2018, los países con la mayor proporción de gasto público social fueron todos estados miembros de la Unión Europea, figurando en cabeza Francia con un 31,2% sobre el PIB, acompañada por Bélgica, Finlandia, Dinamarca e Italia que se sitúan en valores por encima del 28%. Austria y Suecia superan el 26%, mientras que Alemania y Noruega están en un 25%. España registra un gasto público social del 23,7% sobre el PIB en ese mismo año, situándose por encima del promedio de la OCDE pero ocupando un modesto décimo lugar en el ranking global.

En segundo lugar, el crecimiento del salario real medio ha sido durante algunos años no sólo negativo, sino notablemente inferior a la productividad por asalariado.

En tercer lugar, se observa un reparto sumamente desigual de la riqueza generada. Ello ha dado lugar a un proceso de redistribución de rentas a favor de los beneficios empresariales y de las rentas del capital.

Finalmente, y de manera muy especial, el empleo temporal ha crecido hasta límites insoportables. En España uno de cada cuatro trabajadores tuvo en 2018 un contrato temporal (26,9%), la cota más alta entre los países de la Unión Europea y cerca del doble que la media comunitaria, que fue del 14,1%, según los datos difundidos recientemente por la oficina de estadística comunitaria Eurostat. Adicionalmente, la tasa de empleo temporal se dispara hasta el 71,2% en el caso de los jóvenes de entre 15 y 24 años, también la más elevada entre los Veintiocho y superior al 43,3% de media. Parece claro entonces que el modelo productivo actual no es capaz de proporcionar el bienestar social adecuado para la sociedad del siglo XXI, especialmente en lo que al trabajo se refiere.

Segunda pregunta: ¿Qué nuevo modelo productivo sería deseable? La respuesta se formula fácilmente en términos estadísticos: la inversión en I+D en países como Suecia, Dinamarca, Austria, Luxemburgo, Finlandia y Alemania superaron en 2016 los 1.000 € por habitante. En España fue de 285.5. La media europea fue de 590.6. Además, si se analiza la participación de los principales sectores (empresarial, público y enseñanza superior) en el total de inversiones en I+D en la UE, se observa que, a mayor peso del sector empresarial, nos encontramos en países con inversiones en I+D mayores. Por otra parte, si se hace una representación del tanto por ciento del PIB invertido en I+D frente a productividad (medida, por ejemplo, en número de patentes de invención por cada mil habitantes) se va a obtener una línea prácticamente recta. La conclusión es clara: una mayor inversión en I+D trae consigo mayor productividad, mayor y mejor empleo y, en definiva, mayor bienestar.

La conclusión: si es cierto, como dicen algunos economistas, que las épocas de bonanza y depresión son cíclicas, también un modelo productivo basado en la I+D parece que va a permitir estar mejor preparado para los ciclos depresivos. Déjenme de nuevo acudir, a la estadística: en el año 2008, en el peor momento de la reciente crisis económica, se destruyeron en España 1,3 millones de empleos en un año: 6,4% del total, según la Encuesta de Población Activa (EPA). España destinó a la I+D en ese mismo año el 1,27% de su riqueza (13.342 millones de euros). Francia perdió el 0,7% del total de empleos, con una inversión en I+D del 2.09% ; Reino Unido, el 1,1%, con una inversión del 1.78%. Y la caída media europea ha sido del 1,2%, con una inversión del 1.84%, según la agencia estadística Eurostat.

El corolario a todo lo anterior es que el modelo productivo español, basado fundamentalmente en el sector servicios, precisa de una creciente industrialización. Ello debe estar basado en una política activa de I+D, tanto desde el sector público como, especialmente, desde el sector privado. Corresponde a las Administraciones públicas, más allá de su propia inversión, el poner a punto los medios para que ello sea posible.

Luis Miguel López Reillo

Secretario General de UGT Madrid

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