16 de junio de 2021, 8:58:57
Opinión


Crónica triste de un representante raso de Ahora Madrid

Por Ernesto García Leiva


Lo triste no es lo rencoroso. La tristeza puede ser un estado reflexivo que ayude a la comprensión y al diagnóstico de lo que tenemos, y por ende, a la búsqueda activa de propuestas políticas que mejoren la vida de la ciudadanía madrileña.

Alejado de barroquismos y de boato, voy a indicar en estas líneas lo que considero que ha sido una desvirtuación del proceso de cambio que inició Ahora Madrid desde que miles de personas y diversas organizaciones iniciamos su construcción en el año 2015; un fenómeno social y político que desde abajo logró acabar con décadas de gobiernos corruptos del Partido Popular en el Ayuntamiento de la capital.

Manuela Carmena no es un extraterrestre aparecido de misteriosas galaxias, se trata de una señora que es alcaldesa gracias a que Podemos la designó para liderar un proceso político previo, y gracias a que los movimientos sociales y vecinales trabajaron una dura campaña desde los barrios para hacer posible su elección.

Sin embargo, hoy Carmena es un pedestal que pone y depone personas afines según su criterio individual, configurando así una reducida camarilla de tipo aristocratizante y excluyente que gobierna nuestra ciudad. Hoy Carmena dirige políticas que no tienen el coraje necesario para dar remedio a los grandes problemas de los madrileños. Al contrario, deja desamparadas a las capas más precarias de la sociedad frente al avance de los especuladores que bailan al ritmo de una globalización acelerada y deshumanizada que solo concibe nuestra ciudad como un nicho de lucro y de ganancias mercantiles. Es probable que los bicicleteros de Globo o de Deliveroo no pedaleen tan jubilosamente como Carmena y sus amigos, son dos muestras contrapuestas del paisaje urbano de Madrid.

Este giro de timón explica que el movimiento contra los desahucios y las vecinas más vulnerables, que apoyaron en su día a Ahora Madrid, se vean ahora en la razón de escrachear pacíficamente a una alcaldesa que nace de la inercia del 15M y de Podemos, pero que actualmente pone en igualdad de condiciones a un banquero y a un desahuciado que no puede afrontar las exorbitadas subidas del alquiler.

Aunque soy joven, en mi casa me enseñaron que el compromiso y el ser agradecido son asuntos propios de la virtud y que estos debieran afianzarse con el paso del tiempo; cada cual que juzgue pues y que se mire al espejo.

Pese al previsible cambio de posiciones del equipo de gobierno municipal todavía tenemos que escucharles plantear que han reinventado la democracia, superando a los clásicos, a través de lo que denominan “la participacracia”.

Mi concepto de democracia se vincula con una ciudadanía crítica, con el bienestar social de las mayorías y con la toma común de las principales decisiones que nos afectan a todos. A continuación indico algunos ejemplos desplegados en las políticas del Ayuntamiento, que conozco de primera mano, y que se alejan de este sentido regenerador e integralmente democrático.

La mayoría de los presupuestos participativos han carecido de la voluntad política para ejecutarse, especialmente aquellos que tienen que ver con satisfacer las necesidades más básicas de la población. La creación de un comedor popular en el distrito Centro o el establecimiento de un espacio de convivencia vecinal en la calle Embajadores 18 no se han hecho, por el contrario este solar público ha sido cedido a entidades poderosas como la Fundación del Atlético de Madrid. Los Foros locales se suponían el órgano de participación vecinal directo en las instituciones pero solamente son papel mojado.

La operación Chamartín es un proyecto que pone el suelo público al servicio del capital privado especulativo mientras que de las 4000 viviendas prometidas no tenemos rastro. De lo que si hay rastro es de los numerosos desahucios diarios que se suceden en nuestra ciudad, como el de Argumosa 11, gracias a que los buitres financieros pueden comprar bloques enteros de pisos y tienen rienda suelta para lucrarse en nuestra ciudad.

Ante esta realidad cruda para el pueblo madrileño hay organizaciones que no le deben ni un euro a los bancos y que le plantan cara a los excesos de los poderosos, aunque esto se pague caro. Por su parte la alcaldesa de Madrid juega a los dados con tipos como Florentino Pérez que desde periodos oscuros mandan en nuestro país sin que nadie les vote.

Pero sin lugar a dudas, el enclave más eficaz de la élite del gobierno municipal ha sido la utilización del marketing y la reducción de la política a lo performativo. El buen-rollismo que se proyecta es un simple tamiz que impide resolver los problemas reales que tenemos en Madrid: la precariedad laboral, el servilismo turístico-colonial, la uverización de la economía, la falta de reconocimiento de las migrantes, el acceso a la vivienda…

Es verdad que está muy bien el carnaval, las preguntas sorprendentes y los besos intergeneracionales en la boca. No tenemos problema con eso, es bienvenido; pero también sabemos que la política por la que lucharon nuestras abuelas, la del 15M y la del 8M, es algo más importante que los fuegos artificiales, es algo más honesto y más transformador que la política entendida como espectáculo y como consumo.

Pero aún la tristeza es esperanza cuando sabemos que existen organizaciones políticas y candidatas que no se van a conformar con gestionar la cara amable del neoliberalismo y de la desigualdad en Madrid, cuando sabemos que no se van a equivocar de bando ni se van a camuflar en movimientos espúreos como el que conformo Más Madrid, cuando tenemos la seguridad de que en el gobierno de España vamos a ser determinantes para realizar políticas progresistas.

Los representantes de la gente sencilla van a defender el bienestar de las mayorías populares frente a una minoría de privilegiados. Alejados del boato, la política hoy es el sacrifico para traer un cambio real en la Comunidad y en el Ayuntamiento de Madrid.

Este 26 de mayo de 2019, estamos muy cerca de hacer que las derechas pierdan su coto privado, para ello debemos ser pragmáticos pero también ambiciosos: solamente con la fuerza de Podemos en la Comunidad y de Madrid en Pie en el Ayuntamiento garantizaremos el disfrute de los servicios públicos y de los derechos sociales, y por tanto la certeza de un futuro más prospero para todas y todos los madrileños.

El pueblo primero, le pese a quién le pese.

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